Mogwai — The Hawk is Howling (2008): el ave enjaulada

Es como si consiguieses atrapar un murciélago, y meterlo en una jaula. Ni siquiera el águila que aparece en la portada. No, un murciélago, con sus serias dificultades para diferenciar el entorno en un ambiente diurno. Un murciélago que, ignorando lo que pasa, se agita ansioso de un lado para otro en el interior de la jaula, chocando insistente y repetidamente con cada uno de sus barrotes. Un ejercicio de angustia, dolor y ruido. Una opresión tan brutal que ni siquiera puede dar cabida a gritos ahogados, a aullidos pidiendo auxilio. Seguramente eso fue lo que Mogwai quisieron transmitir optando porque el dolor de The Hawk is Howling se transmitiese exclusivamente de forma instrumental (que sí, que sí, que en esa misma imagen mental estaban pensando ellos). Para dar forma a la metáfora, Mogwai se puso en manos de Andy Miller, una década después de que aún imberbes y poco después de haber roto esquemas con Ten Rapid y Young Team hubiesen colaborado con él en unos temas que dieron lugar al EP No Education = No Future (Fuck the Curfew). Reencuentro en sexto álbum. Mucho mundo a cuestas.

Golpeando barrotes, rompiendo costillas

Con el tiempo, The Hawk is Howling ha sido tratado como el peor disco de Mogwai. Hablar en esos términos resulta increíblemente difícil, teniendo en cuenta el nivel medio que siempre ha mantenido la banda. Negar que quizás el impacto de sus hermanos mayores se quedó un poco por encima de las prestaciones de éste sería, posiblemente, complicado. En todo caso hablamos de Mogwai, del ave enjaulada que bate una y otra vez sus huesos contra los barrotes, con el resultado final de que en algún momento amenaza desfallecer, domesticarse. Espejismos. Porque si queremos darle palos a The Hawk is Howling, si osamos atrevernos a ponerlo en duda, a recordarlo como un disco menor, viene ‘I’m Jim Morrison, I’m Dead’ y nos cierra la jaula de un golpazo. Buscamos la salida, pero no la encontramos. El cadaver de Morrison se mezcla entre las barras de la jaula, y cada golpe de guitarra nos parte una costilla al chocar contra ella. No hay escapatoria. A la mierda las esperanzas de un futuro lejos de las redes tejidas por Mogwai. Si el peor disco de Mogwai empieza con esta maravilla, benditos sean los malos discos.

Claro que tampoco debemos darnos por vencido con tanta facilidad. Si estiramos la metáfora a lo antropomorfo, si el águila (o el murciélago, yo qué coño sé ya) pudiese empuñar el más duro de los bates, y ayudarse de él para intentar escapar, lo haría. Golpearía con contundencia inusitada los barrotes de la jaula hasta conseguir huír, hasta que ‘Batcat’ nos aportase la temperatura suficiente para que estuvieses incandescentes, maleables, derrotados. Benditos sean los malos discos, gloria a los discos flojos. Mogwai, obviamente, no renuncia a la calma en The Hawk is Howling. Esa también ha sido una de sus apuestas de siempre, la quietud y la paz a través de melodías menos agresivas, a través de sonidos que acaban perpetuándose en nuestra mente, con mayor (‘Danphe and the Brain’) o menor (‘Local Authority’) acierto. Pero hay que bucear mucho para encontrar un acierto menor en un tema de Mogwai. No suelen permitirse ese tipo de lujos, y lo que parece una canción insignificante en un momento determinado, acaba convirtiéndose en varias pequeñas monedas de oro al instante siguiente.

Cansados de luchar, bajando los brazos

El quid de la cuestión está en cortes como ‘The Sun Smells Too Loud’, ese paso hacia el pop más luminoso, menos pretencioso y algo más… ¿vulgar? (hasta circulan vídeos en Youtube en los que la canción se pinchaba en los estadios escoceses durante los descansos). Muchos no lo perdonan, pero aquí yo doy un paso al lado y me doy de baja en la liga anti-vocoder. No es, ni de lejos, el mejor tema de Mogwai, y de alguna manera sí los acerca al mundo de los humanos, pero el castigo aplicado fue exagerado. Distinta es ‘Kings Meadow’, que sí se pierde en una autopista con destino a ninguna parte, sin un fin claro, ni un motivo consolidado. Como si se hubiese vendido un boceto de un pintor, todavía inacabado. Más carácter, aunque algo lejos de la rotundidad de algún otro tema del pasado, tiene ‘I Love You, I’m Going to Blow’, tortuosa pero frágil. Una delicadeza engañosa y lábil, capaz de ir metiéndose en cada poro hasta que explota de rabia tras seis minutos de explorar emociones y pulsaciones.

En todo caso, por mucho que uno se empeñe en defender The Hawk is Howling con un “joder, tampoco está tan mal”, los argumentos para ponerlo a la altura real de sus predecesores no son excesivos. El ave empieza a dar síntomas de fatiga y a mostrar su rendición, incluso aunque no podamos hablar realmente mal de ninguno de los temas del disco, tampoco de ‘Scotland’s Shame’, el estremecimiento se presenta en un total de ocasiones por debajo de la media. Igual el problema es, simplemente, no haber guardado algún tema más contundente, más ruidoso para el final. ‘Thank You Space Expert’ es una delicia, un regalo y un auténtico gracias, pero se suma al conjunto previo al que podríamos acusar de falta de punch. Claro que para llegar a la trascendencia hay muchos caminos, y Mogwai siempre acaban encontrando el suyo. Como un aviso a navegantes, como haciendo ver que sí, que han ido probando cosas nuevas, pero que sólo ellos siguen teniendo la llave maestra de todo esto, ‘The Precipice’ llega para mostrarse gigante, lo que pedíamos a este final de The Hawk is Howling. ¿Un paso atrás?. No sé, más bien un paso hacia un camino diferente, por explorar.

7.6/10

Muchos sitúan el inicio del fin en este disco. Yo me río un poco de todo ello. La solvencia de Mogwai está por encima de opiniones, doctrinas o religiones. The Hawk is Howling sí es, sin embargo, un disco en el que empiezan a echarse en falta algunas cosas a las que estábamos acostumbrados, un ejercicio de Mogwai por ir cambiando fórmulas y renovarse, todavía algo necesitado de pulimento, pero con momentos fantásticos. Diría, es más, que con algunas de las mejores canciones del grupo.

Discografía de Mogwai

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