OSI — Blood: todo lo bueno que cabría esperar de un supergrupo así

Tras un primer disco soberbio en todos los sentidos, y un segundo esfuerzo que bajó ligeramente el listón, el siempre ambicioso Kevin Moore y el capacitado Jim Matheos, vuelven a unirse para dar el siguiente paso en la historia de OSI, una superbanda de evidentes pretensiones progresivas, pero con capacidad para atraer a todo tipo de amantes del rock.

Las tensiones entre esta pareja y Mike Portnoy hacían presuponer que el batería de Dream Theater no colaboraría en este nuevo álbum, y fruto de ello se anunció que las baquetas para la grabación de este Blood correrían a cargo de Gavin Harrison, de Porcupine Tree. Teniendo en cuenta que ambos son, muy probablemente, los dos mejores baterías del panorama progresivo en la actualidad, poca queja podríamos poner por el cambio.

Como ya ocurrió en los anteriores discos, un par de colaboradores eventuales se unen a la causa, siendo los elegidos para esta ocasión Mikael Åkerfeldt, el cantante de Opeth, que aporta su profunda voz al tema ‘Stockholm’, y Tim Bowness de No-Man, quien hace lo propio cantando en ‘No Celebrations’, el cual vendrá incluido en el disco de bonus que aún no he podido escuchar.

Con este elenco de artistas, la pregunta que inevitablemente nos surge es: ¿Está Blood a la altura de los nombres que hay detrás de él? Y la respuesta es un rotundo sí. El álbum rompe con el ritmo monótono de Free, su predecesor, y recupera el buen gusto y la profundidad del trabajo homónimo de la banda, llegando incluso a rayar por encima de éste en ciertos momentos.

En líneas generales, el LP podría dividirse claramente en dos tipos de temas. Por un lado tenemos los más rockeros, con riffs tan espectaculares como el del soberbio tema de apertura, ‘The Escape Artist’, progresiones para quitarse el sombrero como las de ‘Radialogue’ e incluso ritmos pegadizos como los de ‘Be the Hero’.

En contraposición a éstos, encontramos cortes más experimentales y propios de las inquietudes sonoras del señor Moore, perfectamente ejemplificadas en el onirismo de ‘Terminal’ o en la delicadeza de ‘We Come Undone’. Aquí las guitarras se reducen a la mínima expresión, pasando el protagonismo a los teclados y los arreglos electrónicos.

Pero no todo es blanco o negro, claro. Entre los cortes más guitarreros y los más sintéticos encontramos un amplio repertorio de sonidos que conforman un disco muy bien llevado, oscuro por momentos y bastante consistente a pesar de las constantes variaciones de ritmo.

8.5/10

¿Es Blood el mejor álbum de OSI hasta la fecha? Esa es una pregunta de muy difícil respuesta, pero por ahora el disco en formato estándar se muestra como una de las mejores propuestas del ámbito progresivo en lo que llevamos de 2009. Ahora queda por ver si la edición especial, que añadirá tres bonus de duración indeterminada a los 47 minutos de este LP, contribuye a terminar de redondear este ya de por sí excelente álbum.

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