Opeth — My Arms, Your Hearse (1998): en brazos del futuro

Siendo una banda tan sacudida por entradas y salidas de músicos durante sus primeros y esenciales años de existencia, uno podría pensar que el trasiego podría haberse filtrado afectando de forma negativa a los álbumes iniciales de Opeth. Sin embargo, repasando esa trilogía inicial para la que My Arms, Your Hearse es un broche insuperable, la sensación es más bien contraria.

Lejos de amedrentarse por las turbulencias, Mikael Åkerfeldt cogió definitivament el toro compositivo por los cuernos a la hora de iniciar la creación del sucesor de Morningrise y se embarcó en el que sería su proyecto más ambicioso hasta entonces. Sería además su último lanzamiento a través de Candlelight, y como ya le ocurriera a Orchid, sufrió un severo retraso que le llevó a ser publicado un año después de haber sido grabado, haciéndose esperar hasta agosto de 1998.

Para situar el contexto en que se enmarcó, hay que señalar que la banda se vio mermada por la salida del batería Anders Nordin y del bajista Johan DeFarfalla, ambos presentes en sus dos trabajos previos. La oleada uruguaya vino para arreglar la situación con Martín López tomando la responsabilidad de la percusión y poco después con Martín Méndez a las cuatro cuerdas, aunque éste último no llegó a tiempo para la grabación y las líneas de bajo se las comió Åkerfeldt. Dicho sea de paso, Méndez es el único fichaje que permanece en la formación hasta nuestros días junto a su querido líder.

Fin de una era, principio de una era

Aunque es habitual hablar de los tres primeros discos de Opeth como un único bloque, cosa hasta cierto punto lógica si tenemos en cuenta que todos se editaron bajo el mismo sello, la verdad es que este álbum presenta importantes rupturas con sus predecesores que hacen de él un ente algo más independiente. Además de los ya mencionados cambios en la alineación titular, la banda optó por decir adiós a Dan Swanö para ceder la responsabilidad de la producción a Fredrik Nordström, curtido ya en mil batallas, buscando con él abrir nuevos horizontes a su sonido.

Y la cosa les funcionó, depurando la fórmula pero sin perder un ápice de fuerza por el camino; más bien al contrario, nos encontramos ante un álbum rocoso, sobrecogedor, el más oscuro de los publicados en su primera etapa. La afinación dominante pasa a ser Drop D, contribuyendo a llevar la atmósfera de las composiciones a terrenos más profundos y opresivos como los recorridos por ‘April Ethereal’ o ‘Demon of the Fall’.

Se mantiene naturalmente el contraste entre la densidad de esos riff death que todo lo pueden con los pasajes acústicos que siguen siendo tan protagonistas, demostrando una vez más que la inquietud por el progresivo y el folk siempre ha estado en el ADN de los suecos. Las tres piezas instrumentales que salpican el conjunto (‘Prologue’, ‘Madrigal’ y ‘Epilogue’), así como ensoñadores cortes del tipo ‘Credence’, dan buena muestra de ello.

El álbum como un todo

Otra prueba de que My Arms, Your Hearse marcó un nuevo hito está en que se trata del primer disco conceptual que editaron. Åkerfeldt se lo tomó tan a pecho que escribió primero las letras, concibiendo con ellas la desoladora narración de amor gótico que luego se vería completada y expandida con la parte musical. Como siempre ocurre en este tipo de obras, es imprescindible leer las letras para entender como es debido todo el conjunto, incluidas las anotaciones paralelas a las pistas instrumentales que complementan su significado.

En ellas se nos cuenta la historia de un recién fallecido cuyo fantasma se niega a abandonar a su amada, que ha permanecido en este mundo y ha decidido seguir adelante con su vida sin él. Eso provoca en el espectro un resentimiento que le lleva a enfrentarse con la viuda en un intento de recuperarla que solo conseguirá provocar su rechazo. Semejante tono narrativo impregna de manera inevitable el espíritu de los riffs y las melodías que actúan como baldosas en el camino.

A su vez, las letras también nos hablan del constante paso de las estaciones, del ciclo de la vida que se sucede año tras año. Y es por ello que, cuando el epílogo cierra este magistral trabajo, el ciclo vuelve a empezar en el prólogo, así como enero siempre sucede a diciembre, haciendo de este álbum un círculo que se cierra a la perfección.

Los títulos de cada canción son en realidad las últimas letras de la pista precedente (en el caso de las instrumentales, la respuesta está en las notas adjuntas), fortaleciendo esa sensación de continuidad que desprende todo el álbum y haciéndolo más fuerte aún si cabe como un todo que se impone a la suma de sus partes.

Abrid las mentes y los brazos a Opeth

https://www.youtube.com/watch?v=gOYFOkBAff8

Esa preponderancia del conjunto del álbum sobre cada una de sus canciones hace que la duración de cada una de ellas sea menos crucial aquí que en casos anteriores, y como resultado vemos que ninguna de ellas pasa de los diez minutos, algo que parecía prácticamente obligatorio en su predecesor. Solo ‘When’ queda cerca de dicha marca, haciendo que esta vez no encontremos pasajes tan largos y dados a la contemplación como en otras ocasiones.

Eso sí, la esencia progresiva no se ve afectada lo más mínimo por los recortes, expandiendo en forma y fondo esa seña de identidad que hizo de Opeth una formación absolutamente única desde el primer momento. Como ya hemos remarcado varias veces a lo largo de este especial, ningún seguidor de la banda debería dejar de lado las grandísimas virtudes que empezaron ya a demostrar a temprana edad.

El disco fue reeditado en el año 2000 y otra vez en el 2003 incluyendo como temas adicionales dos versiones, una de Celtic Frost y otra de Iron Maiden, que cuentan con una calidad de sonido mucho peor y encima rompen esa sensación de conjunto cerrado que tan bien le sientan a las nueve canciones originales. Para eso, de verdad os lo digo, mucho mejor quedarse con el original y disfrutarlo como es debido.

9.2/10

El tercer paso en la carrera discográfica de Opeth no pudo ser más firme, profundizando en lo que ya habían hecho bien hasta ese momento y abriendo las puertas a nuevas ideas con las que enriquecer su propuesta. Más pesado, más oscuro y mejor hilado a través de su concepto que era prueba clara de que Åkerfeldt ya se había convertido en dueño y señor de las tareas de creación, dejando para Peter Lindgren la posibilidad de compartir créditos en una única canción. Otro imprescindible para sumar a la lista.