La progresión que ha seguido la formación japonesa en los últimos discos deja pasmado a cualquiera que se adentre en su música. Si You Are There (TRL, 2006) ya le puso en el disparadero, Hymn To The Inmortal Wind (TRL, 2009) fue algo así como rizar el rizo dentro de su particular forma de entender el post-rock. Y ahora, tras el directo, Holy Ground: NYC Live With The Wordless Music Orchestra, nos llega otra maravilla: For My Parents.

For My Parents, el post-rock elevado a la máxima potencia

El sexto álbum de Mono me sugiere algo así como que, si existiera, pudiera ser la banda sonora del Paraiso. El cuarteto nipón ha ido a su aire en toda su carrera y como banda instrumental es capaz de traspasar los límites más anquilosados del rock, consiguiendo crear con su lenguaje nuevas texturas y pasajes realmente hermosos.

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Tras varios discos a las órdenes del mago Steve Albini, con quien llevaban trabajando desde 2003, Mono han decidido ceder el puesto de productor al neoyorkino Henry Hirsch, que los llevó a un estudio que antaño fue una catedral a las orillas del río Hudson. Y no se han equivocado porque For My Parents tiene un sonido excelso tras las mezclas de Fred Weaver.

Los músicos de The Holy Ground Orchestra son el soporte que hace que la instrumentación del álbum sea excelsa, sublime si se permite la palabra. Y For My Parents se convierte en una pieza de cinco movimientos que bien podían encajar en alguna película de Zhang Yimou, tipo La casa de las dagas voladoras o Hero.

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La música de este nuevo álbum de Mono tiene mucho de épica, transmite una enorme sensibilidad. Esa emoción a flor de piel con esas melodías interpretadas a un gran nivel es la que sentimos al escuchar ‘Legend’, un tema del que ya nos mostraron un emotivo vídeo que recorre los paisajes de Islandia durante el sol de medianoche.

Corte central del álbum, cuya melodía principal volveremos a escuchar después en la super emotiva ‘Unseen Harbor’, muestra unas guitarras arpegiadas, con ese toque envolvente y aroma japonés, que suponen una delicia de doce minutos que desearíamos no tuviera fin.

Mono, bajo la batuta de Taka Goto, llegan a un nivel de instrumentación excelso

Aunque es cierto que la música de Mono es para momentos en los que uno se siente deprimido. Temas como ‘Nostalgia’ pueden provocar la lágrima en el primer minuto, a mí me ha pasado, con esa combinación de orquestación y guitarras arpegiadas y los platos de la percusión creando climax.

Una delicia escuchar las guitarras de Takaakira ‘Taka’ Goto y Yoda, y los arreglos de cuerda que firmael primero en For My Parents, amén de ese piano nymaniano que encontramos abriendo ‘Dream Odyssey’. Se trata de la pieza más clásica del conjunto y donde Goto muestra una emotiva querencia clasicista.

9.9/10

Cada una de estos cinco cortes crecen y desembocan en un clímax de belleza inusitada. Ocurre con la anterior y también con el cierre ‘A Quiet Place (Together We Go)’, tema crepuscular en el que vuelve a aparecer esa guitarra apergiada afinada en un tono más grave y el glockenspiel. La suma de ambos en crescendo la convierten en un corte perfecto y la segunda parte orquestada aumenta todavía más el cariz épico del álbum. ¿Disco del año internacional? Para mí sí que lo es.

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