Una mecedora, un batín y unas pantuflas. Una chimenea a la que arrimarse y una copa de coñac del siglo pasado con la que calentar el gaznate. Más recuerdos que ambiciones, dificultad para menear las caderas pero soltura al tararear los himnos de millones de adolescencias. Un paquete de Werther’s Original pero sin palmaditas en la espalda. Poca condescendencia a pesar de mil desvaríos y otros tantos éxitos. Vuelta al pasado hoy cuando muchos profetizan que el final está cerca. Ofreciendo respuestas, desde su mecedora, retratando al bocazas con el atemporal sonido de su voz, huérfano de su guitarra.

El Rock está muerto dicen, a lo que Neil Young ha respondido últimamente de mil formas distintas: con grabaciones antiguas, con grabaciones actuales que suenan a antiguas o con formas antiguas con las que presentar ideas que suenan a antiguas. Sin embargo nada es antiguo en las manos de Neil Young, quien tuvo la capacidad de convertir en atemporal la mayor excentricidad, quien hace un par de años demostró que el drone es simplemente un desvarío de su legado más desenfrenado.

La desnudez de su guitarra o la sobrecargada vestimenta de la orquesta de Michael Bearden, las constantes se mantienen inalterables a pesar de que las magnitudes que las rodean cambien de forma radical. Sí, en soledad Neil Young tiende a ensimismarse demasiado, tiende a encerrarse tanto en sus propios inside jokes que acaba confundiendo al que no sabe nada de su impronta, acaba dejando por el camino al que no sabe que si el Rock existe es gracias a él.

Storytone es salir a bailar en pantuflas sin que nada te importe, es hacer una fiesta del pijama en la plaza del pueblo

Y esto a pesar de que a Neil Young es muy fácil encontrarle, quizás porque se mueve tan rápido que ya ha ido y ha vuelto antes de que te des cuenta, quizás porque a pesar de todo el canadiense nunca ha salido de su casa, si acaso ha dejado de atender el teléfono mientras anda visitando el jardín. Storytone (Warner Bros, 2014) es su mirada al mundo desde esa mecedora, es un alegato de salvación que pasa por la libertad de un sexagenario que es más joven que todos vosotros. Storytone es salir a bailar en pantuflas sin que nada te importe, es excentricidad antigua, es perderse en el olvido sin que sea necesario una visita de ese señor alemán de nombre Alois.

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Su quejío es el respiradero para un alma que siempre será joven haga lo que haga, ya sea visitar a Frank Sinatra y sus Big Bands o rescatando armónica y flores en el pelo. ¿Quien se levantará y salvará al mundo? La pregunta parece retórica pero no lo es, si queremos seguir rockeando en un mundo libre alguien tendrá que hacerlo. Y acabar con tanto estercolero, dejar de quemar cimientos alimentando maquinarias que no llevan a ningún lado, dejar de taladrar buscando escoria que una vez tratada no deja de ser inmundicia.

7.4/10

Parece una alegoría pero no lo es. La salvación está en nuestras manos y Neil Young nos muestra el camino. Sin sorpresas. Pero con la certeza de que, a pesar de todo, haga lo que haga seguirá siendo él. Y éste es un lastre con el que muy pocos pueden cargar. Es lo que tiene ser el dueño de todo el cotarro. Ese Don que se encierra en casa mientras sus nietos dibujan portadas en acuarela. Pero con mucho más tiempo por delante. O al menos ese es el deseo de todos.

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