El londinense patten publicó ayer oficialmente su cuarto LP, ESTOILE NAIANT, un álbum que viene de la mano de la factoría Warp y en el que después de siete años, continúa rondando la maleabilidad que ofrece la sacrosanta IDM que tan bien sienta en el prestigioso sello inglés. Un trabajo que sigue siendo interesante por los matices de sonidos que ofrece, aunque desde luego no es tan elocuente ni tan llamativo como discos anteriores. Y ojo, que esta vez el título se puede pronunciar.+

Llegar a un sello tan importante no es un regalo, y en este sentido, se contempla muy bien la evolución de patten, como ha pasado de un sello modesto como Kaleidoscope, a una auténtica cantera de diamantes en bruto como No Pain In Pop, aterrizando finalmente el año pasado en Warp, donde ya publicó el EP EOLIANT INSTATE, en el que abría la veda a la paleta sonora que hoy configura este cuarto larga duración del londinense.

Prisionero de su propia evolución musical

De una folktrónica experimentaloide que carecía de cuerpo, excesivamente liviana, patten llegó en 2011 ha configurar su trabajo más interesante y alocado, GLAQJO XAACSSO. De hecho, su estancia en No Pain In Pop fue en la que sorprendía por lo extraño de su propuesta, una IDM muy cristalina, frenética y repleta de requiebros frenéticos e inesperados que saltaban por todos lados. Un disco excéntrico en el que patten reclamaba la atención con un resultado bastante decente.

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Pero parece que el salto a Warp ha tenido una influencia muy importante en su modus operandi, ahora ya no resulta tan imprevisible, ha caído en las garras del gigante sello inglés para mecerse sobre terrenos más ambientales y sin embargo ya de sobra conocidos. Consultar el catálogo de algunos de los artistas más prolíficos que han pasado por esta casa puede ayudar a situar a este disco como una convergencia entre finales de los 90 y ese sonido luminoso que recuerda al chillwave actual.

Menos dispersión sonora y resultado más discreto

Así pues, en este ESTOILE NAIANT encontramos un LP menos caótico y más centrado, pero eso ha significado la pérdida de texturas y breaks que encontramos durante la estancia del inglés en No Pain In Pop. Algo que no tiene que ser necesariamente negativo, pero que tras varias escuchas, te das cuenta de que ha acabado perdiendo la frescura de años anteriores y dejándolo en un territorio en el que ambientalmente no ofrece nada nuevo al abordar los territorios de ‘23–45’ (en términos de experimentación con el ambient hay cosas muy superiores como Virgins, si nos ponemos exquisitos con cosas actuales), aunque hay ciertos puntos en los que recupera esa inspiración que hizo que acabara en una escudería tan importante como en la que está actualmente. Sin ir más lejos, ahí hay algún tema precioso como ‘Key Embedded’, con vocales que se ahogan ante las traspuestas capas de cálido sonido bañado en recursos glitch.

No soy especialmente acérrimo de los discos que están mejor enfocados y centrados, la dispersión en la composición puede ser un punto a favor, de hecho ahí radica el buen caleidoscopio sonoro de su disco anterior. Pero simplemente en ESTOILE NAIANT no es tan sorpresivo, lo que acaba haciendo una escucha interesante, pero no tan rica sensorialmente como la anterior. Aun así, hay que reconocer el collage orgánico de temas como ‘Gold Arc’, donde recupera el bajo de la época folkista experimental del debut y ese toque de Boards Of Canada que aún está presente en cortes etéreos como ‘Agen’.

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Aunque son excepciones, hay algunos temas, sobre todo ‘Pathways’ en los que la mezcla está muy metida con calzador. Los sampleos de la técnica de teleportación (el canvi de lloc instantani) de Son Goku y sus tollinas no quedan muy bien con la alarma y esos vocales espectrales que asoman. No por cargar con un quintal de recursos la ya de por sí inconexa melodía va a dar mejor resultado. Pero por suerte, no es lo que prima en el álbum, al que a su vez falta más melodía y pegada como la había en su disco de 2011. No creo que se pueda considerar un tropezón en su carrera porque aún tiene mucho margen y a la vista está que es un tipo muy creativo, pero desde luego es un LP menos efectista y sorprendente.

6/10

Patten debuta en largo con Warp perdiendo algo de fuelle en su propuesta, dejando paso al ambient y a estructuras de IDM más clasicistas, propias del sello, que están bastantes más calmaditas que las que ha puesto en práctica en anteriores ocasiones. Si antes recibías golpes sonoros por todas partes, ahora el collage ha quedado reducido a una pieza de arte más uniforme y previsible.

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