Por circunstancias de la vida que no tienen cabida aquí, no conseguí llegar a Madrid a tiempo para disfrutar de Editors y The Big Pink, los teloneros de excepción con los que Muse visitaba el Estadio Vicente Calderón el pasado miércoles, así que me quedé con la miel en los labios y en mitad de una masa ingente de personas en la pista, todas más altas, más grandes y más sudorosas que yo.

Pero por muy poco que pudiera verse, bastaba un vistazo al escenario para entender que Muse había echado el resto para montar un espectáculo que dejara sin aliento a todos los que se hubieran dejado el mínimo de 50 euros en la entrada.

Con una forma cúbica que daba pie a todo tipo de ilusiones ópticas tridimensionales, parecía un diseño sacado de las páginas de cualquier libro sobre Escher. Dos pantallas en los laterales dirigidas a las gradas parecían insuficientes, pero cuando comenzó el concierto y vimos que toda la parte superior del escenario — descomunal — se iluminaba para mostrar tanto animaciones como momentos de lo que estaba ocurriendo en escena, las quejas quedaron en un segundo plano.

La puntualidad británica no primó especialmente pero tampoco se hizo esperar demasiado, apenas 20 minutos, a los miles de fans que atestaban grada y césped deseando ver qué nos tenían preparado. ‘Uprising’ abrió la veda, tal y como ya lo habían hecho en el Palacio de los Deportes el pasado mes de noviembre, probándose como un opening perfecto durante casi todo su The Resistance Tour.

Se hilaron una tras otra, para delirio del respetable, ‘Supermassive Black Hole‘, ‘New Born‘ y ‘Map of the Problematique‘, dejando claro que iba a ser toda una hazaña poder escuchar alguno de los temas de su último trabajo, más aún teniendo en cuenta el nombre de la gira y el propósito, a priori, que tiene ésta. Sin embargo, el primer pinchazo y la única sorpresa no del todo agradable de la noche apareció cuando Bellamy, envuelto en su traje de papel Albal se sentó al piano para interpretar ‘Neutron Star Collision (Love is Forever)‘. El público quedó atónito, sin saber muchos a qué venía aquello y desconociendo la canción por completo. Los aplausos, tímidos, y las caras de la gente a mi alrededor, de estupefacción.

No lograron tapar la fuga con ‘Guiding Light‘, un tema demasiado lento y sin fuerza para este tipo de eventos, pero afortunadamente nos llevamos un buen caramelito de consolación con ‘Bliss‘, que desató de nuevo a parte del público. Y digo parte, porque en ese momento fue claro ver quién conocía la trayectoria del grupo y quién se había quedado en el último o penúltimo disco. Los que disfrutaron con este tema, lo hicieron como enanos, pero la respuesta tampoco fue masiva.

Ni la mitad de lo que fue escuchar ‘Hysteria‘ que, posiblemente junto con ‘Time Is Running Out‘ — con una intro de ‘House On The Rising Sun’ que mucho neófito desconocía por completo, fueron los dos temas más aclamados durante la parte principal del concierto. También ‘Feeling Good‘ se llevó su ovación, siendo una de las canciones practicamente indispensables en la mayoría de los setlists de Muse.

La segunda mitad del concierto se centró más en los temas de The Resistance, con ‘United States of Eurasia‘, ‘Unnatural Selection‘ y ‘Resistance‘, y si algo quedó claro es que la gente había ido a ver un concierto de rock. Los temas más lentos fueron acogidos con irregular interés, mientras que los que tenían una clave más dura gustaron infinitamente más. Sin embargo, como todo, la excepción a la regla fue ‘Starlight‘, otro de los emblemas de la banda de Devon. Y destacable fue también la sorprendente respuesta a una versión simplificada instrumentalmente de ‘Undisclosed Desires‘, que sonó mucho mejor en directo que en el disco.

Los bises llegaron tras ‘Unnatural Selection’, con un inesperado ‘Unintended‘ — totalmente desaconsejable para un bis donde la gente esperaba para darlo todo -, seguido de ‘Exogenesis: Symphony, Part 1: Overture‘, y no me cansaré de decirlo, una auténtica maravilla de composición. El previsible bajón que podía suponer una canción de estas características se esfumó en el momento en el que detrás del descomunal escenario apareció, literalmente, un platillo volante de tela negra brillante del que se descolgó una bailarina, vestida de plata, para hacer todo tipo de cabriolas sobre los allí reunidos. Sólo hacía falta un somero vistazo alrededor para ver que nos tenían hipnotizados. El audio es horrible, pero echad un vistazo a las imágenes:

http://www.youtube.com/v/gFE9XemjYE0&hl=es_ES&fs=1&

Vídeo | Youtube

En cualquier caso, el concierto finalizó con la imprescindible ‘Plug In Baby‘ y ‘Knights of Cydonia‘, acojonante en directo como siempre, poniendo el broche de oro a más de dos horas de concierto al aire libre. Si hay algo que va más allá de gustos o afiliaciones personales, es que la puesta en escena de Muse no repara en gastos o impedimentos, y que un concierto suyo es un imprescindible lo mires por donde lo mires. Difícil es no caer cautivado por las tablas que tienen ya en directo y por todo el respaldo escenográfico que tienen.

Fotografías | Ster-eo, Thatcrazysteen (Flickr)

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