Mudhoney — Vanishing Point: los neutrales

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¿Qué hacemos con los neutrales? A la altura de la tercera canción de Vanishing Point, Mudhoney entonan medio de coña (y con tono de humor) esa pregunta: qué narices vamos a hacer con los neutrales, un problema nada sencillo de resolver. Lo primero es identificarlos, saber quién trata de quedarse en la zona gris, no mojarse con nada. Y en la música, para lograrlo, nos vienen bien cosas como el último disco de una banda que ya es “vieja” y a la que, aún así, se le da muy muy bien la pirotecnia rocanrolera de espíritu juvenil.

¿Puedes quedarte neutral ante esto? No, no es posible: Mudhoney han hecho un disco que, por encima de todo, es divertido. Nada de malos ratos, de canciones que quieras pasar a los 20 segundo de empezar. Han sabido dar en el clavo con una colección inspirada y variada. Mejor que The Lucky Ones, por comparar con su pasado reciente, y adictiva para destacar en esta maraña de nuevos lanzamientos.

Vanishing Point pone pronto las cartas sobre la mesa: los Stooges son de nuevo el fantasma que recorre las canciones de Mudhoney, sólo que a estas alturas, cuando un nuevo disco de Iggy-y-los-que-quedan está a punto de salir a la luz, prefiero quedarme con las guitarras aceleradas y el fuzz de Mark Arm y compañía frente al rollo extremadamente decadente de los que un día hicieron los discos que influenciaron a Mudhoney.

Vale, Steve Turner está en el comienzo del disco en todas partes y a ratos casi se les ve atados por sí mismos pero al final la sensación que prevalece en la mayoría de las canciones es la que vienes a buscar en el grupo: pre-punk, garage afilado, agresividad y un poco de tontería. ‘I Like It Small’ es himno en letras y música, ‘Chardonnay’ asustaba con ese título, pero tiene un estribillo fantástico de los que no duran nada y te levantan toda la canción.

‘In This Rubber Tomb’ (donde invariablemente oigo por detrás la melodía de ‘El Equipo A’, pero esto es cosa mía) es de los momentos en que menos funcionan estos Mudhoney del siglo XXI. Corremos el riego de decir que es porque les sienta mejor quedarse en los 2 minutos y poco de explosividad, ir al grano, pero mirando el minutaje de cada canción de Vanishing Point, hay más por encima de los 3 minutos y media que pildorazos cortos. Lo bueno es que Mudhoney sí que hacen sentir que éste es un disco que pasa enseguida: no es casualidad.

Que se les haya visto a menudo como un grupo de sonido con poca variación y sin versatilidad es otro error. Ahora los matices casi les salen solos: si quieren se hacen cosas como ‘Sing This Song of Joy’, que casi adoptan la forma de medio tiempo a lo R.E.M., si no fuera porque a Mudhoney les cuesta levantar el pie del acelerador. Ésa es la auténtica constante de su carrera y es ahí donde rara vez han fallado. Un disco al que hay que acudir una y otra vez con respeto y admiración a partes iguales para uno de los nombres fundamentales de los últimos 25 años. Pero, sobre todo, al que, repito, hay que acudir una y otra vez. ¿Y qué hacemos con los neutrales? Sois un problema de difícil solución, la verdad. De momento, escrache.

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