Muchos de los caminos que empiezan en San Francisco cruzan el desierto ( y IV): lo mejor en los últimos años

Más de cuarenta años después de la primera manifestación de su existencia, el Stoner Rock vive su segundo periodo de efervescencia aceptando todos los postulados y discusiones que se han venido abriendo desde su aparición de la mano de Black Sabbath y Blue Cheer. Estas cuatro décadas han dado para multitud de debates e interpretaciones diferentes al respecto de lo que es y debe ser el Stoner, emparentándolo o convirtiéndolo en padrino de escenas como la Sludge, la cual vive también momentos dorados en cualquiera de sus múltiples apariencias.

En su supervivencia el Stoner ha obtenido moralejas de todos y cada uno de los lugares que ha visitado y ha abierto su impronta a todo el mundo a pesar de tener un origen geográfico muy marcado, sobre todo en su periodo evolutivo clave. Esta diversidad geográfica se ha visto correspondida con diversidad sonora que ha recompensado a la escena con otros calificativos a sonidos relacionados como Sludge o Doom Metal, éste desde una perspectiva menos barroca y con deuda directa de la psicodelia.

Superada la brillante década de los noventa la encrucijada del nuevo siglo abre múltiples caminos al Stoner, optando en ocasiones por seguir alguna de las sendas propuestas o en otras por recoger todo y cada uno de los paisajes insinuados. Esto ha enriquecido enormemente al género aparte de abrir agrios debates al respecto de qué merece o no llamarse Stoner, lo cual, como podéis suponer, retroalimenta al concepto y lo fortalece.

Y digo que lo fortalece pues en tiempos en los que el revival es una garantía de éxito, el Stoner no se ha quedado al margen de este fenómeno ni mucho menos, aunque sí ha permanecido atento a las posibilidades que la innovación y la fusión de estilos le ofrecen. Fruto de esto es esta más que variada lista con lo que, para un seridor, es lo más destacado que el Stoner nos ha regalado en los últimos cinco años, pasando por la concepción más clásica del género y visitando propuestas más metalizadas o acústicas provinientes de cualquier parte del globo. San Francisco dejó de ser la meta pero sigue siendo el punto de origen, y es que en tiempos de globalidad y mestizaje la pureza no tiene el menor de los sentidos.

Mastodon — The Hunter

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Vapuleado por los fans más puristas del grupo, en parte comprensiblemente por la simplificación de planteamientos y una mayor apuesta por la melodía, no hay duda de que The Hunter puede ser un paso atrás para Mastodon a la hora de consolidarse en el status de banda de culto que había obtenido con sus discos anteriores. Sin embargo, sometiendo el quinto álbum de los de Atlanta a una valoración despojada de sentimientos y condicionantes temporales, The Hunter es un álbum que no deja margen a la duda, sólido en cada uno de los campos que pisa e increiblemente disfrutable.

Recuerdo que la primera vez que lo escuché mi reacción fue ‘joder, éste es el Vol. 4 de Mastodon’ y el paso del tiempo me reafirma en esa primera impresión. Golpeado con saña por parte de la crítica, el tiempo ha colocado a The Hunter en su lugar, evidentemente como un álbum menor que Crack the Skye pero con una mayor vocación de globalidad, consolidando a Mastodon como una de esas pocas bandas de Metal capaces de gustar a aquellos que no disfrutan con el género.

La base rítmica y los riffs se han suavizado enormemente mientras el componente geográfico ha ganado peso, abriéndose paso el Rock Sureño al que tanto debe el Stoner en su periodo evolutivo. Evidentemente Mastodon perdieron potencia y es normal que muchos acusen a The Hunter de ser un álbum excesivamente producido (cosa común en toda la carrera de la banda de Atlanta), pero ante temas tan redondos como ‘Dry Bone Valley’ o ‘Spectrelight’ no queda espacio para las pegas y sí para disfrutar con uno de los discos más amenos de los últimos años.

Horn of the Rhino — Wheight of Coronation

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Y en ese deambular del Stoner en busca de ampliar su horizontes que indicaba al inicio del artículo llegamos al Pais Vasco de la mano de Horn of the Rhino, una de las bandas patrias de mayor crecimiento en el último lustro.

