Se habla mucho de arranques trepidantes, de abrir los discos a cara de perro, pero pocos lo reflejan de la misma manera que lo hace Bleeder (Sargent House, 2015) ¿Puede ser ‘Bridgeburner’ la mejor manera de abrir un disco que se ha visto en los últimos años? A mí desde luego me cuesta recordar una que en sus primeros compases ya causara un impacto de semejante magnitud. El bajo va pidiendo paso y al poco batería y guitarra se unen y atacan juntos en tromba con riffs que llevan al extasis, que nos obligan a unirnos gritando ese “bridges will burn, bridges will burn” con energía, moviendo nuestra cabeza al ritmo de esos riffs de stoner y sludge. Y de repente llega el golpe gordo, con una mutación inmediata similar a la de un Bruce Banner conviertiéndose en Hulk reflejada en un cambio de ritmo puramente hardcore y lleno de adrenalina que nos deja completamente noqueados y con los ojos como platos. Una tormenta perfecta esperable de gente que viene de Cave In y Converge.

Cuando se empieza un disco así, hay que poner mucho empeño para que el nivel de locura y potencia no descienda para que el impacto no se vea disminuido. Por suerte, parece que eso es algo que a Mutoid Man le cuesta muy poco y muestran en este disco que son capaces de sacar trallazo tras trallazo. Rompiendo nuestros esquemas con riffs llenos de sabor y no exentos de enorme pegada acompañados de breakdowns de puro vértigo donde estos músicos muestran el currículum que llevan a sus espaldas. Porque quedarse en hacer un disco de Stoner metalizado era demasiado poco para Stephen Brodsky, Ben Koller (si eres batería tienes que amar mucho a este hombre) y Nick Cageao, ellos necesitan liberar esa vena bruta y punk tan prominente que tienen. No pueden evitarlo, su corazón pide latir así.

Mutoid Man, pepinazos por doquier

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Y es que hablar de Bleeder es hablar de un disco que no ofrece descanso, que abre con un jitazo que es toda una locura y desde entonces te van soltando pepinazo tras pepinazo dejándote descolocado por todos los golpes que te están llegando y tú no los estás viendo venir. Probablemente no hemos visto un disco que, partiendo desde el sludge, desplegara tanto poderío y se sacara de la manga tantos riffacos en tan poco espacio de tiempo (sólo una canción dura más de tres minutos y medio) desde el Blood Mountain (Warner, 2006). Pero no, Mutoid Man no es un grupo progresivo, fundamentalmente es un grupo de hardcore, aunque su lenguaje sea el stoner.

Hablar de Bleeder es hablar de un disco que no ofrece descanso, que abre con un jitazo de locura y desde entonces te van soltando pepinazo tras pepinazo

Sus cambios de ritmo trepidantes no nacen desde una perspectiva que busca dar mil rodeos para terminar en el punto de origen, son puramente instintivos, el cuerpo les pide romperla de esa manera. De no hacerlo, probablemente las canciones no serían tan impactantes, tan rotundas y tan bestiales. No obstante, no se acaban ahí los puntos en común con Mastodon, no porque su sonido sea heredero directo de los de Atlanta, que no es el caso, sino por aspectos más relacionados con el planteamiento, como el sublime tratamiento a las guitarras o las animaladas que puede hacer su batería, aspectos que dan un plus extraordinario al sonido de Mutoid Man.

https://www.youtube.com/embed/VZ6hnQcIdsg

No conviene hablar de grupos que sean influencia directa para el trío. Sí, Mutoid Man manejan muchas referencias, sobre todo de los géneros anteriormente citados pero también pueden evocar a la NWOBHM como demuestran en ciertos puntos de ‘Surveillance’, pero son capaces de forjar una identidad propia que no nos obliga a pensar en los grupos en los que se han inspirado. Ahí están varios de los triunfos de Bleeder, que hace falta rascar mucho para poder identificar rasgos que no sean puramente del trío, sino que sean rescatados de otros. Y es muy difícil, el grupo es tan sólido y maneja tan a la perfección su sonido que es imposible no pensar en ellos todo el rato.

8.5/10

Pero lo que prima ante todo es que Mutoid Man se han sacado de la manga un disco tremendo, completo y directo, que no se anda demasiado por las ramas y que en menos de media hora te da todo lo que necesitas. Bleeder te da tu dosis necesaria para el headbangueo puro y sin cortar. No ofrece muchos momentos de reposo, pero tampoco son imprescindibles porque antes de darte cuenta el disco ya habrá terminado. Y lo peor (?) es que estarás deseando darle al play otra vez. Si necesitáis un buen bucle, este es el disco indicado.

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