Nada Surf + Maryland en concierto (Sala Capitol, 17.02.12, Santiago de Compostela): elixir de juventud

Sabiendo lo peligrosas que son las etiquetas, incompletas para los grupos que se cobijan bajo su denominación e injustas para el oyente porque, recordemos, su arbitrariedad es casi más fruto del márketing que del consenso entre oyentes y músicos, asumo las consecuencias y reivindico el concierto de ayer de Nada Surf y Maryland como uno de los que mejor representan en este momento el power pop.

La unión de ambos grupos, que comparten sello discográfico (Ernie Records), en el mismo cartel era una elección lógica y suponía, simbólicamente, la confirmación escénica de la relación entre padrinos y apadrinados, al pasar los primeros por la tierra de los segundos.

Maryland, avanzando por la senda marcada por otros

Abrieron los vigueses Maryland, que durante tres cuartos de hora aprovechados al máximo (apenas un par de parones para agradecer la oportunidad de tocar junto un grupo al que admiran y la asistencia de la gente que paulatinamente iba llenando el aforo hasta completarlo) desgranaron Get Cold Feet (2011) e hicieron unas cuantas concesiones a su debut Surprise (2009). Seguros de sí mismos y confiados en su trabajo, primaron durante toda su actuación la distorsión a la claridad melódica, demostrando la fuerza y empaque de su directo, sin amilanarse por la plaza llena en la que les había tocado torear.

No obstante, creo que la decisión (o el resultado) de mantener bajo el volumen de sus voces (las de ambos cantantes y las de los coros) y el dejar de lado su faceta más melódica (sonaron ’25 springs’ o ‘What to do’) dejan la impresión de que no alejarse de lo convencional del género hace que suenen más homogéneos, pero también monótonos y menos identificables. De todas maneras, el crecimiento en directo que han experimentado en el último año, junto con las dos canciones nuevas editadas este año (Something to share) invitan al optimismo y confirman la línea ascendente en la que se encuentran.

Nada Surf: la edad depende más del espíritu que del DNI

Tras ellos, el concierto que servía de presentación en nuestro país para The Stars Are Indifferent To Astronomy (2012) — del que hablaremos prontito por aquí — arrancó con sus dos primeras canciones, ‘Clear Eye Clouded Mind’ y ‘Waiting for something’, presagiando lo que sería la dinámica del concierto: un grupo cómodo, orgulloso de su nuevo disco (que tocaron entero, terminando con un acústico improvisado en el hall de la sala tocando ‘The future’), conscientes de su potencial y pletóricos, completando sus virtudes con la exuberancia instrumental de sus dos incorporaciones en directo, Doug Gillard (de Guided by Voices) a la guitarra solista, y Martin Wenk (de Calexico) a los teclados, xilófono, y trompeta. Y si a eso le sumamos un público predispuesto, colaborativo, y con ganas, la noche estaba condenada a ser un éxito.

Durante gran parte de las casi 2 horas de espectáculo, pocos peros se les puede poner al grupo. Un arranque excelso y potente (en el que dejaron caer temas de discos anteriores como ‘Happy Kid’, ‘Whose authority’ o ‘Weightless’) dejó paso a una segunda mitad en la que fueron intercambiando medios tiempos en los que, si bien frenaron el ímpetu de la parroquia, no dejaron de convencerla y de mantener su atención. Entre otras, ‘What is your secret?’, ‘Let the fight do the fighting’, ’80 windows’ o ‘Evolution’ de Mercromina se intercambiaban con petardazos como ‘Hi-speed soul’ o ‘The moon is calling’, hasta terminar la primera parte del concierto con ‘See these bones’, la última en sonar antes de los bises. En ese descanso se apreciaba el encanto de este tipo de conciertos: lo evidente que resultaba el vínculo emocional, más que palpable en los treintañeros (una parte importante de la asistencia), con un grupo que, aunque estilísticamente no ha cambiado mucho sus coordenadas, sigue acertando al transmitir ese cóctel adolescente de ilusión, melancolía, añoranza y esperanza.

Ya en los bises, la calma de ‘Blonde on blonde’ dejó paso a ‘Always love’ y ‘Looking through’, cerrando, tras un pequeño descanso, con ‘Popular’ y una coreadísima ‘Blankest year’. A esas alturas, creo que la sensación mayoritaria era la de sentirse más felices, jóvenes y a gusto que 2 horas antes, con un grupo que se siente rejuvenecido y seguro de sí mismo, ahuyentando los malos augurios que transmitía el disco de versiones If I had a hi-fi (2010) (ya sabéis, ¿se han quedado sin ideas y solo se les ocurre hacer un álbum con covers?).

Son conscientes de que su género ya no es mayoritario, y que el fantasma del estancamiento puede jugar en su contra (pasar toda la vida hablando de la juventud perdida acaba por convertirse en un tópico), pero mientras firmen canciones tan dignas como las de su nuevo disco y sigan ofreciendo conciertos como éste, seguirá mereciendo la pena acercarse a verles y volver a sentir que tienes 16 años, con la ilusión juvenil compensando todos esos pasos que nos han ido alejando de nuestros sueños de entonces.

Imágenes | PistaOculta

 

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