Mogwai — Happy Songs For Happy People (2003): instrumentaciones para la historia

En Rock Action Mogwai parecía que habían llegado a su cima musical; que ya lo habían hecho todo. Nuevos recursos, más explosiones y en aquél disco una obra concisa que ayudaba a percibir mejor la calidad. Además habían vuelto a mirar de cara al demonio con temas desgarradores como ‘You Don’t Know Jesus’. Pero en contra de lo que le pasa a algunos grupos, quienes están destinados a marcar una época suelen superarse en ocasiones como esta o ser capaces de dar una vuelta de tuerca para volver a dejar al público sorprendido. Eso es Happy Songs For Happy People, una nueva reformulación en la que Mogwai parecían no tener techo. Al menos lo disimulaban bastante bien.

Contra las explosiones, calma e intensidad

Happy Songs For Happy People es un disco especial, es un álbum diferente dentro de su discografía. Su disco más electrónico, en el que los sintetizadores cobraron mayor protagonismo y en el que Stuart Braithwaite apenas tiene presencia vocal, algo de lo que se encargarían sus compañeros Barry Burns y John Cummings. Meras anécdotas que sin embargo no tienen importancia en relación al acabado final del disco. Para él contaron como productor con Tony Doogan, acostumbrado a trabajos también más suaves y cuidados con Belle & Sebastian o The Delgados entre otros.

Los principales ítems que hacen de este largo algo especial es precisamente esa bajada de furia generalizada, como si los escoceses hubiesen grabado el disco en una isla remota en la que quedar encerrados en sus recuerdos. Esa libertad de hacer lo que les da la gana, de no tener que rendir cuentas ante nadie — en todo caso, ya lo habían hecho antes — y sepultar la fórmula ganadora del desarrollo lento y posterior vendaval, es lo que más encumbra este trabajo. Happy Songs For Happy People es un disco para el otoño, para quedarse ensimismado mirando por la ventana. No es su disco más contundente, pero sí el más precioso.

Si bien en Rock Action ya habían bajado el músculo, para este cuarto álbum las normas iban a ser prácticamente las mismas, a excepción de volver a reducir al mínimo exponente la parte vocal: menos estribillos destructores y mayor peso de las segundas líneas, con capas y capas de guitarras, teclados y otros efectos ensoñadores. Los que al fin y al cabo logran hacer de este trabajo de los escoceses una referencia única en su discografía. Fueron más expeditivos en el terreno electrónico y siguieron experimentando con el espacio sonoro, estirándolo y vertiendo sobre él mayor instrumentación, sin llegar al histrionismo. No suele ser uno de esos discos nombrados cuando se habla del grupo, como su predecesor o el excelente Young Team, pero sin embargo es con este con el que por primera vez se colaron en el Billboard americano.

Explorar aún más en la paleta sonora

Un álbum en el que por muchas vueltas que le des, los efectos y las sensaciones siguen funcionando como la primera vez que lo escuchas. La sensación de caer en el pozo sin fondo de ‘Hunted By A Freak’, de sentirte absorto, con una voz magnética que te manipula a su antojo, sigue teniendo la misma vigencia hoy que hace diez años. En muchas ocasiones cuando regreso al disco, el que más rescato junto al debut, tengo la sensación en los primeros compases de estar en el mismo escenario de batalla de Mogwai Fear Satan, sólo que en el momento en el que la tempestad ya ha pasado, cuando piensas en lo que has vivido y te aíslas en tus pensamientos. Un viaje profundo que no sería posible si Mogwai no hubiesen recurrido a esas secciones de viento en ‘Moses? I Amnt’ o a ese sutil y moderado aumento de la intensidad de ‘Kids Will Be Skeletons’. Los escoceses malhablados y beodos dejando de lado la nitroglicerina para atacarte desde dentro, desde las emociones.

Las mayores críticas al disco pueden ser esa bajada de intensidad, que el disco sea demasiado orgánico, pero es precisamente esa sobre exposición a lo emocional lo que lo hace diferente y genuino a su vez. Y a pesar de poder tirar de ahí para no tenerlo tan en cuenta, es otra muestra de la capacidad del grupo para renovarse y no caer en la complacencia de hacer canciones de forma mecánica. En cortes desgarradores como ‘Killing All The Flies’, una de las piezas más redondas de su carrera, vemos cómo confluyen ese vocoder dramático junto a la sección de viento para acabar en una de las explosiones más bonitas que cualquiera haya podido escuchar, con un bajo en segunda línea que maneja la melodía a su antojo. Esos detalles en la instrumentación, después de estar acostumbrados al choque de la fuerza bruta, le dan un valor añadido especial.

El balón de oxígeno inflamable

Pero en medio de esta balsa de emociones, no todo iba a ser una habitación inundada de melancolía y ahogos, también hay músculo, hay fuego. Está el puto incendio de ‘Ratts Of The Capital’ zurrando a todo lo anterior. Guitarras en llamas que recuerdan por qué Mogwai estaban en su apogeo y es una de las piezas clave del post-rock contemporáneo. Una píldora de ocho minutos en la que los escoceses vuelven a enseñar sus fauces; una canción que podría haber encajado perfectamente en discos anteriores, pero que hace su función de recordar al público quiénes eran y son los últimos reyes de Escocia.

Después de marcar el territorio ya afrontamos el final del disco con esa sensación de nuevo de calma, disfrutando de los Mogwai que no se quedan estancados en el noise y en el clasicismo kraut; de los Mogwai que también ponen la banda sonora a los momentos difíciles en los que sólo se puede mirar adelante. En este caso, una instrumentación que habla más que el propio título de la canción, ‘Stop Coming To My House’ es una gloriosa sonoridad en la que se mueven con gran destreza. Porque Happy Songs For Happy People nos recuerda que los escoceses son algo más que la calma-tempestad-calma.

8.5/10

En la época en que los escoceses rajaban de todo cristo, lo cierto es que se podían permitir hacerlo. Estaban en su particular cresta de la ola, habían moldeado todo un género, y aún podían jugar con las estructuras que este les permitía, saliéndose de sus propios márgenes. Y precisamente por esa capacidad para mí es el disco que mejor define la grandeza de Mogwai. Happy Songs For Happy People tiene canciones que harían llorar de emoción incluso al niño Jesús.

Discografía de Mogwai