Niño de Elche en concierto en el Teatro Arniches (06–03–2016): atiende, Alicante

Asistir a un concierto de Niño de Elche sigue siendo hoy un auténtico reto, te guste o no lo que hace. Su propuesta, cada vez más llena de contenido y cada vez más compleja por los géneros y estilos que va dejando a su paso, suele desbordar cuando se ejecuta en directo. Y así lo presenciamos todos los que asistimos el pasado domingo a uno de los platos fuertes del necesario ciclo de conciertos alicantino Atiende Alicante, que cada año tiene carteles de mayor calidad y que está dando una gran vida musical a la ciudad en los últimos tiempos. Y también tenía ganas de estar por su tierra el ilicitano Francisco Contretas: Niño de Elche. Así lo expresaba con la complicidad entre los asistentes y con esa ya habitual camiseta que selecciona meticulosamente para sus bolos. Esta vez con un ‘ací em pariren i ací estic’, frase de Vicent Andrés Estellés.

Empezó la actuación con el tema que cierra Voces del Extremo (Telegrama, 2015), ‘Canción del Levantado’, de Enrique Falcón, una de tantas voces del extremo a las que Niño de Elche dedicó el disco y que nos presentó en directo. Se trata del tema más experimental del disco, quizá por eso es la encargada de cerrar. O no, pero de lo que no hay duda, es de que el hecho de que sea la elegida para abrir el concierto no es casual. Es una declaración de intenciones, una muestra del artista vanguardístico que hoy es. Poco más de diez minutos de experimentación — casi música concreta — , de juegueteo con el mástil por parte de Raúl Cantizano y su guitarra y de Darío del Moral (Pony Bravo) con las frecuencias de su Korg. Y cómo no, también del propio Contreras, que con los pedales encuentra unos aliados perfectos para filtrar su portentosa voz.

Y después de la inquietante interpretación de Falcón, llegó el color y la alegría musical — la lírica va por otros caminos — de ‘Mercados’, uno de los mejores temas del disco. Y de nuevo, una exhibición del armazón musical que forman los tres cuando se juntan sobre el escenario, ya sea con ese ritmo hipnótico inicial que empieza Cantizano y al que después se le suma del Moral con el bajo; el ambiente del teclado y, sobre todo, la voz de Niño de Elche, que inundaba todo el Arniches. Desplegada ostentosamente en el momento en que Dios regresaba a la catedral después de años. Asimismo, tanto en este como en el resto de los temas, seguía mostrando su amplio registro vocal, ya fuera con esos ah-ah-ah-ah infinitos mientras bailaba con la postura de la grulla, las sorprendentes bajas frecuencias a las que llega, forzando sus cuerdas vocales, o su forma de explotar el potencial de algo tan básico como un micrófono.

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Entre los aplausos y las canciones, interactuaba con el público, cómodo, cercano; jugaba casi en casa, aunque se le notaba con la voz algo afónica — cuatro días seguidos vaciándose en directo — . Cualquiera lo diría después de ver la actuación, aunque da igual, había que aprovechar para agradecer el papel de Darío y Raúl, quienes le acompañan en la interpretación del disco en directo, aunque sean más quienes han participado en su elaboración. Y es lógico el agradecimiento, pues viéndoles sobre el escenario se entiende cómo la experimentación y variedad de la que goza Voces del Extremo ha sido posible. Si es preciso, se utilizan un par de molinetes de madera para la guitarra, un cacharro para golpear el puente y un arpa de violín para el bajo. Todos esos artefactos, sumados a la voz de Contreras, hacen posible que ‘Canción de corro de niño palestino’ te transporte a Medio Oriente con una interpretación tan desoladora y real como la situación que allí se vive día a día.

Después de rajar un poco de los grandes partidos, el eurocomunismo, el poder y de agitar un poco las conciencias ajenas, llegó el turno de exhibir de nuevo el amplio discurso que maneja el disco y enchufar el Motorik para tocar ese sonoro ‘Que os follen’ dedicado a todos esos agentes. Tras el bis, nos fuimos con el pelo de punta tras la interpretación de una emotiva ‘Informe para Costa Rica’ con el precioso y único sonido de la guitarra clásica y con esa melodía sexy del bajo. Cómo no, otra sonora y merecidísima ovación y aplausos en pie por una cita de más de una hora en la que tuvieron lugar la experimentación sonora conjugada con la cultura popular y las voces del extremo. Un rincón que Atiende Alicante nos regaló para disfrutar de arte en su máxima expresión, sorprendiendo en las formas y agitando con el contenido. Gloriosa vuelta del exilio.

FOTOS | Alejandro Tévar

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