Con tanta aglomeración de festivales, y más ahora que viene el verano y toda la ristra ofertística con grupos que has visto chorrocientas mil veces, grandes cocos de cartel que te van a salir por un ojo de la cara y campings cuya referencia es Auschwitz, siempre está bien escaparse al circuito de salas, a antros, a disfrutar de la cercanía y la naturalidad de todo. Sin discursos superficiales. Bueno, en general está siempre bien, no sólo en época de festivales.

La última cita importante de mi querido perímetro secarral era en Alicante, en el Ocho y Medio. Allí iban a tocar Morenas, que acaban de estrenar dos años después su segundo LP: Tres (Discos Humeantes, 2015). Y como teloneros, otro buen grupo de la vecina Murcia, Mott, de quienes hablamos hace poco por el estreno de su debut, Cook Your Brain (auto producido, 2015). Una buena velada, sobre todo entre colegas, con unas pocas decenas de personas que ya se conocían todo el percal, y que a pesar de todo, hizo que todos salieran con la satisfacción de haber estado donde tocaba. Dos grupos jóvenes con ganas de tocar y hacer mucho ruido, musicalmente hablando, cosa que demostraron en directo. Porque como grupo podrán llevar funcionando relativamente poco tiempo, pero los integrantes de sendos conjuntos llevan un buen bagaje musical a sus espaldas con otros proyectos.

Todo queda en casa

Empezaron Mott ejerciendo de teloneros, tocándose todo el disco entero prácticamente, y añadiendo un tema extra para cerrar. Dieron buenas muestras de lo que hay en su debut, mucha energía, reminiscencias noventeras y distorsión a tutiplén. Mientras que el bajista parecía no inmutarse sin apenas movimiento, sus compañeros parecían entrar por momentos en trance, uno con tanto redoble y hostiaca fina y el otro tocando con la guitarra por detrás del cuello. Casi le faltó romper algún bafle a lo Nirvana. Al menos rompió una cuerda.

El hecho de que aquello fuera tan pequeño y hubiera tanto conocido, generó empatía y buenas vibraciones entre el grupo y los asistentes. Algún chistecillo y comentario de agradecimiento entre temas como ‘I’m Strange’ o ‘Pay the Rent’. Y con ellos, la espontaneidad y el descaro de ese sonido murciano que ya comentábamos en al reseña. Por otra parte, aún tienen aspectos que mejorar en el directo. A pesar del aluvión de vitalidad y ruidismo, necesitan apuntalar temas tan buenos como el del final de ‘Are You Sick?’. Tienen todo el margen del mundo y ya parten desde unos buenos mimbres: un buen disco de debut y un directo dinámico.

Morenas

Y después de los murcianos era el turno del trío alicantino, que venía a presentar su nuevo disco. Hace algún tiempo les vi en concierto después de llevar meses rodando con su debut, por aquél entonces ya habían mejorado sobre el escenario. Ahora siguen teniendo un directo más imponente. Y esto a pesar de que empezaron un poco fríos, pero poco tardaron en calentarse invocando el espíritu de los Wipers, tocando sus guitarras a esa endemoniada velocidad, propia de David Gedge. No debe ser fácil rasgar la guitarra a unos ritmos tan frenéticos, y conforme fue avanzando el concierto se fueron enchufando, gracias también en parte a las buenas canciones que encadenaban. El momento en el que engancharon ‘Mírala’ con ‘Los Ojos en Blanco’, quizá el mejor tema de su nuevo álbum, fue gloria.

Mott pusieron el descaro y Morenas la clase. Porque a pesar de tocar tan rápido y flirtear seriamente con el punk, los escasos pero nuevos y efectivos patrones guitarrísticos que han metido en su nuevo trabajo le dan más empaque a su propuesta. Está ese ritmo que arde, pero también hay pasajes más elaborados, lo cual enriquece su directo. Y tras los pequeños ‘clásicos’ del grupo como ‘San Juan’ o ‘Todo lo Bueno’, llegando al final, también con el compadreo con el público, llegó el momento de su bis. Y tenía que ser una que no habían tocado y que no podía faltar, ‘Tres Creyentes’, el corte que cierra su nuevo álbum. A la vez una muestra de esas pequeñas modificaciones en su manual estilístico en Tres que les ha venido de perlas. Además, con la ayuda de dos panderetistas improvisados de entre el público, aunque alguno manejaba mejor el ritmo. Pero lo importante era participar. Y haber disfrutado del doble concierto, como hicimos. Por cierto, uno de los dos guitarristas también rompió una cuerda.

Así que todo bien. Y sí, llega tarde esta crónica, pero lo importante siempre es llegar.

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