Claro que otros mucho sí. Como por ejemplo los cuatro jinetes del apocalipsis. Cada banda, cada músico tiene sus propios motivos a la hora de embarcarse en esa búsqueda del dorado, algunos del económico y otros del de la satisfacción por la experimentación, por la apertura de fronteras de la propia propuesta, del propio sonido. A algunos les ha salido bien, a otros mal y a otros fatal, pero esta búsqueda, esta transición desde la música de tintes extremos hasta terrenos más favorables para el gran público ilustra en parte alguna de las páginas más brillantes de la música popular reciente, o al menos de esa música de la que tanto nos gusta hablar en esta casa.

Como os decía, esta es tanto una historia de prostituciones concretas como es la historia del mundo del Rock desde que se convirtió en un sonido global, en un negocio global quiero decir. Todo hijo de vecino quiere ser estrella, no tanto por la satisfacción personal de que la gente le escuche (que también) sino por poder tener un Lamborghini aparcado en la puerta y una rubia siliconada en la cama. Lógicamente no todos entran en la música con esta aspiración ni todos dan bandazos por lo mismo, pero desde que el hombre es hombre y el perro es perro la ambición es el principal motor, es el principal motivo por el que se quiere más y mejor, ya sean más ventas, más aplausos o más gramos de farlopa que pasarse por la pituitaria.

Si no es por dinero, ¿por qué lo hicieron?

En cualquier caso, no es mi única intención lanzar a los perros a esas bandas que ‘experimentaron’ para conseguir llegar a más público y con ello lograr más ventas y con ello usar ropa interior más cara (los que la usen, que guarros hay de todo tipo). Hay que hacerlo, claro, pero estaremos de acuerdo en que es mucho más sano reparar en lo contrario, relatar también la historia de aquellos que lo hicieron arriesgando la integridad, la imagen de su banda solamente por el ‘¿y si cambiamos esto y aquello a ver qué nos sale?’. Claro, este último entrecomillado es banalizar este paso hacia la experimentación, hacia la apertura de fronteras y la disolución de géneros pues normalmente esto no es fruto de un arrebato sino un movimiento premeditado de un fluir natural de los acontecimientos, de los matices que caracterizan a la banda en cuestión disco a disco, de proceso de composición a proceso de composición.

https://www.youtube.com/embed/G-Bn_kD6QN4

Generalmente es más efectivo pensar con la cabeza que hacerlo con el bolsillo (a menos que seas Metallica y acabes haciendo giras como si fueses los Rolling, claro). Algunos han abierto nuevas sendas sin pensar en el dinero o al menos eso es lo que dan a entender los descalabros posteriores. Descalabros que puede que años después hayan acabado convertidos en canon por crítica y público, y no tanto por el hecho de que el tiempo repare heridas, que también, sino porque a veces el descalabro acaba dando origen a nuevos géneros, a nuevas formas de entender un planteamiento que finalmente se acaban estabilizando.

Esta no es una historia muy larga pues tampoco lo es la historia del Metal y los virajes estilísticos que consecuentemente la suceden. Ahora bien, es una historia apasionante en la que solo sobreviven los más fuertes, los que acaban demostrando que el cambio y la experimentación son una entidad irrevocable personalizada por el talento y la ambición del músico en la composición, quizás viendo lo que sucede a su alrededor y queriendo ser partícipe de determinados éxitos crecientes, pero siempre pensando más en lo artístico que en lo monetario.

https://www.youtube.com/embed/jkJEvpwDBXY

Como definitivos creadores (o al menos eso dice el consenso) de este mundillo que es el Metal, Black Sabbath fueron los primeros en recorrer el camino que va desde el mundo del Metal hacia el del Pop, y encima fueron los primeros en despeñarse por un barranco. Años después llegaría el auge del Glam Rock, el Glam Metal y ese empeño en acercarse al mundo del AOR desde la perspectiva de la banda de Metal mainstream del momento, pero hay que reconocer que los primeros en recorrer esta senda no fueron Metallica sino las huestes de Tommi Iommi y Ozzy Osbourne, no con el éxito de Def Leppard, Ratt o Bon Jovi como acicate, sino con el éxito de Queen como envidia. La hostia fue tan dura que Black Sabbath solo lograrían levantarse fichando un nuevo vocalista y, eso sí, pagando el peaje de seguir coqueteando con el mundo del Hard Rock de la mano de DIO, pero no lo fue tanto como para disuadir a otros incautos, de evitar que otros necios siguiesen una senda similar.

Los ochenta tienen la culpa (para mal y para bien)

La década de los ochenta, con sus cardados, sus lacas y sus mechas y la respuesta a todas ellas en forma de Rock independiente o Grunge en su proximidad al Metal y al Punk, supuso unos años de lapso en esto de la transición de un extremo a otro y una ramificación en una infinidad de estilos que, al fin y al cabo, hace inabarcable esto de acotar las derivas estilísticas que tienen a los géneros extremos como raíz y al mundo del mainstream como meta posible.

En los ochenta no solamente se encuentra la causa por la cual Metallica, Megadeth y Anthrax (como algunas de las bandas de Metal más vendedoras esos años) abrazarían el Grunge o el mal llamado Rock Alternativo unos años después, sino que también encierran el por qué algunas bandas que comenzarían haciendo Death o Black Metal han acabado en el mundo de la Electrónica, el Ambient o el Rock Progresivo. Pasada la magia de los setenta, es en los ochenta donde se encuentra la razón de la diáspora, la causa de la disolución de fronteras y la expansión de sonidos, en parte motivada por la globalidad comercial alcanzada por el mundo del Rock, pero también por el sentimiento contestatario y transgresor que caracteriza a esos años, y que acabaría trasladándose del mundo de lo político al de la creación artística en mil y una disciplinas.

https://www.youtube.com/embed/Pk66CpMZti8

Menospreciar a los años ochenta es un error en el que yo mismo caigo más de lo que debería. En esos años se encuentra la razón por la cual alguna de las bandas más importantes de la actualidad lo son abandonando los géneros con los que comenzaron en esto de la música, y esto no es solo una cuestión meramente temporal, sino que, como digo en el párrafo anterior, en ellos se encierra la raíz de esa globalidad que no solo generó ambiciones en lo económico sino también en lo artístico.

En la década posterior comenzarían las hostilidades de la mano de bandas ya citadas y de otras en las que repararé en el próximo post, siempre comenzando en sonidos de corte extremo y caminando hacia terrenos más accesibles pero no por la accesibilidad persé, sino en busca de una versatilidad que solo muchos años después géneros como el Black Metal ha acabado alumbrando, casualmente en unos años en los que citar al dinero cuando nos referimos a expansiones sonoras o dulcificación de propuestas es una estupidez supina (¿verdad In Flames?)

Agarraos pues llega el momento de hablar de cosas concretas, bandas concretas y discos concretos. Llega el momento de hablar de quién triunfó gracias a abandonar el Metal Extremo y por qué. Solo tenéis que esperar unos días.

(Continuará)

Más en Hipersónica