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Night Beats — Sonic Bloom

No debe ser casualidad que, en pleno viraje de la nueva escena garagera norteamericana hacia la psicodelia menos disimulada, Night Beats titulen a su segundo trabajo con un sentido y velado homenaje a Peter Kember. Si hay un referente en el que merece la pena mirarse, ese es probablemente Spacemen 3. De la explosión al florecimiento: la tendencia natural de Thee Oh Sees o Cosmonauts era virar todavía más hacia el trance, la lisergia y el Krautrock.

San Francisco está repleta de inspiradores nombres para toda una generación de excitantes muchachos y los limites aparentemente simples y bien delimitados del Garage Rock no pueden, no deben, suponer un freno a su voracidad artística. Night Beats no son de San Francisco, son de Seattle, pero su sonido se ubica espiritualmente en la primera. Así era en Night Beats (2011, In The Red Records) y así es, así será, en Sonic Bloom (2013, Reverberation Appreciation Society).

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Porque sí amigos: hoy hemos venido a hablar, otra vez, como en las grandes noches de antaño, de lo mismo de siempre. El nunca perecedero, siempre agradecido y jamás vencido motor de combustión de todo joven que se precie de serlo: la psicodelia garagera. Oh, sí: Sonic Bloom es un disco repleto de voces reverberadas, canciones densas, canciones violentas, guitarras que se autocelebran con más frecuencia de la que deberían y a las que en ningún momento deberíamos achacarles tal defecto.

En manos de Night Beats los defectos vuelven a parecer virtudes. Hace dos años publicaron uno de los discos más inagotables de esta década partiendo de postulados previsibles y manidos. Sólo un talento melódico fuera de lo común y una energía con pocos referentes en el actual estado del pop les permitió y les permite sobrevivir a su propuesta, por lo demás tan común y escasamente original como cualquier otra que podamos imaginar.

El funk, el flow, el groove

Night Beats tienen algo que ningún otro grupo que se maneja en sus coordenadas a día de hoy tiene, ni siquiera Thee Oh Sees, ni siquiera Ty Segall, ni siquiera Woods, ni siquiera The Growlers — bueno, puede que The Growlers un poco — . Night Beats tienen el funk, Night Beats tienen el flow, Night Beats tienen el groove.

Night Beats tienen todo lo que ni tú ni yo tenemos, ni siquiera tus argumentos en su contra o los míos: tienen ese estilo arrebatador en cada guitarrazo, ese ritmo seductor en cada línea de bajo, esa sensación de estar por encima del mundo en cada fraseo. ¿Es acaso la chulería lo que nos ha llevado de aquel dignamente aclamado Night Beats a este Sonic Bloom cada vez más adentrado en la psicodelia espacial? Puede ser. Night Beats suenan tan arrogantes y seguros de sí mismos que se pueden permitir cambiar para que nada cambie, algo de lo que deberían aprender, y desde aquí se lo recomendamos con entusiasmo, The Spyrals.

https://www.youtube.com/embed/8oFR_NMomJ0

Sonic Bloom es cambiar de sombrero para seguir posando igual ante el fotógrafo. Una jugada maestra ejecutada con una naturalidad pícara sólo al alcance de quien se sabe el mejor o, más aún, de quien se cree el mejor. ¿Hay algún otro modo de explicar la tremenda sobrada que se marcan en ‘At the Gates’, saxofón incluido? Para mí no. Night Beats son el amor eterno de una noche de verano: desde el arrollador comienzo de ‘Love Ain’t Strange (Everything Else Is)’ hasta los siete minutos deslavazados de ‘The New World’.

8.5/10

Un mundo nuevo construido exactamente desde estos mismos cimientos: no se trata de hacer algo radicalmente nuevo sino de hacerlo mejor. Night Beats, al igual que los grupos que en Hipersónica tanto adoramos — ya sabéis a cuáles me refiero — , lo han comprendido a la perfección. Están por derecho propio en la liga de los grupos más divertidos y excitantes del momento. Y Sonic Bloom es su punta de lanza. Basta ya de escudos, dejaos atravesar.

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