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Nudozurdo — Rojo es peligro


Me imagino que cada uno tendrá su visión de las cosas, pero yo busco dos finalidades en el arte en general, y en la música en particular. Bien que me haga sentir cosas, en el caso de las más ambiciosas, bien que, cuando menos, me entretengan. Aunque hace años tenía al mero entretenimiento como un objetivo menor, con el tiempo he ido ampliando las miras (y los gustos, quizás), y he aprendido a valorar muchos discos que nunca tendré preparados para llevarme a una isla desierta pero que, ponga cuando los ponga, me hacen pasar un buen rato. Por eso, por todo eso, en el fondo lo único que no acabo de conseguir perdonar en un disco es que me aburra. No ya que no me parezca trascendente en absoluto, sino que ni siquiera me entretenga lo más mínimo.

Rojo es peligro: aburrirse es morir

Rojo es peligro (Everlasting, 2015) es el nuevo disco, cuarto para ser precisos, de los madrileños Nudozurdo. Y me aburre. Mucho. Tanto que acabo considerando eso como un contra mucho mayor que lo poco (lo nada, vaya) que me gustó ‘El grito’, su single de presentación. Esos sintetizadores histriónicos inundándolo todo de un enervante desorden. Pero al final haces algo, ocurre algo. Incluso aunque no sea de tu especial agrado. Están pasando cosas. Y Rojo es peligro tiene cosas que pasan un poco al principio. Alguna de ellas, como ‘Felicidad réplica’ consiguen atraparme, gustarme lo suyo. Por eso, aunque la experiencia de apertura con ‘Carpinteros del mal’ no fuese nada que me quitase el hipo, las esperanzas de que Nudozurdo siguiesen sin decepcionarme nunca estaban ahí.

https://www.youtube.com/embed/pS8U7OeCPr0

Pero no. Al final me aburro. Bueno, en realidad Rojo es peligro me aburre ya desde ‘El grito’ en adelante. Es un trabajo que apaga tus interruptores internos y no consigue que se activen en momento alguno. Por mucho que uno intente empatizar. Por mucho que quiera encontar algo que me envuelva. Rojo es peligro es un disco que hace especial daño si partes del convencimiento de que Nudozurdo es de esas bandas que siempre te han gustado, que siempre han conseguido atraerte lo suficiente como para tener su discografía siempre a mano. Para recuperar su oscuridad en alguna que otra ocasión, aprovechando a saber qué excusa. Cualquiera era buena. Decía Leo Mateos que, al final, los sintetizadores habían acabado dominándolo a él. Y no sé si ha sido así, pero desde luego han secuestrado temas que podrían llegar a ser dignos, como ‘Bucles dorados’, que abre el principio del fin, en el tercer tema.

3,7/10

Una vez superada esa cuesta casi insalvable, cuando consigues quitar al coche del barrizal donde las ruedas no se movían al pisar el acelerador, intentas recuperar la compostura, abofetearte un poco la cara para ahuyentar el sueño… vuelves a querer parar el disco. ‘Debo ser un robot’ no podría tener mejor título, y el cierto encanto de ‘Estética de tiempos’ no es ni de lejos suficiente para compensar lo previo. En definitiva, el experimento ha salido mal. Rojo es peligro es un disco que olvidarás nada más se acabe, y decidas pasar a otra cosa, a otro disco. Por suerte quedan los previos.

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