Opeth — Ghost Reveries (2005): orfebrería de lujo

Con Blackwater Park parecía que Mikael Åkerfeldt había encontrado la fórmula del millón de dólares, consiguiendo la perfecta simbiosis entre el Death Metal y el Rock Progresivo con algún toque Folk, pero eso no parecía suficiente para el sueco, por lo que intentó explorar intensamente todos los extremos de la música de Opeth haciendo un álbum doble que en realidad no lo era, primero con su álbum más agresivo y extremo (Deliverance) y luego con el álbum más cercano al Rock Progresivo y acústico que había hecho hasta la fecha (Damnation).

Tras dicha experiencia, que no podemos sino calificarla como acertada y sobresaliente dados los resultados, iba siendo hora de volver a poner todos esos elementos en perfecta armonía y convivencia. Retomando así el camino ya marcado por Blackwater Park y reuniendo todo el espectro que recoge la música de Opeth, sumando un plus de experiencia que le dio un toque especial a su octavo disco de estudio, titulado Ghost Reveries.

Ghost Reveries, mostrándonos unos Opeth más maduros y eclécticos

Opeth era una banda que estaba creciendo exponencialmente, no sólo en la calidad de su trabajo, sino también su popularidad. Tras acabar su vinculación con Music For The Nations, que había publicado sus últimos tres discos, Opeth buscaron discográfica como si de un codiciado agente libre en la NBA se trataran. Finalmente se dejaron llevar por los cantos de sirena de uno de los clubs sellos más grandes del Metal a nivel mundial, Roadrunner Records, con la esperanza de que la difusión de su material subiera de nivel. No son pocos los que acusaron a la banda de vendidos por el mero hecho de fichar por el sello (abrir tu primer disco en un sello grande con dos canciones seguidas de diez minutos es muy comercial, ya).

No obstante, no todos estaban preparados para lo que ese salto suponía y la banda sufrió dos nuevas bajas tras publicar Ghost Reveries. La primera fue Martin Lopez, uno de los mejores batería que tuvo nunca Opeth, sino el mejor, cuyos ataques de ansiedad durante las últimas giras le terminaron pasando factura y provocó su marcha de la banda sueca. La otra baja sería Peter Lindgren, guitarrista de larga duración en la banda que justificó su marcha en su incompatibilidad para la vida en la carretera y en su desconexión y falta de entusiasmo en tocar para su banda de toda la vida.

Sin embargo, en este álbum se produciría el debut de Per Wiberg como teclista tras ser incorporado oficialmente como tal en la banda tras haber estado girando con ellos. Teniendo un teclista definitivo, la banda pudo darle más presencia a este instrumento en el estilo de Opeth, que aquí vuelve a aparecer en su máximo esplendor y fluidez, además con un plus de madurez compositiva que termina de confirmar a Mikael Åkerfeldt como una de las mejores mentes del Metal en los últimos veinte años. Hasta se dió más presencia a otros elementos de Jazz o de folklore oriental, como se puede apreciar en ‘Atonement’.

Y si aún había dudas de si Opeth iban a comercializar o ablandar su sonido, el disco ya se encarga de disiparlas abriendo con ‘Ghost Of Perdition’ con sus diez minutazos y medio lleno de riffs de vértigo, progresiones extraordinarias y despedazadoras y cambios de ritmo asombrosos. Además, al igual que en el resto del álbum, Åkerfeldt se luce a nivel vocal tanto con su voz melódica como con la gutural.

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p class=”nota”>9.5/10

Sin embargo, la grandeza del disco no se detiene ahí y en Ghost Reveries encontramos piezas brillantísimas como una ‘The Baying Of The Hounds’ inspirada en el ‘Diana’ de los míticos Comus (banda reivindicada por el propio Åkerfeldt y que homenajeó en Storm Corrosion junto a Steven Wilson) y que cubre casi todo lo abarcable por la música de Opeth. Pero también son más que dignas de mencionar ‘Beneath The Mire’, ‘Harlequin Forest’ o ‘The Grand Conjuration’ (a quien no se le ponga la piel de gallina con este último que se lo haga mirar pero ya), aunque la auténtica grandeza del álbum reside en su conjunto, no sólo en sus (notables) canciones de manera individual. Podríamos admirar la labor de Lopez con las baquetas o asombrarnos con algunos rasqueos de guitarra, pero es la conjunción de todos estos elementos lo que forma el resistente y poderoso armazón que es la música de Opeth.

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