Nunca he entendido a aquellos que se ponen tapones en los oídos en los conciertos. Personalmente soy de los que cuanto más volumen y más bestia mejor, pero tras el concierto de ayer de Mogwai en el Kafe Antzokia de Bilbao igual cambio de opinión. Han pasado un montón de horas y me siguen pitando los oídos, desde luego que esto no lo recomienda ningún otorrino.

Seguramente algún día estos excesos nos pasen factura, de momento comparto la opinión de mi compañero Víctor y puedo decir que he disfrutado de una de las mejores bandas de post-rock que se pueden ver en directo en la actualidad y que nos han demostrado que están en plena forma. En vivo es imposible que defrauden a alguien, su directo no puede desprender más intensidad y el que no esté dispuesto a que le revienten los tímpanos directamente que se quede en su casa y se olvide de la gira de los escoceses.

Con las entradas agotadas desde hace más de una semana probablemente la sala se quedó pequeña y hubiera dado para un Santana donde, al ser más grande, el sonido se hubiera diluido más. Lo siento por los que se quedaron fuera pero fue un lujazo estar tan cerca (y curiosamente sin agobios) de una de esas bandas que normalmente se reservan sólo para Madrid y Barcelona.

Sinceramente, no sabía que hubiera teloneros y me encontré con un tío con un cartel casero en el que había escrito a boli su nombre Gruff Rhys y que me acabo de enterar que no es otro que el líder de Super Furry Animals y que ha lanzado este año el que es su tercer disco en solitario Hotel Shampoo.

Apareció acompañado de su guitarra, un montón de cacharrería y una colección de carteles en los que se había molestado en escribir diferentes palabras en euskera y que utilizaba para dirigirse al público. Qué difícil tiene que ser salir tú solo al escenario cuando sabes que todos están esperando otro concierto, aún así el galés fue ganándose poco a poco al público y acabó metiéndonos a todos en su bolsillo. Muy simpático, el concierto y él.

El de Mogwai fue un concierto frío, muy oscuro, con una distancia bestial entre el escenario y el público a pesar de los pocos metros que nos distanciaban. Sus cinco componentes aparecieron en penumbra en el escenario y enseguida nos dimos cuenta que son unos tíos tan normales que costaría reconocerles en la calle.

Una pantalla en forma de tira horizontal dosificaba imágenes arquitectónicas, planetarias, paisajes bucólicos en plena naturaleza o animaciones matemáticas mientras una cuidada iluminación pasaba del día a la noche y sus guitarras abandonaban de repente la calma para explotar en la definición perfecta de climax absoluto. Exacto, ese momento en el que estás convencido que has tocado techo y ya no se puede ir más allá. No os voy a explicar en que consiste la música de Mogwai. Los Gremlins buenos y los malos volvieron a revolotear por allí a sus anchas, pero nunca te fíes de esa cara que tiene Gizmo de no haber roto un plato.

Una hora y cuarenta minutos de total intensidad que dieron para doce canciones y otras tres en los bises. Protagonismo, como es lógico, para su último disco Hardcore Will Never Die, But You Will con el que empezaron y terminaron subiéndose Luke Sutherland (el sexto Mogwai), que ya había apareció en algún tema con el violín, en este caso a cantar una discotequera ‘Mexician Grand Prix‘ que desentonó un poco con el resto del repertorio.

Tras ella, dos de los componentes de la banda se arrodillaron tras los altavoces a jugar con unas pequeñas cajas que emitían una electrónica extrema que a algunos horrorizó y que a mí, totalmente a oscuras y acompañado por delirantes imágenes a un ritmo demencial, me pareció un final perfecto para un concierto excesivo en todos los sentidos.

Hay que reconocer que no son fáciles, prescindir de la voz durante prácticamente todo el concierto es lo mismo que una gran comida en la que falta el pan, pero si estamos hablando de exquisitos manjares puede que hasta consigan que nos olvidemos de él. Hasta el punto de que fueron precisamente los momentos en los que aparecía la voz del teclista camuflada con un montón de filtros lo que menos me gustó de toda la noche. Lo dicho, sin pan.

Soprendieron con temas más antiguos como ‘2 Rights Make 1 Wrong‘ y ‘Mogwai Fear Satan‘ de su debut y no se dejaron temazos como ‘Auto Rock‘ o ‘Batcat‘. Por mi parte ni una sola pega al setlist ni al concierto en general. Sigo impresionado como se puede pasar de 0 a 100 en tan solo una milésima de segundo.

Uno de esos conciertos que gana en la memoria y que, a no ser que uses tapones, lo vas a recordar durante mucho tiempo. No os los perdáis, de verdad, los tenéis hoy mismo en Madrid, mañana en Zaragoza y el viernes en Barcelona. Muy grandes.

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