Pablo Und Destruktion en concierto en Oviedo (Lata de Zinc, 27–02–2015)

Viernes noche en el que hubo que elegir entre ver en Oviedo a Bueno, McEnroe en formato dúo y Sr. Chinarro, sólo acústico, en el Tormenta Fest, o jugársela y apostar a caballo ganador por Pablo Und Destruktion en la Lata de Zinc. No creo haberme equivocado en la elección porque la ocasión bien lo merecía: celebración del aniversario de Sangrín con la banda al completo. Lo que sí se resintió fue mi alergia al polvo de ambiente y la humedad, pues la sala es toda una trampa para los que sufren enfermedades respiratorias; baste decir que mi mujer tuvo que irse al coche al acabar Arkanine, el grupo invitado de synth-rock a causa de su asma.

Pablo Und Destruktion estaba pletórico. Tocaba en casa, con los músicos que suelen acompañarle en formato de banda, con quienes ha grabado Vigorexia emocional, su tercer elepé, que saldrá según anunció en abril con el sello Marxophone. Había avisado el artista en su página de Facebook:

Llevamos tiempo sin tocar por aquí y prometemos salir al ruedo como el mismísimo “Islero”

Y así fue. Pablo Und Destruktion, con Jose Rilla (bajo), Dani Donkeyboy (guitarra), muy ágil con el slide, Javier Bejarano (guitarra con arco) y Pablo Pravia (batería), salió como el toro que mató a Manolete. Fue un recital intensísimo, pura energía, tal que en la delicada ‘Powder’, que fue la tercera de la noche, bajaron los plomos como decimos aquí, y tuvo que volver a empezar la canción.

Pablo Und Destruktion juega en primera división del rock estatal

Él comentó socarronamente que los que nunca le hubieran visto en este formato dirían que aquello sonaba; y vaya que sí sonaba. ‘La paz de los justos’, de Funeral de Estado, el split 10" con Medievo, que fue con la que abrió el concierto, y ‘El aire puro’, sin esa base electrónica de Sangrín, fueron electrizantes. Se veía en las caras de satisfacción del público, aquello era la antesala de algo grande.

Tan grande como que tocó al completo Sangrín, y por deferencia a unos amigos hizo por primera vez en directo, y creía que sería la última, ‘Mamina, qué pena’. Pablo Und Destruktion es el artista que necesitaba este país tan acomodado y poco exigente musicalmente hablando. Faltaba su acidez musical y esas letras tan pulidas, críticas y, algunas, tan actuales como la de ‘Pierde los dientes España’. A esas alturas quedó suficientemente claro que Pablo Und Destruktion juega ya en primera división del rock estatal y este inminente nuevo disco en el sello de Nacho Vegas será con el que salte a puestos de Champions, o por lo menos de Europa League.

Tenso velas con ‘Pecho para enfriar balas’, aunque antes se acercó a la tonada-rock en ‘La extranjera’, de su álbum de debut, el mejor con diferencia de la década, Animal con parachoques. También tocó ‘Tibio’ y ‘Limonov, desde Asturias al infierno’, en la que subieron al escenario para hacer los coros parte del elenco de amigos que protagonizaron el vídeo del tema.

No podía faltar ‘Nadie quiere al Rey Pelayo’, una clásica de los primeros tiempos de la asturpsicodelia, ni tampoco ‘Por cada rayo que cae’, todo un hit en el que vimos a Pablo Und Destruktion crecido, sacando a relucir su baile de boxeador. Repartiéndonos uppercuts, ganchos de izquierda y crochets. Enorme esa épica versión en vivo que anticipó un bis que incluyó ‘Animal con parachoques’, que empezó en solitario y terminó con toda la banda engordando el sonido. Estábamos esperando un tema nuevo y fue el ya conocido ‘Los días nos tragarán’, que casi que nos supo a poco pero sirvió para que la espera de Vigorexia emocional no sea más leve. Por cierto, el uso de esa plancha metálica a lo Einstürzende Neubauten es todo un acierto.