El pasado fin de semana tuvieron lugar en el levante interesantes y necesarios conciertos que mantienen vivo el círculo de actuaciones de la zona. Esta vez las protagonistas, como casi siempre, fueron Murcia y Alicante, la primera con la presentación del debut de Perro el viernes y la segunda, con la gira de Discos Humeantes el sábado. Gran sabor de boca el de ambos días.

Perro (12&Medio de Murcia)

Apenas un año y medio antes había ido a verles a Aspe, cuando aún tenían sólo material en singles y epés. No había mucha gente, pero dieron un buen concierto que supo satisfacer a los que allí estábamos presentes. Pero el pasado viernes eran el gran reclamo y petaron la sala. La petaron y lo petaron, en este caso. Quizá haya sido el efecto del estreno de su disco debut, Tiene Bacalao, Tiene Melodía, la diferencia entre ambos conciertos. Después de una correcta introducción de los teloneros The Flying Pig Matanza, Perro se comieron el escenario con el rol que sus canciones les permiten desarrollar: el de predicadores de historias mundanas de fiesta, sexo y juventud. Disfrutan el momento y lo transmiten a las mil maravillas en directo.

Algo tienen cuando un grupo de indie, más orientado ahora hacia el pop (a pesar de sus cameos de distorsión y otras marcas de la casa del indie rock) hacen que mucha gente en la puerta, tras el concierto, se sorprendieran de lo bien que se lo habían pasado y lo bueno que había sido el concierto. Incluido mi achosocio Black Gallego, que ni siquiera se esperó a salir para espetarme que le estaban molando, en claro tono de sorpresa como cuando uno descubre lo bueno que está un cubata al que le has echado todo el alcohol que te quedaba por casa. Y no es para menos, fue el sentimiento general. Desde el inicio de sus guitarras a modo de Nancy Boy de Placebo en ‘Chino, Tio’ hasta el ritmo popero con trazas de himno joven de ‘Camiseta’, Perro hicieron a los asistentes bailar y agitar la cabeza como quien está ante un concierto de Lagartija Nick. Su frenetismo, su carisma (debe ser eso del bacalao) sobre el escenario, sus cambios de ritmo y lo divertidos que suenan en directo (algo que no es nuevo) convierten a uno de los grupos de cabecera de Murcia en indispensables de ver si pasan por tu ciudad y cercanías. Aunque algunos recursos del disco no se apreciaron mucho en directo, exageraron sus virtudes y se despidieron tan frescamente con esa célebre estrofa que la mayoría de los asistentes coreaban: “tan popera que da asco”.

“Perro” src=”http://img.hipersonica.com/2013/11/Perro-1.jpg" class=”centro” /> Perro, el Porras, el Fiestas y Finidi (George)

Futuro Terror (Cure Antidisco Bar)

A las fiestas que organiza Discos Humeantes hay que asistir. Eso es así. Se refugiaron en el Cure Antidisco Bar, esa sala que continúa siendo testigo de grupos y grupos del underground español que más pronto que tarde acabarán, si queda algo de justicia en este país, medio triunfando. Y otra vez testigo de un punk rock melódico y cuidado, similar al que Morenas exhibieron semanas antes en el mismo sitio. Además, de nuevo con la gente del círculo de Musagre, en el grupo está Néstor, de los propios Morenas y Yorchh, entre otros, pero el sábado tenía otro bolo y le sustituyó en el bajo El Bola (creo recordar). Pero a lo que vamos, gran concierto del trío, de hecho de lo que más me gustó de la noche. Sonaron potentes, azotando sus mástiles a ritmo kamikaze para interpretar algunos de esos temas que ya conocemos gracias a su single con Fantasmage: ‘El Rito’ o ‘Atracción’. Uno podría pensar que son lo mejor que tienen, pero el resto de temas que tocaron sorprendieron por sonar igual de bien o mejor. A pesar de los decibelios, se podía disfrutar perfectamente de la melodía, con mucha presencia del bajo. Con un “muerte a (coloque aquí el nombre de su político valenciano preferido)” entre tema y tema, Futuro Terror hicieron una fantástico arranque de noche.

Chiquita y Chatarra (Cure Antidisco Bar)

Una muestra más del poderío garagero que los últimos años está invadiendo nuestro país, de la mano de Asturias, tanto a nivel del sello Discos Humeantes como de los grupos paisanos a los que edita, como Chiquita y Chatarra. A base de un bajo desbocado y una batería en constante tensión, presentaron su nuevo trabajo, Niagara Fallers, mientras se desgañitaban en lo vocal. Hubo algún problema técnico porque cuando le daban bastante caña chirriaba un poco, pero dejando estas minucias aparte, pues sólo fueron momentos puntuales, dejaron buena muestra de su nuevo repertorio y su tendencia más melódica que vertebra su recién estrenado disco. A mitad de concierto se intercambiaron los papeles en los instrumentos y pasaron de dúo batería-bajo a batería-guitarra para exhibir un sonido más rockero que agitaba las cabezas de los asistentes. Tocaban con tanto desgarro que en ocasiones era difícil distinguir la parte vocal de la sección instrumental, pero a base de furiosos y carrasposos berridos lo solucionaban. Buen desparrame de energía el de Chiquita y Chatarra con temas como ‘Full Carpet’ o ‘Natural Place’.

Fasenuova (Cure Antidisco Bar)

Y al fin llegó el momento del concierto que a más gente congregó, el de Fasenuova y su electrónica ecléctica. Un concierto que tampoco podemos decir que fuese transgresor, pero sí poco corriente, sobre todo por su actitud ante los presentes. Ya sabíamos del hipnotismo y la adicción de Salsa de Cuervo, ahora sólo era necesario que las expectativas se cumplieran, y así fue. De hecho, sorprendió a muchos que fueron por esa costumbre tan sana de ir a ver conciertos (allí había gente de otras bandas, de tiendas de discos y rockeros de toda índole); alguno abandonó nada más empezar y otros se sorprendieron gratamente. Como mínimo era algo diferente, que llamaba la atención. Eran dos polos opuestos sobre el mismo escenario, uno produciendo loops inmersivos con su Korg, sin mover un músculo cual autómata y al lado un tipo que no paraba de berrear sobre cristales de cobalto. Había caras que llevaban tatuadas un “no entiendo nada”, y no tenía precio. Fasenuova estaban creando su propia atmósfera sin apoyo de proyecciones ni pintas estrafalarias, bastaron cajas de ritmos oscuras y versos de Salsa de Cuervo que lo mismo eran recitados con gritos repentinos o a modo de spoken word. Un poco de ‘Cachito Turulo’ por aquí y algo de sintes que beben de ochentas oscuros por allá fueron suficientes para crear en las primeras filas bailes en trance que eran contagiados por el vocalista, que también bajó con el pueblo llano a compartir cobalto. En resumidas cuentas, una gran experiencia sonora que dejó muy buenas sensaciones a acérrimos y a amigos del rock ’n’ roll. Alguno se quedó frío, pero es entendible con la propuesta poco corriente de Fasenuova.

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