Niño y Pistola — There’s A Man With A Gun Over There: matemos a los jefes

Hay muchos motivos para matar a tu jefe. Cargarte con el trabajo de otros podría ser uno. Que siempre prometa que te recompensará por las horas extra, otro. Probablemente, muchos hemos querido asesinarle cuando nos ha corregido en algo en lo que sabemos que no tiene ni puta idea. O todas las veces que ha dicho que haría esa carta de recomendación para nosotros y se ha hecho el longuis. El caso es que siempre hay motivos y hoy por hoy, #conlaqueestácayendo, vaya si los hay. Los hay a patadas. Niño y Pistola nos trasladan con su cuarto disco, There’s a man with a gun over there, al sur de EE.UU. tierra de vaqueros y gente con cojones, para contarnos la historia de un hombre que aunó el valor necesario para saldar de un tiro este problema que nos es tan familiar.

Tom the killer

El disco, está concebido en dos partes bien diferenciadas y fuertemente cohesionadas entre sí. En palabras de los propios Niño y Pistola: “como el Thick As A Brick de Jethro Tull, pero 40 años después”. La cara a nos describe el lugar de origen de Tom (‘Deep In The Fall’), su trabajo como jornalero (‘I Used To Drive A Truck’) y el día en el que se hartó de trabajar duramente para otro y decidió comprar una pistola (‘Fifty Dollars In My Hand’). Prosigue esta primera parde con el vibrante relato de los hechos, el imponente single de adelanto ‘By The Grace of God’; finalizando con la captura y el ingreso en prisión del pobre Tom en ‘And the Rain Started’.

Cuentan los de Baiona que el proceso de composición del disco se ha basado principalmente en la intención de que los cortes sonasen como un continum y no como temas por separado. En lo que respecta al sonido, las referencias son tan claras como en su anterior trabajo, As Arthur & The Writers, empezando por el propio nombre del álbum, un verso del For What It’s Worth’ de Buffalo Springfield y terminando por el permanente aroma al Neil Young del Zuma y a The Band. Los propios Niño y Pistola reconocen todas estas referencias y reividican sin pudor alguno su trabajo como un disco de apología del rock.

Hay un hombre con una caja de latón, justo ahí

Con la colaboración del ya habitual a los teclados, Charlie Bautista y Álvaro Lamas a la guitarra steel, la segunda parte del disco suena instrumentalmente más poderosa, abriéndose con Tom de regreso a casa tras diez años de prisión con ‘Back In The Years’. ‘Indian Song’ suena, como era de esperar, a los Beatles post-Mahesh Yogi, evocándonos la desolación de un hombre que vuelve a su antigua casa ya en ruinas. Suena Bautista al harmonium y la historia prosigue con nuestro protagonista siguiendo sus impulsos (‘Follow The White Stones’) hasta una vieja caja de latón (‘Box of Brass’) en la que descubre el único tipo de redención que puede hallar un hombre: conocerse a sí mismo.

A estas alturas no quedan dudas, Niño y Pistola han conseguido lo que se proponían: contar una historia a través de unos arreglos comunes, embeberla toda ella en ese revival marca de la casa y añadirle unas potentes dosis de electricidad, harmonium y ritmo sureño. Sin embargo, el plato fuerte de There’s A Man With A Gun Over There llega al final, con una increíble coda de más de seis minutos en la que se termina de conectar esta historia en teoría alejada en el espacio y en el tiempo, con una más cercana que, por desgracia, viene a ser más o menos la misma.

La gente permanece sobre sus rodillas bajo el agua / mendigando y mirando hacia el suelo / detrás de un letrero de papel hecho a mano, avergonzada / por tener que pedir ayuda / La televisión está llena de políticos / Dicen que van a encontrar la salida, / pero todo el mundo está cansado de mentirosos / y palabras vacías

7.5/10

Es cierto que hay muchos motivos para matar a los jefes, a los reales, a los que día a día vamos identificando entre todos. De eso va ‘We’ve Had Enough’ y de eso va en general, el estupendo cuarto trabajo de Niño y Pistola, de la búsqueda de la dignidad, de todo lo que nos hace ser lo que somos aún cuando todo lo que una vez llamamos país se destruye ante nuestros ojos. Una dignidad común, pero también particular, que en el caso de los gallegos se cimienta sobre unas referencias obvias que ellos han decidido defender y disfrutar con honestidad. Así pues, que el tiempo les guarde en una vieja caja de latón por muchos años más.

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