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Opeth — Pale Communion: primeras impresiones (sin barra de bar) (pero con unos cuantos tuiteros)

Con nocturnidad y alevosía se filtraba anoche el, probablemente, disco más importante de los que quedaban por salir hasta finales de este 2014 tan extraño. Eran aproximadamente las once de la noche y varios de nosotros estábamos ahí, expectantes, mientras Pale Communion se descargaba y ojipláticos una vez lo escuchamos. Como sucede con la mayoría de los lanzamientos importantes, intentamos reunirnos unos cuantos editores y amigos para hacer una escucha grupal y sacar de ella una barra de bar de esas que tanto os gustan. El resultado desaconsejó dar a este artículo la estructura habitual pues lo que generalmente es un ejercicio de trolleo constante anoche se convirtió en una marabunta de locas enfervorecidas que parecían sacadas de un concierto de One Direction.

En cualquier caso quedó material aprovechable entre todas las felaciones recogidas bajo el hashtag #opeth2014 (tuvimos hasta a una estrella del cine comentando el disco con nosotros). Ahí van nuestras primeras impresiones al respecto del undécimo disco de Opeth y lo mejor de lo que se comentó anoche en twitter. Si no os gusta el porno romántico os recomendaría no siguieseis leyendo. Si os gusta disfrutadlo, porque al final todo acaba en boda.

Pale Communion comienza como a contrapie, o al menos así lo hace la versión que pudimos escuchar anoche, una versión de la que algún tuitero muy bien informado dijo que ‘seguro no es la definitiva’. El ya conocido por todos ‘Eternal Rains Will Come’ abre el disco, un tema que deja claras muchas cosas, una canción que resuelve casi todas las dudas que sobre el álbum nos podamos plantear.

Teclados jazzeros, una atmósfera lóbrega (que los propios Opeth disolverían más adelante) y un Michael Åkerfeldt mucho más atinado que en Heritage son la constante del primer tema, una constante rota con el riff de ‘Cusp of Eternity’, canción también conocida por todos y que viene a jugar el mismo papel que en su momento cumplió ‘The Devils Orchard’. La impresión es que la de 2014 es quizás menos brillante que la recogida en Heritage pero mucho mejor cohesionada, probablemente mejor compuesta, reflexión permanente en el debate con esta primera escucha al disco.

Moon Above, Sun Below’ es la puerta a lo desconocido, a la sección del disco que había sido guardada con celo por Opeth hasta el momento. El tercer tema del álbum sigue desvelando certezas y eliminando interrogantes, con un Åkerfeldt ofreciendo sus primeras salidas de tono vocales en lustros y una estructura un tanto desparramada, como un puzzle que acaba formándose solo conforme avanza el tema, ofreciendo un final totalmente memorable.

Elysian Woods’ es el primer momento en el que se rescata el espíritu de Damnation aunque no es el único, un tema de corte folk oscuro que diverge claramente con lo mostrado por el álbum hasta el momento, y casi nos atreveríamos a decir con respecto al álbum anterior, donde el folk aparecía mucho más deconstruído. Por contra ‘Goblin’ y el homenaje al Prog italiano comienza a mostrar facetas que Opeth ni siquiera habían insinuado hasta el momento, más luminosos que nunca, aludiendo a unos Gentle Giant a los que nunca está de más aludir. Joakim Svalberg ejerce como auténtico amo de la función en este corte consolidando la idea de que el aspecto técnico no queda por detrás de un remozadísimo aspecto compositivo.

Y claro, todo lo que en ‘Goblin’ se insinúa se confirma en ‘River’, un tema que llevados por el entusiasmo llegamos a calificar como el mejor de Opeth en mucho tiempo. Algunos lo definieron como homoProg pero lo que mejor explica lo mostrado por los suecos en este tema son los tuits de júbilo que muchos lanzamos en el momento. No había ni rastro de Death Metal pero ni se le esperaba, Opeth construyen en ‘River’ un tema memorable que se rompe al cruzar el ecuador dejando a ‘Nepenthe’ de Heritage en paños menores.

El temido momento orquestal y épico llega con ‘Voice of Treason’ y los miedos se disipan cuando vemos que Opeth no pretenden jugar a ser Nightwish sino a dejar en paños menores a todo el que se ha atrevido hasta el momento a añadir elementos sinfónicos a un disco de Rock. Alguno puede hasta llegar a pensar en ‘Kashmir’ de Led Zeppelin con ese riff acompañado de la cuerda, pero donde el tema de los ingleses se hunde el de los suecos nos alza con un final épico donde hasta aparece el doble bombo sin parecer estridente.

La épica se mantiene con ‘Faith in Others’ recurriendo de nuevo a la oscuridad dramática de Damnation, argumento al que no se había aludido en todo Heritage. El increscendo en intensidad se disipa en un final casi con desdén, con suficiencia, con la certeza de que un disco como Pale Communion no necesita cerrarse por todo lo alto pues lo importante es el camino, no cómo se llega a la meta. Quizás el éxtasis del momento no nos permitió valorar realmente un final que por momentos satisfacía mientras que después nos dejaba a medias, pero la disyuntiva no apagaba el entusiasmo ante un disco que muestra muchas más certezas que incertidumbres.

Recuperando un poco la seriedad, y a modo de síntesis, las conclusiones que obtuvimos de la primera escucha a Pale Communion es que se trata de un álbum continuista con respecto a Heritage pero que mejora al disco de 2011 en toda y cada una de las facetas. Opeth se muestran más contenidos, menos desparramados pero mucho más naturales, más cómodos, intentando abarcar bastante más cosas que en el disco anterior pero, paradójicamente, logrando hilar mucho mejor los requiebros, que los hay y muchos.

Mikael Åkerfeldt canta mejor que nunca, Axenrot se consolida como un batería impresionante y Svalberg se destapa con una actuación a las teclas para enmarcar. Quizás la guitarra se haya visto perjudicada al no ser éste un disco de grandes solos ni de grandes riffs, pero lo que se pierde en un instrumento se gana en todos los demás.

Lógicamente Pale Communion demuestra que el Death Metal se ha ido para no volver, pero si un disco como el actual es capaz de desvelar tantas virtudes en un solo instante, que no será capaz de conseguir cuando se instale en nuestra memoria, cuando se consoliden todos los juegos que plantea. Alguno ya hablaba anoche de disco del año pero yo prefiero ser más cauto, el nuevo disco de Opeth es un álbum magnífico que gustará a todo al que disfrutó Heritage y que puede haga recuperar la fe en algún desencantado. Seguirá siendo vilipendiado por los integristas del Death Metal, pero consolida la certeza de que, para todos los demás, hay Opeth para rato.

Especial Opeth en Hipersónica

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