Es parte de la razón por la que dejé de escribir sobre política, para centrarme en la belleza de nuestro planeta, la conservación de sus paisajes.

Casualidad o no, el mejor momento en la carrera de Austin Lunn al frente de Panopticon ha llegado tras optar por la equidistancia frente a dos mundos enfrentados entre los que ha llevado tiempo debatiéndose, probablemente de forma initencionada a tenor de los acontecimientos y sus declaraciones.

Los más deslenguados lo tacharán de mercenario, es un riesgo que al madurar uno debe estar dispuesto a correr. Y evidentemente este es el caso del músico estadounidense, una tendencia en la que la madurez personal y artística ha acabado llevándole a trazar una dirección propia, un camino que transcurre por el Sendero de los Apalaches en busca de una paz que el propio Lunn reconoce conseguir sólo cuando se encuentra en plena naturaleza y componiendo con el fin de reflejar los sonidos del bosque con su música, guitarras que simulan el crujir de las ramas tras el paso del viento y voces desgarradas como desgarradora es en su crudeza e inmensidad la naturaleza del norte de los Estados Unidos, un entorno al que Lunn venera y al que nos enseña a venerar con su genial Roads to the North (2014, Bindrune Recordings).

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El peaje pagado en pos de la magnificencia de su última obra ha sido dejar atrás el activismo político y abandonar el debate de la equidistancia entre el Norgewian Black Metal y el Blackgaze, cuestiones que quizás no directamente pero sí indirectamente se antojan esenciales en la composición de una obra como la presente. Esto no significa perder a Austin Lunn como representante de una especie de tendencia trve left dentro de la escena Black Metal en cualquier caso, sino más bien incorporarlo a la vertiente naturalista, a esa que integran gente como Wolves in the Throne Room o The Botanists a pesar de que musicalmente las diferencias con éstos y sus últimos ejercicios sean palpables.

Roads to the North significa dejar a un lado el activismo político y abandonar la equidistancia sonora

En lo estrictamente sonoro Roads to the North se antoja como un disco con aura de obra definitiva, como la consolidación de una idea que lleva mascándose desde el ya mítico Collapse (2009, Pagan Flames Productions) y que con Kentucky (2012, Pagan Flames Productions) ya tomaba visos de realidad a pesar de haber quedado totalmente empequeñecida tras el lanzamiento de este año, profundizando en el órdago a grandes que es la apuesta por el Bluegrass y el Folk norteamericano en contraposición con el vacuo homenaje que suele ser recurrir a la mitología escandinava, cuestión casi convertida en mantra por los mil y un imitadores del Inner Circle que pueblan la escena.

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Como chasis, como armazón sobre el que estabilizar estos dos mundos aparentemente antagónicos, Austin Lunn ha optado por alejarse del casi obligado Post Rock que lleva irremediablemente al Blackgaze y ha recurrido al Prog, lo cual ha ampliado la paleta de sonidos a la que acudir sin que ello signifique artificializar la propuesta, enfriar una obra que, a pesar de todo, nos traslada a parajes helados y con baja luminosidad. Esto, por supuesto, le aleja del nihilismo vacío que tan de moda han puesto las publicaciones que marcan tendencia y dota a Roads to the North de un cariz caleidoscópico que le sienta como un guante al concepto, de una interposición de texturas y distintos puntos de vista que no ponen en peligro la coherencia sino que la refuerzan.

2014 coloca a Panopticon a la vanguardia de uno de los géneros que mejor ha sabido responder a las preguntas planteadas por los nuevos tiempos

Premeditadamente o no, el crecimiento que Panopticon (hablo en singular pues Lunn lo crea y ejecuta todo) ha experimentado con su obra de 2014 coloca al proyecto a la vanguardia de uno de los géneros que mejor ha sabido responder a las preguntas planteadas por los nuevos tiempos, a esta especie de obligación que ahora es norma de intentar convertir cada disco en un conglomerado de tendencias, cuanto más variopintas mejor. Austin Lunn lo ha hecho logrando sobrevivir al intento acudiendo a lo más básico y a lo más complejo al mismo tiempo, recurriendo a los sonidos de su hogar y a desarrollos estructurales que se salen de la norma riff-repetido-hasta-el-infinito sin que el resultado sea un pastiche ni una ecuación irresoluble.

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8.7/10

Roads to the North es una obra mucho más ambiciosa de lo que en principio aparenta, quizás no tan impactante en el primer encuentro como fue Sky Burial de los también norteamericanos Inter Arma pero igual de sólida y con referencias que a la larga acaban antojándose similares a pesar de las sonoras diferencias. Te acerques a ella como fan del Black Metal o movido por la curiosidad de su combinación con el Country o el Bluegrass el resultado acabará siendo el mismo, no sentirse atrapado por una obra que te traslada tanto a parajes de furia como de calma invernal implica mortandad, es imposible que tras Roads to the North no acabes amando a los Apalaches y sus cumbres nevadas y a sus coyotes con piel de cordero.

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