Con motivo del lanzamiento de Rave Tapes, en esta, vuestra casa, nos hemos propuesto repasar disco a disco la carrera de los escoceses Mogwai. Y nos lo hemos propuesto tan fuerte, tan como si quisiéramos de verdad, que al final parece que sí, que lo vamos a hacer. Y puestos a hacerlo, lo haremos concienzudamente, desde el momento mismo en el que los escoceses ni habían sentido en tacto de la cuchilla de afeitar en su rostro (bueno, más o menos). Desde el instante en el que, tras un único single lanzado en marzo de 1996 bajo el título de Tuner-Lower, el quinteto juntó unos cuantos retales que tenía de grabaciones por aquí y allá, y decidió lanzar, bajo el sello Rock Action, su disco de debut (porque aquí lo trataremos como tal), Ten Rapid.

Ten Rapid riéndose de la inexperiencia

Y es que Ten Rapid, incluso con los contras de un sonido por momentos claramente amateur, de una producción mejorable ya a primera vista, es un disco que debe ser, tres largos lustros después, reivindicado hasta la saciedad. Aquí, justo aquí, se nos presentan Mogwai, recién entrados apenas en la veintena, con todos los ingredientes que, ya entonces, los convertirían en una banda distinta al resto. Mogwai no inventaron el post-rock, pero seguramente lo llevaron a cotas que nadie, salvo Godspeed You! Black Emperor, ha conseguido, ya no alcanzar, sino mantener. Y Ten Rapid nos muestra el secreto, nos destapa la esencia, el camino por el que Mogwai ha ido girando una y otra vez, hasta el mismo Rave Tapes.

Para ejemplo, un ‘Summer’. Primer corte de Ten Rapid. Poco más de cuatro minutos, cuando la banda nos fue acostumbrando a canciones de extensión mucho más allá. Pero aquí, al final, está el pequeño frasco del buen perfume. Melodías de guitarras inspiradoras, casi como sonido de fondo de una clase de relajación en la que te tienes que imaginar una y otra vez la misma puñetera playa desierta, para luego, sólo cuando y como ellos quieren, hacerlo todo añicos con las distorsiones y los efectos pesadísimos. Una etapa rompepiernas, una maravilla que nos deja exhaustos sin que se cumplan cien segundos. Hablamos de una época (quizás un poco después, pero vaya), en la que el post-rock lo inundó todo. Lo inundó hasta un punto que ríete tú del dream pop de ahora… bueno, quizás no tanto. Pero entre todos esos nuevos proyectos, Mogwai se hacían merecedores desde ya de una atención singular.

Mogwai pidiendo sitio entre las estrellas desde el principio

Ten Rapid está compuesto, en realidad, de diez canciones. No vamos a mentir, no es que todos sean sobresalientes, seguramente ni siquiera el resultado final del disco se acerque al inmediatamente posterior Young Team, y cortes como ‘Helicon 2’ podrían ser el ejemplo de que el talento que rezuma necesitaba, seguramente, ser todavía pulido. Pronto aprendieron los chicos, en todo caso. El riesgo de llevar su apuesta al extremo no hizo temblarle el pulso a nadie en la banda, y las guitarras de ‘Angels versus Aliens’ mostraban que no habían sido concebidas para quedarse entre las cuatro paredes de un ensayo de alquiler barato a las afueras de Glasgow. De nuevo ese terreno seguro, esa calma aparente, esa voz de Stuart Braithwaite, siempre en un plano secundario, pero ensuciando todo lo que a la postre ha de convertirse necesariamente en caos. Ya sabemos, aunque es fácil decirlo ahora, que pasados diez minutos de Ten Rapid, aquí hay algo que ha hecho click.

Y vale que ‘I Am Not Batman’ mola más casi por su título que por sus melodías, casi inexistentes y a contracorriente, algo habitual en la banda pero casi siempre mejor facturado, pero incluso cuando Mogwai se alejan de su discurso de distinción, de su lenguaje propio y casi exclusivo, y navegan en composiciones más fáciles, como la única conocida en aquel momento, ‘Tuner’, demostraron que si Mogwai se acercaban al pop, también salían ilesos. Ilesos no, vencedores, cautivando, emocionando y coleccionando oyentes entregados. Y si hablábamos del inicial ‘Tuner’ como muestra del abecé de lo que Mogwai iban a ser, amigos, ay, amigos, ‘Ithica 27/9’. Ya tan soberbia, ya tan fantástica. Insultando a todo lo que otros más experimentados querían hacer y no podían. De las canciones más bellas de Ten Rapid, si no la más.

Desde esa ‘Ithica 27/9’ el disco no pierde comba. No pierde intensidad, incluso cuando baja las revoluciones con la corta ‘A Place for Parks’, que correría el riesgo de bajar la temperatura corporal si enlazaba con otra canción de patronaje similar. Pero no, ‘Helicon 1’ hace añicos las más férreas voluntades, los más exquisitos paladares. Minuto 02:55 (04:19, si estáis viendo el vídeo), y Mogwai pidiendo sitio entre los elegidos. ¡Qué coño pidiendo, haciéndoselo a codazos!. Ya daba igual el exceso de oferta (tengamos en cuenta que no hablamos de una época, en todo caso, en la que escuchar música, muchos grupos diferentes, fuese tan fácil como ahora), Mogwai no iba a ser un nombre que pasase testimonialmente por nuestras vidas. Mientras uno se relame, se regocija en el placer, ‘End’ sirve de epílogo a lo que será un primer paso a la gloria.

7.7/10

Y de repente, aparecieron ellos. Debut (con recopilatorio, pero debut) de Mogwai con un disco lleno de inspiración, aunque todavía mejorable en producción. Los de Glasgow venían a destacar entre las docenas de grupos de post-rock del momento, convencidos y convenciendo de que no eran uno más. Eran uno mejor. Incluso cuando en muchos momentos acechaba la inexperiencia.

Discografía de Mogwai

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