Muchos fuimos los que nos alegramos de ver el retorno de Nine Inch Nails a la actividad, ya que estamos hablando de una de las bandas de mayor tirón dentro del Metal Industrial. Aunque, extrañamente, entre todo el jolgorio y alegría por la noticia y poniéndome a recordar la importancia de los álbumes de Reznor, no he podido evitar acordarme de una de las bandas de mayor relevancia y más fundamentales de esta vertiente metalera: Ministry.

A la hora de hablar del Metal Industrial, es fácil que vengan a la mente nombres como los propios NIN o gente de mayor repercusión mediática y popularidad como Marilyn Manson o los germanos Rammstein, pero la importancia y transcendencia adquiridas por la banda de Al Jourgensen están fuera de toda duda y no podemos más que inclinarnos ante este genio nacido en Cuba (aunque su padre es noruego). Nunca es mal momento para ponerse a recordar la joya que encumbró a este maestro a la categoría de ídolo: el asombroso Psalm 69.

Psalm 69, himnos de combustión espontanea

Resulta algo extraño el camino de Ministry desde sus comienzos hasta llegar a su quinto disco, donde alcanzaron su cumbre creativa, ya que la banda, que por entonces estaba compartida entre Jourgensen y Stephen George, comenzó sus andaduras tocando Synthpop como si de unos Depeche Mode cualquiera se trataran. Pero después algo cambió en el seno de la banda. La ambición de Jourgensen se incrementó, así como su dominio del grupo, lo que desembocó en la ruptura de este con George y con el sello que produjo sus primeros singles y su debut With Sympathy, del cual el propio Jourgensen ha terminado por despreciar y calificar como un “aborto de un álbum”.

A partir de entonces, todo cambió. Jourgensen firma con Sire, una filial de Warner Records, y se lanzó a buscarse su propia identidad. Con Twitch mantuvo su espíritu electrónico, pero desechó el componente Pop de su música. En ese camino de autobúsqueda y de identificación, Jourgensen recupera la pasión por la guitarra eléctrica y termina por fichar al bajista Paul Barker como fiel mano derecha y entonces da comienzo a la conocida como época dorada de Ministry.

Con The Land of Rape and Honey pegaron un cambio brusco a la dirección musical de la banda, apostando por un sonido más duro y macarra que marcaría los comienzos del Metal Industrial. Años más tarde continuaron su evolución con The Mind Is a Terrible Thing to Taste, apostando por un mayor endurecimiento del sonido que le aproximaba a los terrenos del Metal extremo. Una vez Jourgensen asentó de forma clara el concepto y el sonido de Ministry, era el turno de dar el salto definitivo. Aprovechando las bases marcadas por sus dos predecesores, Ministry alcanzó su cima creativa y consiguió un sustancioso triunfo comercial que le dio al grupo la repercusión que andaba buscando.

El nuevo orden mundial nos pillará en una orgía brutal y rabiosa

https://www.youtube.com/watch?v=NIzyoKsWTA4

En ΚΕΦΑΛΗΞΘ (nombre por el que también es conocido Psalm 69), Al Jourgensen da otra muestra de una ambición desmedida, rabia desbocada y malsana y, también, mucha retranca. El líder del conjunto de Chicago no se corta a la hora de soltar hachazos contra la situación política de entonces de los Estados Unidos en los que se crió y también contra el presidente George Bush (padre, al hijo ya le dedicó una trilogía con aun más retranca), y todo sin la necesidad de tener que tomarse muy en serio a sí mismo. Es más, Jourgensen es, con bastante probabilidad, uno de los frontman que menos en serio se toman a sí mismos.

Hay que ser un cachondo mental para poder para poner de subtítulo a un disco “The Way to Succeed and the Way to Suck Eggs”, capítulo de El libro de las mentiras de Aleister Crowley, con toda la intención de que sea una referencia explícita y gráfica de la postura sexual del 69 (siendo mucho mejor la del 68, donde va a parar, pero no hablemos otra vez de sexo). Y sobre todo para seguir haciendo referencias a este número en el futuro (los bonus track de Dark Side of the Spoon y Houses of the Molé están numerados como 69) a modo de homenaje al álbum, o no.

Pero lo transcendental de Psalm 69 reside en la grandilocuencia (no en el mal sentido, por mucho que Matt Bellamy haya contribuido a desprestigiar este término) y en la potencia. Ministry dieron un importante salto de calidad gracias al incremento de sus puntos fuertes, sonando más directos, más potentes, más rotundos, más rocosos, más iracundos, más esquizofrénicos y, también, mucho más épicos. No conviene olvidar que la épica es una de las mejores armas con las que cuentan.

Un álbum que se abre de una manera tan apocalíptica como excelente como lo hace este con ese himno Industrial que es ‘N.W.O.’ no puede ser otra cosa que un álbum enorme. El rabioso ritmo de guitarra con la atronadora batería monolítica, repetitiva y machacacráneos, los samples de los discursos de Bush y la furiosa voz de Jourgensen conforman un tema redondo que una vez te agarra, te machaca incesantemente, una y otra vez y sin piedad ninguna.

En el apartado de grandes himnos no podemos obviar otras piezas legendarias aquí encontradas como ‘Just One Fix’, con una fuerte influencia del Thrash Metal con un ritmo más acelerado y más Hardcore donde Jourgensen saca sus mejores credenciales para dejarnos estupefactos. Sin embargo, siempre hay que inclinarse ante ‘Jesus Built My Hotrod’, uno de los temas más emblemáticos y primordiales de Ministry que, además, ha sido canción de cabecera para muchos de los que han tenido ocasión de oírlo, con un magnífico trabajo del ahora difunto Mike Scaccia, que debutaba en este disco como guitarra líder.

9.1/10

Podría seguir diciendo maravillas del resto de temas, pero es que todos son soberbios, pasando por ese petardazo que es ‘Hero’, la infernal ‘Psalm 69’, la estridencia ruidista y brutal en ‘Corrosion’ y así con el resto de cortes de este sobresaliente trabajo, donde Jourgensen se mostró como el genio que es, y en un estado de gracia enorme. Psalm 69 es todo un zas en toda la boca de Jourgensen a todo el mundo, tanto a gente como Reznor como a las generaciones futuras. Dicho de forma llana, Jourgensen se meaba en todos y se cagaba en todo lo cagable.

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