Recibiendo ya multitud de miradas curiosas gracias a un Sludge rudimentario e increíblemente musculoso, el paso dado en el año 2010 por el trío de Bilbao tuvo tal impacto que no pude restirme a colocar a Wheight of Coronation como número 1 en mi top personal de aquel año. Bajando las revoluciones de su Sludge para adecuarlo a constantes Doom marcadas por Saint Vitus, su propuesta no solo ganó poso y efectividad, sino que dejó espacio para una interpretación vocal antológica que tiene su momento culminante en ‘Sovereign’, tema paradigmático donde se recoge todo lo que Horn of the Rhino pueden llegar a ofrecer, trascendiendo cualquier barrera estilística y convirtiéndose en emoción en estado puro.

Porteriormente, con Grengus, retomarían la crudeza anterior pero manteniendo la solidez mostrada en el brillante Wheight of Coronation. Decantarse por uno de los dos álbumes puede ser cuestión de gustos, pero permitidme colocar en tan elevada posición al que para mí es el primero de los grandes discos que el metal patrio nos ha regalado esta década, y ya van unos cuantos.

Tobeatic — All to Hell

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Desconocidos para el gran público, Tobeatic son una de mis apuestas personales de cara a convertirse en banda revelación de este 2013. Oriundos de Canadá y con el Stoner marcado a fuego en sus frentes, demuestran conocerse el mundillo de memoria a pesar de ser All to Hell su primer álbum.

Quizás demasiado agresivos para ser considerados Stoner pero con un sonido excesivamentente clásico como para entrar dentro del mundo Sludge, Tobeatic se sitúan en un cruce de caminos en el que hacia un lado se encuentra el Punk y hacia otro la dirección es el Rock Progresivo. Puede sonaros contradictorio pero los canadienses recogen alguna de las constantes de cada uno de estos dos universos contrapuestos. Por un lado destacan por una energía y actitud aplastantes, puesta de manifiesto en temas como ‘All to Hell’ o ‘The Rain She Pours Down From These Mountaintops’, mientras que por otro demuestran saber jugar con estructuras más complejas y creando atmósferas, como ponen de manifiesto en la final ‘Frozen Ocean’.

Frescura y energía son dos calificativos claves para uno de los discos más sorprendentes que nos va a regalar este 2013, uno de esos discos que dan lustre a un género y le dan vocación mayoritaria. Y lo mejor de todo es que este All to Hell es solamente un debut, se me hace la boca agua pensando que algún día puedan marcarse un The Hunter.

Baroness — Yellow & Green

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Y si a Mastodon les llovieron palos en determinados sectores imaginaos a Baroness con su tercer álbum. Acusados de mil lindezas simplemente por dar un paso natural atendiendo a su evolución anterior, los también de Georgia se presentaron el año pasado con el álbum más ambicioso de su corta carrera pegándose, a ojos de muchos, un trompazo tal que puede hacer pensar que el accidente de autobús que sufrieron fue, quizás, un acto de brujería de un fan despechado.

La división de opiniones llegó hasta esta nuestra casa colocándose un servidor, eso sí, del lado de los entusiasmados por un disco en el que el Sludge dejaba paso a la psicodelia sesentera y que convertía a Baroness en esa banda que yo siempre había esperado que fuera. Quizás las dos caras tan diferenciadas con las que consta el álbum y el refuerzo de esa ambivalencia jugaron en contra de un disco al que puede sobrarle minutaje pero que cuenta con momentos realmente brillantes.

Puedo llegar a entender la decepción de los seguidores del combo más cercanos al mundo del Sludge, pero negar la entidad de temas como ‘Eula’, ‘March to the Sea’ o ‘Cocainium’ solamente por ser la constatación de que el Metal puede ser dejado atrás es más cuestión de fanatismo hacia un género que índole cualitativa. Baroness arriesgaron viajando al pasado y para muchos perdieron, para un servidor, intentar emular a The Jefferson Airplane a priori jamás será una derrota. Algún día reivindicaré este disco como se merece, el suspenso que le dio mi compañero Víctor me parece injustísimo.

Kadavar — Kadavar

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Solo dos formas hay de no saber quiénes son Kadavar: haber estado en coma los últimos 2 años o vivir en una isla desierta. Y como nosotros no hemos ‘sufrido’ ninguna de las dos posibilidades es obvio que el nombre de estos alemanes sea uno de los más repetidos en nuestra publicación este último bienio.

