Alistar Wells, el inglés que se esconde tras el nombre artístico de Perc, ha vuelto a remover la tierra tres años después con un nuevo larga duración, The Power & the Glory, editado en su propio sello Perc Trax. Un segundo disco que supera manifiestamente su debut en formato LP y que vuelve a sonar con mucha contundencia, a lo que hay que sumarle esas bases viciosas. Un disco en el que la tranquilidad choca contra varias cargas de dinamita.

En muchos trabajos de electrónica en los que la sección vocal es prácticamente inexistente son los títulos los que se encargan de hablar por sí solos antes de que la música empiece a sonar. En ese sentido, El Poder y la Gloria ya es un reclamo de que estamos ante algo fino. Y así es. Podría parecer pretencioso, pero lo que Perc nos ofrece aquí es una auténtica descarga de decibelios que te dejan grogui, en contraposición a cortes más calmados y señoriales. La temática del disco gira en torno a la política y es, sobre el tapete, un grito contra la avaricia, lo cual se puede interpretar también a través de los títulos.

Política bomba

Como una pelea a vida o muerte en la que no hay posibilidad de perdón, Perc ofrece un álbum radical en el que no hay término medio, o te machaca o te deja descansar en paz. O pasemos a la política. Sintes asesinos para representar el soborno y para consumar el acto, ruido sordo e instrumentos clasicistas que representan la victoria. Es el día después de la titánica tarea de vencer al adversario. O de conseguir esa sustanciosa licencia que tanto te ha costado arrancar a tu amigo el cacique. En cualquier caso, polos opuestos sonoros. Un discurso político que es difícilmente trasladable a este techno industrial sin vocal. Pero podemos representar esas bases de cacofonía autecrhiana como la rabia ante ciertos políticos. Y esa violencia sí la podemos apreciar en el disco.

Respecto al contexto, pocos cambios ha introducido respecto a su primer LP, lo único que ha hecho ha sido forzar más aquellos aspectos que ya te dejaban el culo torcido. Se deja para el formato largo las cartas ganadoras, aunque en los epés hay mayor abundancia de material pesado, aquí ese techno industrial suele estar en confluencia con capas de noise que si las dejas en bucle te pueden llevar al manicomio. Pero con bailes ofensivos, eso sí. Con todo, el resultado es el mismo, arrollarlo todo.

Esa esa la premisa de Perc, arrollar. Hay momentos en los que parece poseído por una EBM letal que descarga sobre tu cabeza de forma irreversible un yunque en forma de marcados bombos: a momentos actuales cada vez más extremos, techno extremista. El disco va de menos a más en cuanto a músculo se refiere, empieza relajado pero ya en el tercer corte, con ‘Speek’ (donde participa Nik Void de Factory Floor) la cosa empieza a volverse inestable, advirtiendo de un posible estallido en cualquier momento. Como la sociedad.

Salvajismo industrial y pianos elegantes

A raíz de aquí todo se acelera, vienen las cacofonías y la abstracción techno en clave casi glitch en ‘Galloper’, una base precisamente galopante que electrocuta a su paso para dar paso a las estridencias y la agresividad de ‘David & George’. En vez de componer con un ordenador o cacharrería analógica, parece que Perc se ponga a frotar un desfibrilador en continua sobrecarga. Y de fondo, voces fuera de control, como esos avariciosos cargan sobre ti sus fechorías. Ante tanto descontrol, viene el estallido, que llega en el último tercio del LP.

Con una evolución in crescendo, en ‘Bleeding Colours’ se erige como un arquitecto sin compasión que después de haber acabado aparentemente su obra, vuelve otra vez para dar el toque final, con un aumento del tonelaje al final de la canción (que por otra parte quizá se podría haber explotado más para culminar en una gran explosión), bendito cambio de marcha. Más tarde un poco de zapatilla dura con respetuosos recursos de techno añejo y primigenio, para dar paso al gran martillo pilón del disco, la salvajada industrial que es ‘Take Your Body Off’. EBM e industrial paseando de la mano.

De nuevo la electrónica como correa de transmisión que conecta directamente con los instintos más primarios del ser humano, violencia, sexo, adrenalina. Y avaricia; sed de poder. Todo revuelto en seis minutos de sudar, de mirar por el retrovisor a Vatican Shadow y de volverse loco con el grito de Dan Chandler (Dethscalator), que nos mostraba el grito de guerra al inicio del disco con ‘Rotting Sound’, avisando de la tempestad que venía. Además, para hacer al tema más excitante, baja el martilleo constante para dejar el asunto en coma y retomarlo con más virulencia. Una buena exhibición de salvajismo.

Después de tanta turbulencia queda ese momento de gloria que narraba el título, ese descanso merecido con el piano de ‘A Living End’, poniendo el punto y final a la batalla, al acto corrupto. O en nuestro terreno, al final de fiesta al amanecer. Porque hable de política, de nihilismo o de física cuántica, lo importante es acabar el recorrido por The Power & the Glory con tortícolis una sonrisa en la cara. Este majestuoso final a piano te hace partícipe del terremoto de sensaciones que acabas de absorber. Una bomba. Después ya puedes ingresar en el psiquiátrico.

7.7/10

Lejos del techno purista de tomo y lomo, Perc vuelve a impresionar con un segundo álbum más corpulento, en el que las bases tan musculadas confluyen con descargas eléctricas que las hacen más caóticas si cabe. El resultado es un buen disco, con un final tremendo, que tampoco renuncia a momentos más clasicistas que no le quedan nada mal.

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