Mogwai — Young Team (1997): la versión prioritaria

En 1997, sin publicar disco largo, Mogwai ya habían asentado su reputación no sólo gracias a parte de los singles que luego formaron Ten Rapid, sino especialmente a unos directos que impulsaron el boca a boca. Eran el grupo que había que ver, y sus conciertos suscitaban comentarios de admiración y referencias a nombres gloriosos del feedback en vivo, como My Bloody Valentine. Soplaba un claro viento a favor, pero Young Team lo refrendó como si fuera la última oportunidad que Mogwai fueran a tener.

Ni una sola de las dudas que después afloraron en otros discos, ni uno solo de los caminos cortados en los que Mogwai hayan podido acabar después, estuvo presente en un debut monolítico y arrebatador, un disco-río que tiene el acierto de cerrarse por todo lo alto y que, por sí solo, sería suficiente influencia para todo un estilo, el post-rock, que antes de Young Team estaba abierto a muchas más cosas de las que después de él (y de GY!BE) lo estaría.

Los goles a la contra del equipo joven

“Mucha gente hace art-rock, pero se olvida de, simplemente, el rock” — Mogwai, época inicial

Stuart Braithwaite aseguraba en un cuestionario corto que NME le hizo en la pre-nochevieja del cambio del milenio que si el mundo se acababa ese año, en los 90 minutos previos, la banda sonora de su fiesta estaría compuesta por:

  • ‘Decades’, de Joy Division
  • ‘Girl/Boy’, de Aphex Twin
  • ‘Accelerator’, de Primal Scream
  • ‘The Passenger’, Iggy Pop
  • ‘First Big Weekend’, de Arab Strap
  • ‘Radioactivity’, de Kraftwerk
  • y ‘Freed From Desire’, de Gala

Casi ninguna de ellas remite a lo que uno pudiera pensar de Mogwai, a pesar de que las influencias son en ellos bien importantes. Pero Young Team no coquetea con casi nada de lo anterior eso: las guitarras están grabadas como mareas y el oyente, que es la orilla, las contempla llegar y alejarse y las recibe suaves o violentas, sin poder hacer otra cosa que tocarlas e intentar atrapar algo de su paso, aunque sea una sensación. J Mascis, Steve Albini… Otros nombres que Mogwai citaban como influencia y a los que sí vemos reflejados en Young Team. De Slint, sin embargo, Mogwai decían que habían sido influencia menor, mucho menor que Codeine, que Fugazi, que PJ Harvey.

Young Team tampoco es un disco de noise, ni una larga jam improvisada, ni rock progresivo. Y sin embargo tiene capas y capas de feedback, largos devaneos sonoros y paisajes instrumentales donde la canción deja de importar. Pero, ojo, no es que sea una cosa y a la vez sea otra distinta, o que se divierta en jugar con las incoherencias. Al contrario, si por algo destaca Young Team es por tener las ideas clarísimas. Y para ser una obra post-rock, ni quiere coquetear con el jazz ni juega con lo etéreo (caminos habituales entre el 95 y el 97), se pasa el krautrock por el forro (neu! como padres de tantas cosas del post-rock pre-Young Team) y, por si fuera poco, añade dos elementos tan poco posts como una capa de hard rock (los escoceses siempre se han declarado fans del heavy metal de principios de los 80) y una cercanía al underground USA de finales de los 80 y principios de los 90.

Mogwai teme/ama a Herodes

Véase ‘Yes I Am A Long Way From Home’ nace con un sonido puramente indie-rock. Sus devaneos iniciales de guitarras podrían, por ejemplo, haber servido de base a varias canciones de Smashing Pumpkins (quienes, a su vez, ya lo dijimos en nuestra revisión de Siamese Dream, ansiaban tener el sonido de furia y dulzura de My Bloody Valentine). Lo fascinante en esta canción inicial del debut de Mogwai es la dinámica que establece, la firma que el grupo escribe con firmeza: adormilar las canciones para levantarlas después por los aires, envueltas en un torbellino.

‘Like Herod’, además de ser una de las canciones más impresionantes del directo del grupo en aquella época, ahonda en esa manera de entender la música, pero girando hacia un territorio en el que los primeros Mogwai serían más fascinantes y efectivos que nadie: los ambientes opresivos, oscuros, de raíces post-core pero también BlackSabbath-ianas y paisajes tormentosos. Furia, mucha furia, lindando a ratos con la rabia entristecida de Slint.

