Orbital — Wonky: cambiar de sonido para que todo suene igual

Ya sabemos como suele funcionar esto de los regresos tras un largo parón creativo. Por lo general bandas y artistas suelen decidir que ya han tenido suficiente, por un motivo u otro, y nos dejan a sus seguidores huérfanos de su música, o bien en el momento más álgido de su carrera o cuando sólo hay atisbos de que el declive ha comenzado.

Por eso, cuando deciden que es hora de volver, solemos echarnos a temblar, ya que, el habernos dejado con buen sabor de boca y con un periodo de tiempo intermedio que suele ser bastante largo, no hace más que acrecentar el mito, subiendo las expectativas demasiado y claro, cuando llega el tan esperado trabajo, las expectativas superan a lo que tenemos entre manos, dejándonos completamente decepcionados.

Orbital: cuando las segundas partes no son tan malas

El caso de Orbital bien podría colocarse en ese tipo de esquema: proyecto que crece durante unos años, y un buen día decide que ya es suficiente, anuncia su despedida “definitiva” y, a los 8 años decide volver. Con la calidad del material ya producido, bien podían dedicarse a vivir de las rentas a base de actuar en festivales.

Así que, muchos se podrían haber llevado las manos a la cabeza al saber de la vuelta de los hermanos Hartnoll, pero ya se ocuparon ellos de tranquilizar a las bases con un par de avances notables, como ‘New France’ y ‘Never’, y luego, tras escuchar Wonky al completo, la conclusión es que, no han venido a traernos la cuadratura del círculo, pero su vuelta está por encima de la media, y no debería defraudar a casi nadie.

Para conseguirlo, han seguido dos vías. Por un lado entregar unos cuantos temas repletos de la esencia Orbital. Temas que suenan igual que si nunca se hubieran ido; repletos de sintetizadores retro, con el característico sonido del dúo, a caballo entre el techno más melódico y el acid house más bailable; temas que bien podrían haber sido incluidos en alguno de sus álbumes de la etapa anterior.

Por ejemplo, ‘One Big Moment’, con el que abren el disco, representa la mejor intro posible para poner sobre la mesa esas cartas del techno melódico que tan bien se les ha dado siempre, o ‘Stringy Acid’, uno de los momentos álgidos del álbum, es la vuelta al acid house del que no se han apartado nunca, y que suena hoy tan fresco como lo hubiera hecho hace unos diez años.

Tampoco se alejan de terrenos conocidos temas como ‘Straight Sun’ o ‘Never’, mostrándonos a los Orbital instrumentales que siempre hemos adorado, temas bailables tan pegadizos como si de cualquier melodía pop se tratara.

De cualquier forma, y de alguna extraña manera, los Hartnoll consiguen sonar a lo de siempre, sin sonar añejos. Su sonido se ha mantenido joven a lo largo de los años, sin acusar repetitvidad o abuso de fórmulas, como si ha ocurrido con otras tantos proyectos electrónicos de aquella época.

Wonky: un ojo en el presente y el otro en el pasado

Pero no todo es seguir sonando como siempre; la otra vía utilizada en Wonky es la de mezclar el estilo Orbital con tendencias más actuales como el dubstep o el hip-hop, e incluso acercar el tech-house al pop.

Este último caso es el del single de presentación del álbum, ‘New France’, donde el los salpicones house se mezclan con el pop gracias a la participación de Zola Jesus, cuya voz consigue que parezca un tema más propio de un disco de la americana que de los británicos.

En cambio, el dubstep es el verdadero rey en ‘Beelzedub’, una reinterpretación del clásico ‘Satan’ (Youtube) que Orbital ha paseado por los festivales de todo el mundo, y que deja bien claro que ellos siguen sonando como siempre porque quieren, pero que bien podrían adaptarse a las nuevas modas, compitiendo con los Skrillex y compañía sin mayor problema, y dejándolos posiblemente en evidencia.

La otra colaboración es la que da título al álbum, ‘Wonky’, y es la que nos zambulle en el hip-hop de toques industriales de la mano de la MC Lady Leshurr, una descarga adrenalina que bien podría servir de lección a más de un debutante (y no tanto) sobre como habría que hacer las cosas.

7.5/10

Así pues, estaremos de acuerdo en que, con el curriculum que los hermanos Hartnoll, este retorno (al menos con el mismo proyecto) no era estrictamente necesario. Cuando decidieron dejarlo, lo hacían poniendo el listón bastante alto con su Blue Album, y con prácticamente todo dicho. Pero esta vuelta, lejos de convertirse en una decepción, nos devuelve a los Orbital de siempre con la necesaria actualización. Sin mejorar lo hasta el 2004 presente, pero aportando los justos toques de modernización que cualquier proyecto electrónico necesita para no ser irrelevante.

No es un disco excesivamente brillante, pero tampoco es un disco de temas de relleno. Tiene lo necesario para contentar a los fans de siempre y para captar a alguno de nuevas generaciones, y, por supuesto, les proporciona la excusa perfecta para seguir en ruta durante unos cuantos años más, que es lo que muchos de sus seguidores realmente reclaman. Así que, podemos decir que esta es una vuelta más que digna y que, ojalá todos los retornos fueran como este.

 

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