Panic Room, la masculinidad del Rock y alguna sentencia más

¿Las canciones tienen sexo? ¿Es el rock algo masculino y el pop algo femenino? Esta y otras muchas preguntas relacionadas se me agolpan en la cabeza desde que escuché por primera vez la deliciosa reinterpretación de temas de su repertorio pasado, y alguno nuevo, que los galeses Panic Room realizan en Essence (Firefly, 2015), una reinterpretación despojada de arreglos que la propia banda nos regala con una imagen femenina portando la fruta del pecado.

La voz juega un papel fundamental en esta acción involuntaria consistente en asignar género a un sonido o a lo que en principio esperamos de él, y es cierto que pensándolo de forma objetiva, ésta es una acción basada en un prejuicio que muchas veces demuestra que no hemos entendido nada ni sobre el género ni sobre la propia canción en concreto. Todo esto acaba siendo reflejo del empeño que tenemos muchos de que lo que escuchamos sea mucho más de lo que realmente es, y acaba mostrando una inclinación estúpida que nos conmina a asignar hormonas sexuales a algo que no es mensaje sino un simple modo de transmisión, pudiendo el mensaje contravenir lo que anticipadamente nosotros asignamos al modo.

El Rock: un mundo de prejuicios

Gran parte de culpa de esto que para mí es un error y un convencionalismo casposo la tenemos nosotros mismos, los que por trabajo o afición nos dedicamos a escribir sobre música. Queriendo o sin querer muchos de nosotros acabamos asignando facultades masculinas a sonidos que hablan de rabia, fiereza y caos, mientras que al amor, al perdón o al desasosiego, contradictoriamente por el propio género de las palabras, le acabamos asignando epítetos o ideas a los que consideramos femeninas. Involuntariamente caemos en el típico desprecio de calificar a lo que nos gusta como algo orgánicamente masculino y a lo que nos aburre como algo femenino, y todo esto no deja de ser otra cara de la misma moneda.

El machismo del lenguaje acaba contaminando como planteamos nuestras ideas y como intrepretamos los mensajes captados

De una manera u otra, esto que no es más que un reflejo de la construcción social que modula nuestro comportamiento, nos va llevando a cometer errores y a no comprender qué escuchamos, ni siquiera con qué intención este u esta artista han compuesto ese catálogo de canciones que nos enfurece o nos intimida. Al final, el machismo intrínseco al lenguaje que utilizamos se acaba trasladando a cómo planteamos nuestros razonamientos, o bien acaba poniendo un ladrillo más en ese muro de prejuicios con el que construimos nuestra opinión sobre determinados géneros en general y sobre algunas canciones en particular.

¿Es ‘Trouble’ de Coldplay una canción femenina por encarnar a alguien enamorado pidiendo perdón? ¿Lo es ‘Irresistible’ de Deafheaven por presentarse en rosa y tras el desconsuelo enfurecido de ‘Dream House’? Es algo involuntario, claro, pero no por ello deja de ser significativo que pensemos en un género determinado ante canciones de este tipo, que hablan o exponen sentimientos que supuestamente nos alejan de lo que convencionalmente se espera de la masculinidad. Es algo estúpido, y es algo que todos de una forma u otra acabamos haciendo antes o después.

Y así es como todos estos prejuicios nos han obligado a pensar en rockeras como PJ Harvey o Melissa Auf der Maur como figuras o bien masculinizadas o bien cargadas de una sensualidad destinada a excitar al público masculino. Es reiterativo el empeño social que nos lleva a evitar a una mujer enfadada por masculinizada, y también lo es, y quizás más grave aún, el que versa sobre la mujer en el Rock como algo sensual encaminado a hacer realidad fantasías sucias de pajilleros, sirviendo las dotes para provocar sueños húmedos como puerta de entrada a este mundo de, por y para hombres.

La virilidad del Rock y la ingenuidad del Pop, reflexiones impostadas desde una machista perspectiva de cada uno de los géneros

Todo esto acaba generando un juego acciones y reacciones en el que siempre se acaba debatiendo sobre la masculinidad como algo positivo y signo de fortaleza, y la femininidad como algo negativo y relacionado con la debilidad, y por ello el Rock, el supuesto sonido de los hombres, debe ser encarnado desde la virilidad o sexualidad y el Pop, como algo femenino, debe ser delicado, íntimo o alegre desde una ingenuidad impostada. Es evidente que hay planteamientos que huyen desde su propio origen de todo esto, pero también lo es que estas normas no escritas acaban marcando tanto la composición de nuevas canciones como la interpretación voluntaria o involuntaria que muchos hacemos de ellas mismas.

¿Es Essence un disco femenino? ¿Realmente importa?

Mientras todas estas reflexiones revolotean, Panic Room siguen reinterpretando algunos de sus temas clásicos desde una óptica íntima, relajada pero no por ello menos transgresora a mi parecer. Están redibujando su Rock Progresivo para acercarlo a un Jazz que pretende, en mi mente, sonar a Pop por la dulzura de la femenina voz de Anne-Marie Helder. Desasosegadamente, el disco avanza incidiendo en ese tópico que me repugna cada vez más, llevándome directo a conclusiones que se salen de lo planteado y que opacan lo bien tocado que está el disco y lo bien cantadas que están sus canciones.

Avanza y sigo pensando que este Jazz despojado de electricidad por momentos es un sonido femenino porque parece que se me ha obligado a que piense de esta forma, y no puedo evitar asemejar todo esto que suena con la femininidad que intrínsecamente asimilamos a la belleza, no puedo evitar pensar en la voz de esta cantante como un ejercicio de sensualidad y en la intimidad y soledad que las canciones plantean como un matiz más dentro un relato que irrediablemente acabo considerando femenino.

No dejo de sentirme incómodo por considerar a este Essence como un disco femenino, construyendo un nuevo episodio de un relato de tópicos nocivos

Y claro, acabo comprendiendo con esto por qué hay menos mujeres que hombres en el mundo del Rock, por qué en el del Pop se empeñan en que las que hay lo hagan despojadas de ropa o desde canciones que hablan de una sexualidad planteada a fin de calentar a muchachos que ni siquiera han visto un pecho en fotografía. La culpa es de todos nosotros porque directa o indirectamente hemos construido al mundo de la música de masas de esta manera, desde estos cimientos, y es por esto que no dejo de sentirme incómodo por mi inclinación a considerar a este Essence como un disco femenino construyendo un nuevo relato de esto que es una historia de tópicos típicos.

Y lo peor de todo es que con estas ideas ocupando mi tiempo, acabo olvidándome de lo mucho que me gusta este disco, de lo que he disfrutado con él y de lo poco que me importa si Angela Gosow os parecía un maromo o una diosa dependiendo de si cantase de una manera u otra o de cómo iba vestida. Sirva esto como un personal punto de inflexión, y como recomendación para un álbum que es una golosina. O un bombón. O lo que sea.

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