Algunos acusan de capricho todos los parabienes que hemos ofrecido a este trío de barbudos, pero eso implica que el que profiere tal exabrupto nos conoce bien poco. Mezclando la psicodelia o el Space Rock desarrollado por los míticos Hawkwind pero pasándolos por un tamiz que solo Led Zeppelin y Black Sabbath son capaces de traspasar, Kadavar nos ofrecieron el año pasado uno de los debuts más impactantes de los últimos años, no por innovación sino por efectividad y autenticidad.

Reconocía mi compañero Mohorte que debería haber titulado su review ‘Estos tíos SÍ son de verdad’ y es cierto, estos tres barbudos no imitan a lo mejor de los setenta, ellos son lo mejor de los setenta y los tenemos frente a nuestros ojos. Este año han confirmado que son una de las formaciones más importantes de esto a lo que muchos conocen como revival setentero a pesar de que su segundo álbum no alcanza las prestaciones del debut. A pesar de todo han ido surgiendo escépticos a su alrededor. Hacedme un favor, estampadles ‘Purple Sage’ en el rostro.

Viaje a 800 — Cognac Oxigenado

Y de nuevo visitamos nuestro país y de nuevo lo hacemos para salirnos un poco de los cauces esperados. Mientras que Horn of the Rhino matizaban el Sludge añadiéndole feeling y trascencencia, los algecireños Viaje a 800 toman el Rock desértico como armazón sobre el que ir ensamblando un sonido tan nuestro y tan importante para nosotros como el Rock Andaluz.

Si leéis comparar a este ya difunto trío con Triana no os echéis las manos a la cabeza pues lo que en sus tres álbumes nos presentan tiene mucho de la banda comandada por el genial Jesús de la Rosa. Median diferencias y matices evidentes, pero la propuesta que en Coñac Oxigenado tiene su punto culminante podría ser prefectamente la actualización de discos tan importantes como Hijos del Agobio o Sombra y Luz a nuestros tiempos.

Convirtiendo su tercer disco en un paseo por una geografía tan variopinta como la andaluza, Viaje a 800 visitan terrenos que van desde el Blues al Rock desértico pasando por la psicodelia y utilizando los esquemas marcados por la guitarra de Tommy Iommi como base, como cimientos desde los que construir temas tan redondos como la inicial ‘Oculi Omnium in te Sperant Domine’, la potente ‘Ni perdon ni Olvido’ o la lisérgica ‘Tagarnina Blues’.

Áspero como el sonido del álbum fue el adiós de Viaje a 800 previo al lanzamiento de este Coñac Oxigenado. Con su marcha nos privaron de una de las bandas más interesantes que nos ha regalado nuestro país en este siglo, su inclusión en esta lista tiene tanto de reivindicación para no caer en el olvido como de justicia. Y si alguna vez recapacitan, ojalá te hayas unido a su pequeña legión de seguidores.

Ruby The Hatchet — Ouroboros

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Siendo otra muestra más de que la etiqueta revival se queda pequeña para recoger las magníficas bandas que han aparecido estos últimos años, Ruby the Hatchet se diferencian de las demás por dos motivos: una querencia garagera patente desde el primer minuto y la impronta física y vocal de su cantante, nuestra reconocidamente adorada Jillian Taylor.

Y además decir que lo de los de Philadelphia es añadir nota de color a esta lista es un error imperdonable pues sus bondades van mucho más allá de lo que aporta un timbre de voz. Siendo el Stoner un género en el que la actitud se torna indispensable debido a su origen ligado al Blues, Ruby the Hatchet demuestran que el ímpetu no es un debe en su propuesta sino una constante, por mucho de que en su camino nos dejen retazos de Garage, Psicodelia, Rock primitivo y hasta Rock Ocultista, lo que vuelve a dejar a las claras lo importante que son Black Sabbath para esta escena.

Aquí nada evoca al desierto como cuestión geográfica ya que la psicodelia no surge del peyote sino del garage, a pesar de que Jillian Taylor cante a sustancias capaces de dejarte negra la lengua. Contaba en mi review a este álbum que es patente que la innovación está sobrevalorada cuando nos enfrentamos a propuestas tan sólidas como Ouroboros, probablemente lleguen cambios en el futuro pues hablamos de un debut, pero por mí que se queden en ‘Can’t get him away’ el tiempo que quieran.

Samsara Blues Experiment — Long Distance Trip

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Si al principio os hablaba de referencias geográficas dispersas en un mapa pero con el Stoner como común denominador, poned de nuevo una chincheta sobre Alemania, aunque en este caso la diferencia con Kadavar es más que patente.

