No te metas con James Brown, no te metas con superbad

¿Te imaginas a tu jefe diciéndote: “Maceo, sígueme” para al instante oírle balbucear como un bebé: “gun gan ga gan gu gan gu”. James Brown lo hacía con su saxofonista estrella, Maceo Parker, en octubre de 1975, año en el que el Padrino del Soul decidía terminar una nueva etapa en su carrera.

El Blaxploitation llegaba a su fin. La reivindicación negra a través de bandas sonoras para el nuevo Western repleto de estereotipos había dejado tras de sí discazos como Black Caesar (Polydor, 1973), Slaughter’s Big Rip-Off (Polydoy, 1973), The Payback (Polydor, 1973), Hell (1974, Polydor) y Hell (Polydor, 1974).

Lejos de apagarse, James Brown había encontrado otra vuelta a su Funk. Más crudo, duro y visceral. De aquellos 60 de hit instantáneo de dos minutos a una nueva revisión de ‘Papa’s Got a Brand New Bag’ en Everybody’s Doin’ the Hustle & Dead on the Double Bump (Polydor, 1975). El Funk comenzó aquí y él tenía todo el derecho a seguir estirando el chicle. Él seguía recreándose en ‘Superbad, Superslick’, tema incluido en dicho álbum:

Watch me, watch me, I got it, watch me
I got it, yeeah, I got somethin’ that makes me wanna shouta
I got somethin’ that tells me what it’s all about
Huh, I got soul and I’m super bad.

Pero por más que él vendiese una imagen, los brillos del pasado iban desapareciendo. La música había cambiado. El público había cambiado. Él no. Las listas de ventas empezarían a alejarse, hasta tal punto de no pisar la lista masiva de Pop estadounidense con dos de estos nuevos temas: ‘Hustle!!! (Dead on It)’ y la primera parte del mencionado ‘Superbad, Superslick’ se quedaron fuera; sí que tuvieron su sitio en la lista de R&B, puesto 11 y 28 respectivamente. La primera vez que le pasa en toda su carrera que ninguno de los singles del álbum lograsen dicho reconocimiento.

En 1975 James Brown se tiene que limitar a ver cómo sólo con su revisión de ‘Sex Machine ‘76’, incluida en el álbum Sex Machine Today (Polydor, 1975) — otro ejemplo de que la máquina empezaba a pararse — , lograba llegar a la lista de Pop con un discreto puesto 61.

Puede que la sociedad se hubiese cansado de este sonido, puede que Elton John estallase en 1975 con nada menos que tres álbumes en el número 1 de la Billboard 200, puede que el relevo fuesen nombres como Chicago, Earth, Wind & Fire o The Isley Brothers. De una forma u otra, a James Brown le habían quitado el sitio y empezaba su declive.

Ahora, hay muertos que se ganan el derecho a enterrarse ellos mismos, y James Brown era uno de ellos. ¿Qué mejor que comenzar su apagón comercial con un álbum que invite al baile, que pase de su etapa más social (también aprovechando el momento) y vuelva a la vitalidad con la que había despedido los 60 y comenzado en los 70?

james-brown-disco-hustle

El Disco comercial llegaba arrasando, partiendo del poso que habían dejado artistas como James Brown pero buscando a los jóvenes, olvidándose de los padres, como toda nueva moda moderna envasada al vacío. Estos, los padres con el negocio montado, su tren de vida y sus hipotecas, tenían que intentar no perder el tren. De ahí que el título de este álbum sea como el lobo con piel de cordero. Vosotros, chavalada, haced el hustle — baile disco — , bailad el tema de Van McCoy que hizo número 1 en abril de 1975, pero escuchad lo que es bueno, escuchad a quien sabe hacerlo bien.

El Funk de Brown se resistía a dejar paso a los sintetizadores lánguidos del Disco, a los vientos y esas cortinillas de polvos edulcorados. Brown decía bailar Disco, pero lo hacía con sus mismos temas del pasado a los que añadía otros nuevos con la misma fórmula e intensidad. La sexualidad rapeada de ‘Turn On the Heat and Build Some Fire’ viene con los bajos gordos de Bernard Odum y Fred Thomas, el trombón de Fred Wesley antes de que éste se fuese, con algunos de los últimos soplidos de Maceo Parker y con Bob Both en las mezclas, mientras que Brown mantenía la producción.

El Padrino del Soul cantaba que “no necesitaba a nadie más”, que quería “besarse a sí mismo”, al tiempo que intentaba que los ojos masivos siguiesen prestándole atención, pero estos ya estaban mirando a otra parte desde hace unos años. La caída sería brusca, pero seguirían llegando auténticas joyas por el camino en una etapa que se suele considerar erróneamente como muy pobre en calidad — Hot (Polydor, 1976) y The Original Disco Man (Polydor, 1979) no hay quien los salve. Y es que él seguía siendo “superbad”. A superbad no le pises la capa que se levanta aún más fuerte.

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