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Monster Magnet — Last Patrol: el que tuvo, retuvo

No es de extrañar que, debido a la buena forma que vive el mundo de la psicodelia y el Space Rock en la actualidad, Dave Wyndorf decidiese regresar al sonido que le dio a conocer, a la propuesta que le convirtió en uno de los personajes más interesantes del Rock de la década de los noventa. Excépticos nos mantuvimos todos hasta que la realidad nos acabaría dejando con la boca abierta: la apuesta iba en serio y las tímidas acusaciones de oportunismo se las llevaría el viento.

Y es que tachar de oportunista a aquel que en época de la efervescencia grunge revitalizó un género que iba directo a caer en el olvido es, como poco, temerario. Evidentemente Dave Wyndorf supo adaptar el legado de Hawkwind a unos tiempos en los que el espíritu del Punk y los riffs de Tommy Iommi se habían vuelto norma y hasta enemigos del Rock según opinión de muchos, pero es errado ocultar la esencia psicodélica de discos como Superjudge o Dopes to Infinity. El horizonte Hard Rock hacia el que Monster Magnet pusieron rumbo nos hicieron perder el foco y banalizar un legado mucho más trascendente de lo que el tiempo ha acabado considerando. Monster Magnet no inventaron ni renovaron nada, pero lo que hicieron antes de Powertrip es material canónico, es un catálogo que se esconde en ese cruce de caminos entre la psicodelia fumeta de Hawkwind y el oscuro protostoner de los Black Sabbath post Paranoid. Muchos los minusvaloraron o calificaron erróneamente en el pasado, Last Patrol es la constatación de que tanto unos como otros, están equivocados.

Con el legado reciente como losa

Mucho daño les hizo a Monster Magnet un movimiento que en su momento me pareció oportuno y súmamente acertado. Wyndorf y compañía se encontraban en un momento envidiable y apostaron por reventar el mercado discográfico recuperando la megalomanía de las grandes bandas rockeras de los años ochenta. Cuestionables en lo conceptual, cualitativamente Monster Magnet no se derrumbarían hasta un par de discos después, cuando el artificioso Hard Rock se había hecho con el control y Wyndorf comprendió el error que acababa de cometer, del cual, según parece, no ha querido salir hasta no tener claro cómo hacerlo, cómo recordarnos a todos cuál es su verdadero hábitat.

No lo van a tener fácil pues cuentan con el prejuicio como mayor barrera para volver a ganarse la credibilidad de los que deberían ser sus seguidores. Engañados muchos de sus fans potenciales por la etiqueta Stoner, de la que no huyen pero la que se les queda pequeña, el efecto Las Vegas puede pesar demasiado sobre un disco que podría ser una más que digna continuación de Dopes into Infinity, como un nexo entre éste disco y el posterior Powertrip.

Ahora bien, ¿realmente Last Patrol tiene entidad suficiente para tapar los errores de la década pasada y para dar lustre a los aciertos de la anterior? Si la pregunta es para mí es de responder que sí, no ya tanto por los aciertos del actual álbum (que los tiene), sino porque no tengo nada en contra del giro que Monster Magnet dieron tras quemar banderas de Estados Unidos.

Una montaña de ácido

Me habéis leído multitud de ocasiones al respecto del concepto esencia y ésta va a ser otra nueva ocasión. Partiendo de la base de que Dopes to Infinity es el disco que marca o que demuestra cuando Monster Magnet lograron el sonido que buscaban, Last Patrol, con sus obvias diferencias, emana directamente de la esencia de la obra magna de 1995.

‘I Live Behind the Clouds’ y la, desde ya, totémica ‘Last Patrol’ hacen de temas paradigmáticos. Absorvente y circular el primero y retenido para acabar desenfrenado el segundo recogen todas las virtudes y defectos de lo que podríamos considerar el sonido Monster Magnet. Un comienzo hipnótico pero con aire teatralizado mientras la voz de Dave Wyndorf nos prepara para la montaña rusa, nos devuelve en el punto de partida, momento en el que la ascensión nos suelta en medio de una tempestad de wahwahs, fuzz y toneladas de ácido, en una vorágine en forma de jam que tiene mucho de tempestad, de desértica tormenta de arena.

Repuestos y recompuestos tras tremendo puñetazo, Wyndorf y compañía hacen suyo el icónico tema de DonovanThree Kingfishers’, partiendo de un mismo ambiente oriental para acabar de nuevo machacados por los riffs de nuestro bigotudo amigo, eso sí, respetando fielmente el espíritu psicodélico de la original. ‘Paradise’ inicia de nuevo de forma reposada siendo un tema destinado al lucimiento vocal de nuestro protagonista, quien, de forma obvia, brilla en los medios tiempos pero se ahoga por momentos en los momentos de mayor desenfreno. Aquí volvemos a ver al Wyndorf megalómano, no pudiendo evitar verlo contoneándose de forma lasciva mientras susurra obscenidades.

El duo formado por ‘Hallelujah’ y ‘Mindless One’ puede ser el más irregular del álbum a pesar de ser ambos temas de un marcado carácter Hard Rock. Repetitiva y plana la primera sirve de desigual aperitivo para el primer single del álbum y uno de los mejores temas que el de New Jersey ha presentado desde tiempos de Powertrip. Efectos vocales y de nuevo fuzz hipersaturado desde el primer riff son la constante de un tema que constata lo en serio que Wyndorf se ha tomado este álbum y que demuestra que el que tuvo retuvo y que la maestría creando grandes estribillos no se pierde nunca.

No por poco sorprendentes dejan de ser destacadas las finales ‘The Duke (Of Supernature)’ y su hipnótico toque folk, la espacial y frenética ‘End of Time’ o la acústica ‘Stay Tunned’. El disco se cierra con el mismo sabor a montaña rusa que nos dejan muchos de los temas que contiene, con subidas y bajadas en potencia y calidad pero sobreponiéndose los momentos de brillantez a los escasos momentos de banalidad.

7.7/10

Y cuando nadie les esperaba, Dave Wyndorf y compañía regresan con un álbum que entronca perfectamente con los momentos más brillantes de la historia de Monster Magnet. Solo con ‘Hallelujah’ como corte despreciable, Last Patrol es un álbum mucho más sólido de lo que podríamos imaginar aunque puede que echemos de menos algo más de desenfreno y ácido. En cualquier caso la sorpresa sigue siendo mayúscula y no podemos más que alegrarnos por ello. Larga vida a Dave Wyndorf.

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