En ‘Katrien’, Mogwai hacen justo el camino inverso: el comienzo suena ominoso y, poco a poco, los rayos de luz van entrando a medida que avanza un recitado en tercer o cuarto plano. Las voces no le importan a nadie, casi ni forman parte del discurso, y las guitarras se las comen, mientras se pueden ver reflejos de Sonic Youth y, una y otra vez, la marea vuelve a subir y a bajar, a cambiar de ciclo. Hasta que, desde el 3.28 y en especial con ese simple cambio en el 3.50, el crescendo se revela emotivo. Mogwai ya no amenazan, sino que la angustia ahora vuelve a ser sentimental. Y, antes de que la cosa se desboque (antes de ser épicos como si lo han sido siempre Godspeed You! Black Emperor), Mogwai cortan de lleno la canción.

El triplete que da inicio a Young Team podría dar, por sí solo, razón a todos los clones que vinieron después, de los que poco han mantenido el tipo. ‘Radar Maker’ sirve para descomprimir, un minuto y medio de piano que no suena aislado sino casi como una visión. ‘Tracy’ retoma lo mostrado en ‘Yes I Am A Long Way From Home’ pero de manera más emotiva aún; es una canción a la que los Low de los cuatro primeros discos pondrían voces y sonaría a hermosa nana. Pero, de nuevo, antes de que la canción transcurra por terrenos conocidos (aquí tocaría un largo crescendo, aquí entrarían unas guitarras), Mogwai la narcotizan sin tocar, acudiendo a un sampleado y a capas sonoras ambient.

El feedback del piano y la flauta

Summer’ es, en su priority version, peor que en la original mostrada en Ten Rapid, lo más noise-rock canónico de todo el lote y, junto al comienzo de ‘With Portfolio’, el momento en el que Young Team menos revelador y más “normal” resulta. Si no fuera por el mareante reverb, aquello quedaría en “numerito de piano 2”. Pero hay pocas cosas que transcurran sin sorpresas en Young Team: por eso impone cómo descarrila ‘With Portfolio’, entre bocinazos y ruido ratonero.

Se agradece, y más si se escucha con auriculares, que llegue ‘R U Still In 2 It?’, de nuevo grandísimo ejemplo de lo bien que manejan Mogwai el lirismo, de lo poco que hay de jam y de improvisación en Young Team y de lo bien que encajaba en todo aquello la modorra cervecera (y profundamente escocesa; cabrón, cómo pronunciabas) de Aidan Moffat. Aplausos ante otra de las cumbres, una de las menos citadas, del disco. El slow-core era esto, también.

Que ‘A Cherry Wave From Stranded Youngsters’ parezca empezar como si aquello fuese un baile de fiesta cuando son dos de los minutos más apesadumbrados queda en anécdota ante lo que viene después: los 16 minutos inolvidables, magníficos, de ‘Mogwai Fear Satan’. De Young Team, frente a discos posteriores, destaca que Mogwai no quisieran “ensuciar” con casi nada con arreglos. Pero ahí, embutida en esa joyaza de ruido y calma que es la última canción de su debut, los escoceses desvelan, a golpes de pico, una flauta, la de Shona Brown que emerge dulce y melódica del paisaje de distorsión. Y una f-f-f-foto tuya, Kevin Shields, aparece esculpida en ese momento, en esta roca.

Preciosista, hermosa, apocalíptica… como si Morricone pusiese música a una Delgada Línea Roja sobre las guerras Terminator, así es ‘Mogwai Fear Satan’, construida sobre un mismo riff a lo largo de los 16 minutos. Tres acordes de dos guitarras diferentes, engarzados en círculos sobre sí mismos, con el bajo de Dominic que no tarda en sumarse y la percusión primigenia, tribal, de Martin Bulloch, que acaba por ser tan importante como lo demás. O más. Mogwai: el equipo A de los Young Teams.

9/10

Descaro, ideas claras, ambición, ganas de guitarrazos, perspectiva, ruido, furia y calma. Mogwai manejaron tan bien todos esos conceptos en su debut que aún sorprende lo buenos que ya podían ser. Ideas muy jóvenes que, en manos de otros, se hicieron viejas, pero que ellos supieron mantener siempre frescas y en directo aún suenan estruendosas y, a la vez, cristalinas como siempre lo hicieron.

Discografía de Mogwai

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