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Neil Halstead vs. The Velvet Underground & Nico (Santiago de Compostela, 19/03/2014)

Al principio fue la alegría, el ansia, los nervios y la ilusión. Uno de tus artistas favoritos versionando uno de tus discos favoritos. Suena de la leche. Neil Halstead me gusta. Mucho. The Velvet Underground & Nico me gusta. Muchísimo. Me reenamora cada vez que lo pongo en el plato. El problema es que a medida que el concierto se acercaba, que la fecha se aproximaba en el calendario, la ilusión fue tornándose prudencia. Neil Halstead, su dulzura, su candidez, su fragilidad. Uno de los amos de la sutileza revisionando un disco de temática sucia, fetichista, oscura y de terrible crudeza. El temor de que algo que por separado te encanta, fusionado no funcione, de que te toquen el mito del artista y el del disco, de que la decepción sea casi inevitable.

Antes de poder valorar si la cosa sería para tanto o si, a lo mejor, me estaba invadiendo un tremendismo injustificado, llegó la telonera. Una hora tarde, para más datos. Al parecer algún problema durante el viaje y esas cosas del directo. A saber. La chica se llamaba (y llama, salvo que la noche santiaguesa la haya devorado), Keiza. Tocó cuatro canciones. Sólo cuatro, quizás para intentar minimizar el retraso. Chica con guitarra y temas de querencia folk, principalmente, y algo de blues. No estuvo mal, pero el problema es que es otra más. Ya tenemos el saco de chicas folkies con guitarrita petado, nos empieza a pesar demasiado, y nos duele la espalda. Agradable en el poco rato que estuvo en el escenario, seguramente incluso recomendable, pero sin que se adivine en ella nada que no te puedan ofrecer otras quinientas en la actualidad. Como inaugurando el homenaje que a posteriori tocaba vivir, cerró su actuación revisionando el ‘Walk on the Wild Side’ de Lou Reed. Bien, pero lo que decía, un tema tan crudo visto desde un perfil demasiado inofensivo.

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Y entonces llegó él. Bueno, ellos, pero sobre todo él. Entre medias la organización tuvo a bien invitar a un vino al respetable, cosa habitual en los conciertos del ciclo Baixo a Vide, que se encargaba de traernos la actuación. Neil Halstead, como leyéndonos el pensamiento, casi pedía excusas de antemano. Recordaba a quien quisiera oírlo que la cosa era complicada. Que todos tenemos el disco idealizado, y que pasara lo que pasara el riesgo era alto. Si llevaba las canciones a su terreno, siempre diríamos que nada como el original. Si no las modificaba demasiado, que si eso lo hace cualquiera. Plaza difícil. Pero sonó ‘Sunday Morning’ y los prejuicios se fueron a la mierda. Adaptada a su pulso. Neil abrazando a Lou pero haciéndolo Neil. Uno de los temas que más difirió del original, y que resultó brillante. Seguramente no tanto en ejecución, donde a los músicos les costó un par de temas volverse banda (pocos ensayos previos debió tener esto), pero sí en dotar al ambiente de la magia precisa. Las esperanzas se enfriaron un poco cuando ‘I’m Waiting for the Man’ hizo temer que la cara oscura del disco no pudiese ser interpretada de forma creíble. La duda planeaba.

El resto del concierto fue similar. Unas idas y venidas de emociones con un resultado final (de la primera parte, luego hablaremos de los bises) satisfactorio, pero notable sólo en ocasiones. Mientras ‘Venus in Furs’, ‘Heroin’ o ‘European Son’ estuvieron fantásticas, con un Neil Halstead al que los versos le salían de las tripas, como si fuese su propio puño el que les hubiese dado vida, e incluso en el caso de ‘European Son’ venciendo a la insoportable versión de estudio. Sí, lo siento, no soporto ‘European Son’, pero Neil Halstead ha conseguido que desde ayer le tenga más cariño. La tónica habitual fue la de no modificar la estructura de los temas. Quizás hubiese sido lo mejor, pero seguramente no hubo tiempo suficiente. Entonces, algunos temas sí se resintieron, y, contra todo pronóstico, pienso que los que más lo hicieron fueron algunos que a priori se enmarcaban mejor en el estilo de Neil. ‘Femme Fatale’ o ‘I’ll Be Your Mirror’ no aportaron gran cosa al conjunto. Hasta aquí la paja mental, agradable, pero que tampoco hubiese perdurado eternamente en la memoria de no ser por lo que vino después.

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Y es que después llegaron los putos bises. Esa cosa casi siempre innecesaria, pero que en este caso, básicamente, se convirtieron en el concierto. El momento en el que se produjo un diálogo imaginario entre Neil Halstead y el público después de que el buen hombre volviese, ya en solitario, al escenario para interpretar ‘Spin the Bottle’. A seguir:

Neil Halstead: Bueno, antes toqué un disco que me mola mucho con algunos colegas. Fue gracioso, pero a lo que yo me dedico en realidad es a ésto. 
Público: Gracias, Neil. Escuchando el nivel de lo que acabas de tocar ahora, podrías haber metido el disco del plátano en el culo.

Y fue un bis, o un capítulo dos, de los que convierte un concierto del montón en uno más que destacado. Cinco temas en los que Neil Halstead demostró que él sí tiene algo que casi nadie posee. Primero, una voz que lució mucho más que reinterpretando The Velvet Underground & Nico. Y sólo ‘Martha’s Mantra’, aunque sólo fuese eso, convirtió aquella noche en una puta maravilla. Pero es que Mojave 3 también apareció en forma de ‘My Life in Art’, haciendo que por fuerza tu garganta se convirtiese en un nudo, y ‘Full Moon Rising’ para finalizar ahogaba un suspiro, unas lágrimas, y unas irresistibles ganas de ir a abrazar a ese hombre. Gracias por la experiencia, Neil. La próxima vez déjate las versiones en casa.

**Fotos: Paula Rico

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