Llega el turno Samsara Blues Experiment y me temo es un nombre al que vais a tener que acostumbraros en un futuro cercano. Responden, como la gran mayoría de nombres presentes en el espacio, a un respeto permanente por la psicodelia setentera, el Space Rock y los riffs de Tommy Iommi, pero estos berlineses no son una banda más ni muchísimo menos pues matices y planteamiento les hacen bastante diferentes.

En primer lugar, y tal y como demuestran en su primer álbum Long Distance Trip, Samsara Blues Experiment son muy del ‘vísteme despacio que tengo prisa’, ya que destacan por revestir su Blues áspero de lentos desarrollos que acercan por momento su sonido al Rock Progresivo mientras juegan con riffs que se repiten de forma cíclica con alta presencia de fuzz y wah wah, lo que, como sabéis, significa presencia de Space Rock. Sin embargo, el verdadero hecho diferencial de Samsara Blues Experiment, y lo que les convierte en una banda, como poco, especial, es su apuesta por la inclusión de sonidos de asiático o indie-raga, lo cual refuerza el componente lisérgico de su sonido allá donde el Rock Progresivo pueda restárselo.

‘Center of the Sun’ o ‘Wheel of Life’ son una carta de presentación magnífica para una banda que ya va por su tercer álbum, el cual acaba de ser lanzado, y que, si no es mejor que Long Distance Trip, como mínimo está al mismo nivel.

High on Fire — Snakes for the Divine

https://www.youtube.com/embed/6mlsUVAbVcM

Y si en casos como el de Kadavar o Ruby the Hatchet hacía mención a la actitud, me temo este adjetivo se queda pequeño para hablar de Matt Pike. No lo había citado hasta el momento en ninguno de los posts anteriores pero podía haberlo hecho pues su trabajo en los extintos Sleep y en High on Fire es fundamental para el desarrollo de toda esta escena.

Más doomies Sleep y más Sludge High on Fire, nunca había acabado de pillar el punto a la obra de Pike hasta que Snakes for the Divine se cruzó en mi camino, mostrando la potencia de una fórmula que en dicho álbum añade a la ecuación formada por la suma de Black Sabbath más Motorhead una mayor presencia de la melodía que dota de aún más epicidad al característico sonido del proyecto.

A pesar de que supone una mínima pérdida de dureza con respecto a anteriores y posterior discos de High on Fire, Snakes for the Divine no deja margen a la concesión de clemencia, erigiéndose en un disco treméndamente sólido y que cuya característica diferenciadora es el rescate de referencias a algunos de los clásicos del Heavy Metal, en cuanto a planteamiento, algunos riffs y estructuración de los temas.

Como sucede en otros de los casos planteados en este listado, algunos de los fans más veteranos del combo se sintieron decepcionados ante la apuesta por suavizar la potencia de los riffs y potenciar la importancia del estribillo pero, para aquel que no esté muy versado en la obra anterior de Matt Pike este Snakes for de Divine es una magnífica puerta de entrada.

Wino & Conny Ochs — Heavy Kingdom

https://www.youtube.com/embed/jbWlcaegabA

Nadie mejor para acabar este monográfico sobre el Stoner y toda su galaxia que don Scott Weindrich, uno de los sempiternos padres del Stoner Doom y quien ha jugado con los márgenes del universo mejor que nadie.

Para la ocasión Wino se acompaña de Conny Ochs, músico que le sirvió de sparring en la gira acústica de su álbum Adrift, con el fin de conformar un álbum de espíritu sureño y desértico, evocando esa línea imaginaria que se dibuja al este de Oakland en la Bahía de San Francisco con el fin de separar dicha ciudad con el desierto.

Rock acústico y opresivo, con pocos momentos para la alegría pero muchos para la reflexión, tal como le sucede al caminante al que le quedan tantos pasos por delante como los que ya ha recorrido. Músico de tradición nómada, Wino Weindrich reviste a su último álbum de ese mismo espíritu, preso de la guitarra acústica y de la nostalgia que comparte con nosotros.

Podría haber seleccionado cualquier otro de los últimos álbumes de Wino, pero la atmósfera, el olor que desprende este álbum sirve de perfecto epílogo para este monográfico, a pesar de que en él los riffs monolíticos se hayan convertido en reflexivos rasgados de guitarra.

Muchos de los caminos que empiezan en San Francisco cruzan el desierto

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