Convertir todo lo que hay alrededor en pura oscuridad, que la atmósfera pese tanto que parezca que nos va a resquebrajar, que el aire que normalmente llena nuestros pulmones se tiña de un tono negruzco que lo haga casi tóxico. Generar una tensión inimaginable, tan palpable que se puede cortar con un frío cuchillo y tu cuerpo llevado más allá de sus límites por el macabro entorno. Generar un clima así puede parecer fácil para un grupo de metal pesado y tenebroso, pero no es un arte fácil de dominar.

Y sí, ya sé que puede parecer extraño hablar de la habilidad para plasmar con brutalidad la oscuridad y la densidad como un arte, de ensalzar como una maravilla el talento para convertir un mar de guitarras lentas y opresivas en algo tan poderoso que termina con nosotros casi antes de empezar. Pero es así, aunque para la mayoría bandas de este tipo son tremendamentes de digerir, el oído entrenado en esta clase de metal consigue diferenciar la morralla de lo verdaderamente desgarrador.

Bienvenidos a los oscuros dominios de Minsk

Hoy no hablamos de unos novatos en estas artes. Los chicagüenses Minsk llevan más de una década de andadura profesando un sludge atmosférico/post-metal titánico y con poca amabilidad. Se hace clara la influencia de una banda seminal como Neurosis en su sonido, pero estamos lejos de una banda convencional porque sabe extender sus tentáculos a terrenos como el Doom con la maestría de, por ejemplo, Yob, y también bajar el pistón y adentrarse en terrenos a medio camino entre el post-rock y hasta el space rock (hace un lustro participaron en un disco de versiones de Hawkwind, nada menos).

The Crash & the Draw tiene muchas papeletas para ser uno de los mejores trabajos de su carrera

No lo han tenido fácil para llegar hasta aquí, y menos cuando recientemente han tenido que lidiar con la baja de uno de sus miembros más importantes como era Sanford Parker. Sin embargo, se han logrado sobreponer de cara a su cuarto álbum de estudio que hoy nos ocupa, este abismal The Crash & the Draw (Relapse, 2015) que tiene muchas papeletas para ser uno de los mejores trabajos de su carrera, sino el mejor. Palabras mayores.

Pero no es para menos, porque Minsk logran un trabajo extraordinario, ambicioso y expansivo. No es un disco fácil, que duda cabe viendo sus casi 75 minutos de duración con cortes donde lo raro es bajar de los cinco minutos, pero sin duda es un disco lleno de energía donde sus guitarras se abalanzan contra nosotros como si fueran gigantescas manos dispuestas a despedazarnos. No ofrece demasiado descanso, pero poco importa porque las estructuras que va diseñando el grupo son inmensas, asfixiantes pero llenas de detalles por los que merece la pena recorrer de nuevo estos oscuros dominios.

8.2/10

Lo que logran Minsk en este disco es sencillamente para dejarte helado, o sencillamente pasmado. Sin reinventar en exceso la rueda, logran un resultado demoledor, inmenso, rebosante de potencia y tenebrosidad y muy impactante. Su ejecución es brutal, no hace prisioneros, y sus composiciones cuentan con una enorme riqueza, tanta que hay que volver a ellas para dejarnos llevar y perdernos entre su enormidad. The Crash & the Draw es un disco que debería hacer ruido más allá de los círculos de su género de igual manera que lograron Mike Scheidt y los suyos hace un año. Tal vez no por su accesibilidad, pero desde luego que lo merece por su calidad.

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