Neko Case — The Worse Things Get, the Harder I Fight…

Quizás considerar que la carrera de Neko Case es de esas transiciones que definen el transcurso que media entre la adolescencia y la madurez sea evaluar de forma un tanto desmedida un proceso que, al fin y al cabo, he tenido la suerte de vivir primera mano y el cual he acabado sintiendo como mío. Lo que queda fuera de toda duda es que la cantautora norteamericana, canadiense de adopción, ha crecido emocional y artísticamente disco a disco demostrando que su Country extrae su grandeza de esa comunión generacional existente entre sus canciones y su público.

Hablo de comunión pues al fin y al cabo su crecimiento como artista ha ido en paralelo al crecimiento que sus seguidores hemos experimentado en todas las parcelas de nuestra existencia, lo cual, al fin y al cabo, significa que esa transición a la que me refería unas líneas más arriba no logra el cariz de lo descabellado sino que adquiere poso de verdad para todos aquellos que hemos experimentado esta extraña conexión.

Conexión que nacía, por extraño que parezca, en un momento en el que la ingenuidad de Neko Case era tan palpable que anteponía sus parejas, pasadas y presentes, como muro de protección frente a una fragilidad que exhibía y lucía en cada una de las canciones de su disco de debut, algunas robadas de grandes artistas del Rock y el Country y otras propias.

Esa ingenuidad de la que parecía querer protegerse siempre acababa asomando la cabeza en forma de Country angelical que a pesar de todo estaba a años luz del desempeñado por pestiños futuros como Taylor Swift, manchado aunque de forma bastante sutil y poco evidente de un espíritu Punk que, por un lado contradecía el éxito que la cantante acababa de alcanzar con The New Pornographers, pero que por otro reafirmaba unos primeros pasos en solitario que se basaban en la metodología del ‘Do it yourself’ y de una intrascendencia que no dejaba de ser deliciosa.

Algo debió suceder con el cambio de siglo, supongo se le llama madurar, pues de pronto Case se despojó de todos sus novios, o dejó de necesitarlos, y empezó a redactar una lista negra en la cual lleva añadiendo elementos desde entonces. La ruptura conceptual se dejó ver de forma palpable en la perspectiva sonora al adquirir hasta el más inocente acorde una sequedad, aridez y oscuridad que servían de marco para lo que a partir de entonces se convertiría en un alegato de reafirmación de convicciones, compromiso y feminismo activista que hasta hoy dura.

Cambio de perspectiva pero un mismo camino

Y el paso del tiempo ha ido restando sequedad y grandilocuencia al desnudo y renovador Country de Neko Case para depositarla en este 2013 en el área más cercana al Pop de toda su carrera, eso sí, sin que ello signifique el abandono de su espíritu y actitud de marcada independencia. Lejos en cualquier caso del futil pop que ahora es norma y canon y en el que se garabatean algunas de las convulsiones a las que la norteamericana ha hecho frente en los últimos tiempos.

Supongo el objetivo era precisamente el de sobreponerse a tanto obstáculo de una forma optimista y directa, a pecho descubierto y con una sonrisa por delante. Lógicamente uno echa de menos, por momentos, al olor a bourbon y tabaco de sus primeros pasos de soltería, pero la voz de Neko Case sigue tan seductora como siempre a pesar de reflejar el paso del tiempo, ya al fin más sólida y reflexiva y con menos tendencia al ‘agudismo’ bluegrass que antaño me saturaba por momentos.

La lista negra sigue llenándose de nombres y en esta ocasión su madre y los hombres en general ocupan un lugar destacado en The Worse Things Get, una página en la que el texto dice una cosa mientras el tacto sonoro nos evoca otra que, si no es opuesta, si pretende hacer de contraposición reposada al mismo.

Quizás el inicio del álbum con ‘Wild Creatures’ pueda descolocar a más de uno pues es, probablemente, el tema del álbum que más pueda recordar a tiempos del Blacklisted, desarrollándose el resto desde una perspectiva más luminosa y desnuda de pesadez atmosférica tal y como sucede con ‘Night Still Comes’ o el single ‘Man’, donde M. Ward marca el ritmo con una frenética y melódica guitarra. Momentos pausados y hasta a Capella se suceden hasta la final ‘Ragtime’ donde un manto orquestal pone punto final a un álbum más optimista en lo instrumental que en lo lírico-conceptual.

7.7/10

Sin embargo esa ambivalencia o ‘incoherencia’ no arrastra al álbum ni mucho menos pues a pesar de todo Neko Case vuelve a demostrar tener una capacidad innata para construir estribillos Pop y melodías emotivas sin importar cual sea su punto de partida. Algunos echarán de menos, yo por momentos lo hago, a la cantautora de la recién estrenada independencia, pero es de justos reconocer que, a pesar de la apuesta Pop, The Worse Things Get sigue siendo un disco tan sólido como los demás, que no le abrirá más puertas a la de Virginia pero que seguramente tampoco le cerrará ninguna. A menos que vuelva con sus novios.

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