Me da la sensación que Nacho Vegas no se tomó demasiado en serio el concierto del pasado jueves en Bilbao con el que iniciaba una mini gira por el País Vasco que a muchos nos pilló por sorpresa y a él se le fue de las manos.

Se anunció como un concierto acústico, por lo que esperábamos que el asturiano saldría sólo al escenario, pero finalmente prefirió estar arropado por Xel Pereda, Luis Rodríguez, Manu Molina y Abraham Boba, los cuatro músicos que le han acompañado en toda la gira. Como cuando estuvieron en esta misma sala hace un año, con su último disco El Manifiesto Desastre recién publicado y echándole bastante más ganas.

Y no empezó mal. Su última canción hasta la fecha ‘La Gran Broma Final’ y ‘Días extraños’, que abría El Tiempo de las cerezas, su disco junto a Bunbury , sonaron muy bien pero sus títulos también definieron el rumbo que iba a tomar la noche.

Entre bromas sobre la marca de la botella de whisky que rondaba por el escenario y la cuenca minera de la que proviene el bajista Luis Rodríguez, Nacho Vegas se empezó a liar, olvidándose la letra en un par de ocasiones, dando pie a un aire festivo que se respiraba más dentro que fuera del escenario, desafinando y por momentos haciéndolo francamente mal. Y entre bromas se perdió toda la magia.

Un setlist corto y sin apenas sorpresas en el que no se dejó ninguno de los temas obligados en esta gira ‘Dry Martini S.A.’, ‘El Tercer Día’, ‘Miss Carrusel’, ‘Nuevos Planes, Idénticas Estratégias’, su versión de Leonard Cohen ‘Canción del extranjero’ y ‘El hombro que casi conoció a Michi Panero’, ya en los bises, y que hoy por hoy sigue siendo la más coreada. Tampoco esta vez cayó ‘El Ángel Simón’ a pesar que alguien desde el público se lo volvió a recordar y suplicar.

Ni tan siquiera las dos personas que subieron al escenario a hacerle los coros aportaron gran cosa, excepto que un espontáneo se chivará gritando “están saliendo” cuando apareció Beatriz Concepción de Nosotrash. Aunque ese chismorreo sea más propio de la versión indie de Sálvame que de este blog, pero, sinceramente, del concierto no hay mucho más que hablar.

Que empiezo a cuestionarme qué sentido tiene tentar a la suerte con una segunda oportunidad en una misma gira cuando la primera ha sido inolvidable, que al drama que esconde cada una de las canciones de Nacho Vegas las risas le sientan muy mal, que con lo que le ha costado llegar hasta donde ha llegado la pena es que no se lo tome más en serio y que no quiero ni imaginarme lo que podía haber pasado si llega a tener el valor de salir él sólo al escenario.

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