Nacho Vegas es profeta en su tierra ya desde los comienzos, cuando presentó en el clausurado Teatro Quiquilimón, muy cerca de Fomento, su álbum de debut Actos Inexplicables (Limbostarr, 2001). Por eso me da un poco la risa cuando algunas bandas y artistas dicen que en casa no son muy queridos.

Como bien me contaba recientemente Igor Paskual en una entrevista: “si no triunfamos con Babylon Chât fue porque nuestras canciones no eran lo suficientemente buenas o porque no le interesábamos al público”. Esta contundente frase puede aplicarse a muchísimos quejicas que miran a Nacho Vegas de reojo tildándolo de indie de mierda, envidiosos de su éxito.

Nunca lo tuvo fácil y su carrera desde que dejara Manta Ray ha sido una carretera de montaña con muchas curvas y precipios. Puede que tuviera ayuda de la prensa musical especializada, porque su ex banda era muy querida en aquellos foros, acepto también que puede que cayera en gracia y que tuviera la suerte que inclina la balanza, pero la suerte no se encuentra sino que se busca, y Nacho Vegas estaba allí.

Todo esta introducción viene a cuenta del recital que Nacho Vegas ofreció el sábado 16 de abril en el Teatro Jovellanos de Gijón. El cantante asturiano volvió a llenar el coliseo de la Villa de Jovellanos de la misma manera como lo había hecho a principios de 2009 para presentar El manifiesto desastre.

Nacho Vegas volvía a Gijón con un aura aún mayor de estrella del rock independiente estatal y un nuevo disco, La zona sucia, que entró de salida en las listas de ventas, esas que antiguamente se falseaban. Un logro para una estrella que abandonó la discográfica Limbostarr, con la que venía trabajando desde su primer álbum, Actos inexplicables, y se creó su propio sello discográfico, Marxophone, asociado con Raúl ‘Refree’, Fernando Alfaro y su agencia de management, I’m an Artist.

No parece haberle ido mal a Nacho Vegas que, ya podemos decir en voz alta, no es un artista de culto sino un serio aspirante al estatus de cantante fichado por una multinacional; ahora mismo está a la altura de un Enrique Bunbury, con el que nos regaló tan buenos momentos. Vegas arrasa allá por donde va y el haber colgado una vez más el no hay entradas en muchos de los conciertos de esta gira: Sevilla, Barcelona o Madrid, le hace todavía más inalcanzable.

Poco más de dos años sin pisar la ciudad y Nacho Vegas no era el mismo. Aquella tarde de enero recuerdo que estuvo muy taciturno, nervioso también y apenas se comunicó con el público. He de decir que yo prefiero a ese Nacho, el más dramático, el más truculento, el que apenas muestra algún destello de optimismo; para entendernos, el Nacho Vegas de ‘Morir o matar’.

En cambio el de este sábado de abril parecía otro artista, otro cantante transmutado en trovador del indie estatal al que sin embargo el público lo sigue idolatrando. Nacho Vegas crea afición y en casa esa afición quedó bien claro que le sigue queriendo.
Se le reclamó su presencia en el escenario desde el patio de butacas y anfiteatro mucho antes de que éste estuviera preparado y fue como un estallido cuando éste y su banda hicieron acto de presencia hacia las 21.25 h. Competía contra un Madrid-Barça pero Nacho Vegas ganó por goleada y el fútbol perdió ante el arte.

Un gran telón de fondo, iluminado en los puntos adecuados como si cobrara vida, que reproducía la pintura de Adolfo P. Suárez que ilustra la portada de La zona sucia arropaba a la banda, y dio un aire de café-teatro al escenario gijonés. Nacho Vegas había ganado antes de salir a escena, el lo sabía y su banda también, y todos cuajaron una actuación sobresaliente, de esas que se dicen que crean afición.

Él refulgente, pelín nervioso por reencontrarse con tanta gente conocida, allegados, amigos e incluso familiares, pero con un repertorio que defender que apenas si tuvo algún resquicio al que ponerle una queja. Los más puristas echaron de menos algún tema de Actos Inexplicables, en 2009 cerró con una espectacular versión de la autobiográfica ‘El Ángel Simón’, de la que cada vez que me acuerdo se me ponen los pelos de punta, pero él dejó bien claro que venía a defender un disco de transición como La zona sucia, que le va a encarrilar todavía más en el camino hacia la gloria y que tras escucharle en directo le voy a dar una última oportunidad.

De este nuevo álbum rescató nueve de sus diez temas; se dejó en el tintero ‘La comedia humana’ pero ésta hubiera quedado igual de bien entre las diecisiete canciones que al final nos regaló. Para Nacho Vegas, que por fin ha consolidado una banda propia tras la disolución de Las Esferas Invisibles, debe suponer un orgullo tener unos músicos tan excepcionales a su lado.

El mismo lo reconoció cuando los presentó como ‘La trama asturiana’ justo antes de empezar ‘Me he perdido’.
Junto a él, el cada vez más brillante Abraham Boba a los teclados, piano, acordeón y coros, sencillamente excepcional, Luis Rodríguez al bajo, al que definió como “recién emigrado a Madrid y del que Tini Areces [presidente del Principado de Asturias] diría que es una leyenda urbana”; Manu Molina, batería desde el primer día, y Xel Pereda, confidente, escudero y un gran guitarrista y mandolinista.

Empezó con ‘Cuando te canses de mí’, el mismo que abre su nuevo trabajo, y lo terminó con el que le da fin: “El mercado de sonora”, en una versión brutal en la que la banda pareció vaciarse al completo. Por el camino aparte de los temas nuevos como ‘Reloj sin manecillas’, ‘Incendios’, ‘Perplejidad’, ésta con la compañía de Mar y Alicia Álvarez de Pauline en la Playa, que también salieron antes del bis para cantar ‘Lo que comen las brujas’ y ‘Taberneros’, y el single ‘La gran broma final’, hubo algunos clásicos.

De las casi dos horas que ofreció me quedo con ‘Maldición’, la terrible historia de Ezequiel que iba en su segundo álbum, Cajas de música difíciles de parar, ‘Canción de palacio #7’, con Xel Pereda a la mandolina, o esa emocionante ‘Canción del extranjero’, solo guitarra acústica y voz. Sí, hizo también en el bis ‘El hombre que casi conoció a Michi Panero’, que todos estaban esperando.

Al final, y con muy buen ojo comercial, se nota que es su propio jefe, montó un puesto de merchandising en el hall del teatro en el que el chico que lo regentaba se hinchó a vender discos, camisetas y demás material de merchandising. Yo me hice con una de las 1.000 copias del single en vinilo de 7″ de La gran broma final con la inédita ‘Me lo dijo un ángel’ en la cara B, que se agotará en esta gira.

MySpace| Nacho Vegas
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Fotografía | Víctor Rodríguez en Flickr

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