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Niños Mutantes — El futuro

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A lo mejor es de los que no se nota. De los que llega a la oficina, como cada día desde hace treinta años, da los buenos días en bajito, se sienta, y hace su trabajo. Puede que no sea el tipo más prometedor de la empresa, pero tampoco es uno de esos (de tantos esos) a los que la edad se le ha ido convirtiendo en desmotivación, de los que se levanta mil veces para echar el cigarro, como excusa para no rascarla. O de los que cae muy bien, pero a costa de pasarse la mañana de cháchara con todo el mundo. No. El hombre éste es de los más viejos del lugar, pero siempre cumple. Pulcro, sin florituras. Hace su trabajo, lo hace bien, y se va a su casa, con su familia si es que la tiene. Niños Mutantes son ese hombre de la oficina. El futuro es su noveno Lp (difícil me resulta pensar en un grupo estatal que haya utilizado más los Ep’s como vía de expresión). Si me preguntáis, nunca hubo nada a la altura de El Sol de invierno, y de aquello hace más de una década. Pero Niños Mutantes siempre hacen su trabajo, no se escaquean. Y lo hacen bien.

Niños Mutantes: acomodados en el buen hacer

El futuro merece un aplauso sólo por haber sido editado. A estas alturas, en el mundo pseudoamateur de la música independiente por estos lares, que alguien tenga las santas narices de llegar a grabar un noveno disco ya tiene lo suyo. Que además siempre lo hagan con una solvencia suficiente, casi una excepción. De sus compañeros de quinta, quedan muy pocos que se sostengan con dignidad real, y si no me creéis, escucháos los últimos discos de La Habitación Roja. Niños Mutantes no. Los granadinos, obviamente, han perdido por completo la capacidad de sorprendernos. Sus canciones suenan a otras que ya hemos escuchado en ellos en otras ocasiones, pero eso no debe confundirse con un descenso de prestaciones. El nivel sigue estando un pasito por delante del cinco raspado, pero cuando miramos atrás, la sensación de inmovilismo no puede dejar de preocuparnos. Poco reproche, pero también poca sorpresa. Instalados ahí, en la zona noble, sabiendo que ellos no van a descender de categoría, pero que eso de jugar en Europa se les queda grande.

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El futuro es un título bastante ambicioso. Veteranos mirando al futuro, dando a entender que eso de pensar en colgar las baquetas no va con ellos. Riff fresco en ‘Robot’, el corte que abre el disco, y letra que, sin embargo, mira con cierta frustración al pasado, con excusa pretérita, con la certeza de que ese futuro no es para mí, que estamos más a gusto imaginándonos cómo la banda sonora de La historia interminable, en boca de Limahl se va adueñando de nuestra mente. Comienzo decente que precede a esos medios tiempos que son la apuesta más habitual de Niños Mutantes. ‘Sto. Domingo’ nos deja más o menos como estábamos, y ‘Barronal’ nos inquieta algo más, consigue, desde la desdicha, encontrar más inspiración, destacar más. Entre medias, ‘Hermana mía’ haciendo ruído, como single que dio a conocer El futuro. Niños Mutantes con su terquedad eterna por no perder de vista las pistas de baile. Parece que esa es una constante en El futuro. Un par de temas de los que intentan seducir sin levantar la voz, y otro intercalado en el que buscamos que muevas el culo.

El futuro: Yo tomaré lo de siempre

Un tira y afloja, un movimiento perpetuo por lugares comunes, por circunstancias familiares en las que nos encontramos cómodos. En las que ‘Todo va a cambiar’ suena, ni más ni menos, que a Niños Mutantes, incluso si Juan Alberto Martínez no cantase ni una sola palabra. Sonido Niños Mutantes. Si utilizamos ese término, imagino que muchos objetivos se han ido consiguiendo. Pero los cortes descafeinados, los que nos hacen caer en la cuenta de que al final El futuro al completo es menos llamativo que algunos de sus retales, también llegan. ‘Boomerang’ aburre. Podríamos intentar decirlo de otra forma, pero lo cierto es que aburre. Ni siquiera tiene ese ritmo pegadizo (incluso a pesar de ser manido y nada ocurrente) de ‘Huesos’, que agrada. Sin excesos, pero agrada. ‘Es lo que hay’ nos despierta del letargo. Un estribillo pegadizo, muy poco trabajado pero total para qué, unos uoo, uoo, uooó, y todo vuelve a su sitio, a la normalidad. A no dejar nada para septiembre.

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Se agradece, entonces, que lleguen temas como ‘El circo’. Un giro en los acontecimientos, un sabor más rudo, más seco. Más suciedad, un soplo de aire fresco cuando bajamos a la penumbra de lo subterráneo, de lo degenerado. Y es lo último realmente destacable, antes de que se enlacen dos temas finales con tendencia a la poca significancia, sólo en momentos contados de ‘La epidemia’. Se acaba un disco que nos ha dejado buen sabor de boca, pero exactamente el mismo sabor que esperábamos de antemano, sin apenas sorpresas que te aceleren el pulso. Tampoco que hagan decaer tu buen concepto general sobre Niños Mutantes. Esto es lo que hacen, lo hacen bien, y, por lo visto, no piensan moverse un ápice mientras la cosa vaya funcionando. Al final, en esto de vivir a diario, las rutinas siempre son necesarias y hasta, a menudo, se agradecen.

5,83

Niños Mutantes — El futuro

  • 01. Robot
  • 02. Sto. Domingo
  • 03. Hermana mía
  • 04. Barronal
  • 05. Todo va a cambiar
  • 06. Boomerang
  • 07. Huesos
  • 08. Es lo que hay
  • 09. El circo
  • 10. La epidemia
  • 11. Olvídate de tí

Lo mejor

  • Sus compañeros de promoción han envejecido peor, están más feos y gordos
  • ‘Hermana mía’ da fe de que siempre tienen a bien acordarse de hacernos bailar
  • Nueve discos, ningún suspenso

Lo peor

  • Tener la sensación de que llevan diez años sin evolucionar ni un paso
  • El próximo disco será igual que éste
  • Los singles de algún disco previo eran más eficaces que en esta ocasión

Niños Mutantes en Hipersónica

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