Opeth — Blackwater Park (2001): paso a paso hasta sobrevolar el cielo

De las cosas que más marcan el desarrollo y la vida de una persona, probablemente las relaciones sean de las más importantes. Muchas relaciones pueden salir mal y resultar dolorosas, pero aprender de ellas nos ayuda a crecer y madurar como personas. No obstante, muchas relaciones positivas son las que terminan definiéndonos como seres humanos y, por supuesto, son en las que más cariño depositamos.

Por desgracia, no todas las relaciones buenas duran eternamente. Algunas, aunque de tan magníficas que fueron que nos dejaron los mejores momentos de nuestra vida, se terminan enfriando y el contacto se pierde. Sin embargo, de repente encuentras algo que te recuerda esa relación y revives algunos de los mejores momentos que te ha brindado. Y sonríes al recordar tanta felicidad sin llegar a pensar en ningún momento el tiempo que ha pasado desde entonces. Todos hemos tenido de ese tipo de relaciones, ya sea con personas como con cosas tangibles o, como en este caso, con música. A mí me pasa muy a menudo con Blackwater Park.

Blackwater Park, la quintaesencia del sonido Opeth

Hasta el momento, la trayectoria de Opeth consistía en una serie de pasos firmes y hacia adelante para ir desarrollando su sonido. Desde Orchid fueron buscando como favorecer la simbiosis del Metal Extremo y de la música Progresiva, ambos pilares fundamentales de su música, encontrando mejor la coexistencia entre ambos a medida que iban subiendo también la calidad de su trabajo. Así, se dejaron el listón altísimo en 1999 con Still Life, pero la ambición de este grupo mostraba que no entienden de listones, sino de seguir derribando fronteras.

El primer paso para seguir llevando lejos el nombre de Opeth dentro del Metal fue mediante el fichaje de Steven Wilson a la producción, ayudando a la banda a sacar más jugo al sonido desde el estudio, puliendo aquí y allá, dando claves y técnicas para la producción y, además, grabando algunos instrumentos y voces. A efectos prácticos era casi el quinto miembro de Opeth. No obstante, quien verdaderamente llevaba la voz cantante seguía siendo Mikael Åkerfeldt, componiendo casi la integridad de este álbum (‘Dirge for November’ y ‘Blackwater Park’ las compuso junto al guitarrista Peter Lindgren).

Sobresaliendo en sonido, evolución, técnica y composición

La formación volvía a ser la misma que firmó el exitoso y brillante Still Life, con el citado Lindgren como guitarrista, Martin Mendez, que había debutado en el anterior disco, como bajista y esa imparable máquina que es Martín López mostrando su fabulosa destreza con las baquetas. Ya sabéis que si algo funciona, lo mejor es no cambiarlo mientras aún pueda seguir dando éxito (ejem, toma nota Del Bosque). Pero el continuismo férreo estaba lejos de la cabeza de Åkerfeldt, que buscaba seguir llevando la calidad y el sonido de esta banda hasta límites al alcance de muy pocos grupos.

Lo bueno de una discografía tan buena como la de los suecos es que cualquier disco puede ser nuestro preferido. Cronopio en su momento defendía con fuerza su preferencia por Morningrise y Chico de Pexiglás calificó Still Life como su mejor disco hasta la fecha y el que tenía mejor sonido (esta última es una opinión bastante mayoritaria). Ambas elecciones tan válidas como los que profesan su amor por Damnation, por Ghosts Reveries o, como sucede en mi caso (y en el de muchos), por Blackwater Park.

Me sería fácil recurrir a argumentos como la exquisitez técnica mostrada en cada pasaje, en cada acorde que Åkerfeldt interpreta mientras el resto, más que acompañar, le complementa para fortalecerlo, o alabar ese sonido tan pulido y cuidado alcanzado gracias a la mano de Steven Wilson desde los mandos de producción. No obstante, eso sería quedarse en lo superficial en un disco que, en lo personal, tiene una dimensión única e irrepetible. Si algo hace destacar a Blackwater Park sobre el resto de trabajos de Opeth es en un aspecto que transciende lo meramente musical: la capacidad de emocionar.

No, no digo que Blackwater Park que nos saque la lágrima fácil, nada más lejos. Hablo de la habilidad para ponernos los pelos como escarpias en algunos pasajes, de dejarnos estupefactos e impresionados con algunas progresiones, de hacer estribillos o riffs capaces de quedarse atrapados en nuestra memoria. Nada pasa indiferente por nuestros oídos porque todo suena impactante, brillante y sobrado de clase, por lo que hoy pocos momentos en los que nuestra mente desconecte del disco porque este termina absorbiendo toda nuestra atención.

Sin embargo, conviene destacar estos logros vienen propiciados por estar sustentados en una base inquebrantable y fabulosa. Aquí encontramos la perfecta comunión entre música extrema, progresiva e incluso Folk (el Folk de bosques escandinavos, no el de tristes con corazón roto por una chica random), con una colección sobresaliente de canciones. ‘The Lepper Affinity’ abre poniendo la carne en el asador a base de un riff endemoniado pasando a un solo de locura para luego romper a mitad de tema a base de acústicas, simulando una especie de calma entre tempestades. Un tema que bien nos puede servir para resumir lo que podemos encontrar en la sublime ‘Bleak’, una de las mejores piezas del grupo, en ‘The Drapery Falls’ o en ‘The Funeral Portrait’. Incluso ‘Patterns in the Ivy’, que son sólo menos de dos minutos acústicos, suena de maravilla y fortalece aún más el conjunto.

Blackwater Park es un disco al que no recurro todas las veces que querría o debería, pero siempre que lo hago termino con la misma satisfacción de la primera vez, con el añadido de que cada escucha me ha ayudado a interiorizar más y más el álbum, a ir viéndole cada vez nuevos matices y a mejorar mi percepción sobre las canciones. No lo voy a negar, fue y es un álbum fundamental en mi crecimiento musical y como tal siempre tendrá un valor añadido que, no ya sólo como de los mejores discos de Opeth, sino uno de los mejores discos que he escuchado jamás. Sé que muchos veréis desmesuradas y excesivamente personales mis palabras (a pesar de que seguro habrá muchos otros en mi posición), pero uno no puede decir menos de uno de sus álbumes de referencia. Si no os gusta, tengo otros.

10

Opeth — Blackwater Park

Opeth

Blackwater Park

  • 01. The Leper Affinity
  • 02. Bleak
  • 03. Harvest
  • 04. The Drapery Falls
  • 05. Dirge for November
  • 06. The Funeral Portrait
  • 07. Patterns in the Ivy
  • 08. Blackwater Park

Lo mejor

  • Mejorar en sonido y en calidad a un disco tan sobresaliente como Still Life
  • La consumación de una carrera que empezó a lo grande y seguía creciendo a cada paso
  • El trabajo de producción de Steven Wilson
  • Las canciones. ‘The Leper Affinity’, ‘Bleak’ y ‘The Funeral Portrait’, por ejemplo
  • La portada es fantástica

Lo peor

  • Nada
  • No escuchar este disco tanto como me gustaría

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