Peter Murphy volvía a Madrid justo dos años después de su última visita en la que coincidí con mi compañero Natxo Sobrado, que salió petermurphista después de que hiciera versiones de Bauhaus, Joy Division y David Bowie. No sé si hubiéramos coincidido del todo en la crónica de su concierto del pasado lunes, pero por lo que pasó en el escenario es mejor llevarse lo positivo del bolo.

La Sala Heineken colgó un sold out, todo vendido en tiempos de crisis aunque sea una sala más o menos pequeña no es mala respuesta a la recién salida de Ninth, un disco nuevo, el primero desde que en 2004 lanzara el frontam de Bauhaus el ya olvidado Unshattered.

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El público ya estaba entregado desde que el telonero, el desconocido por estos lares Michael Shapiro se bajara de las tablas, y eso que todo iba con retraso, algo muy habitual en este país. Por eso me esperaba que la velada iba a ser otra más para enmarcar en la memoria. Pero no fue así, y no por el artista que hizo todo lo posible para que su nueva cita con el público de la capital del estado fuera inolvidable.

Peter Murphy navegó contracorriente esta noche. No se encontró a gusto en ningún momento a causa de un inalámbrico que le dio problemas desde el primer tema, que fue uno de los ‘nuevos’: ‘Velocity Bird’, y con un sonido tanto afuera en la PA como en monitores deficiente. Fue un poema ver al cantante estar pendiente de todo: del que lanzaba los samples, del pipa gruñón y del técnico de luces; y este último en concreto parecía un bisoño alumno de prácticas.

De todos modos la primera hora no fue tan mal. Murphy sacó pecho, literal, se dejó querer por la primera fila e hizo su papel de penúltima estrella en activo del star system rockero internacional; me refiero a los veteranos porque con Bowie en dique seco solo se me ocurre que está a la altura Iggy Pop.

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En ese tiempo, aparte de temas nuevos con una vena rockera que últimamente echábamos en falta en Peter Murphy, caso de ‘Peace to Each’, ‘Memory Go’ y el single ‘Seasaw Saw’, encadenadas como en un rosario, rescató ‘Silent Hedges’ de Bauhaus ante la ovación de una sala entregadísima.

Y entonces llegó ‘Subway’, uno de los mejores temas de Cascade (Beggars Banquet, 1995), y ese baile del cisne que el cantante interpreta desde tiempos remotos, más tarde sonaría también ‘I Fall With Your Knife’, y tocamos casi el cielo; pero eso no fue lo único, se fue a Love Hysteria (Beggars Banquet, 1988) para coger ‘His Circle And Hers Meet’, e hizo buena ‘Go Away White’, el tema que daba titulo al último disco de Bauhaus.

Con su guitarrista, Mark Gemini Thwaite, faltó y se echó mucho de menos la segunda guitarra de John Andrews, hizo un ‘Hurt’ de Nine Inch Nails con un riff casi irreconocible y la sala se vino abajo. El concierto tomó otro cariz mientras me estaba emocionando con ‘In The Flat Field’, y no era para menos.

Resulta que antes Murphy se había tropezado con el cable del bajo de Jeff Schartoff, y en medio del tema le dió una patada al cable, el bajista empuja a Peter y le distorsiona el inalámbrico. No sé que le diría al final del tema pero tuvo que ser una gorda, porque ni corto ni perezoso el bajista se hizo el remolón y no les acompañó en una acojonante toma de ‘Raw Power’, de Stooges, permaneciendo estático delante de su ampli. La acción se puede ver en el segundo vídeo del post por gentileza de melodías de sombras.

El bajista se fue después del escenario sin saludar y dejó solos al trío completado por el batería Nick Lucero y se las tuvieron que arreglar para hacer ‘All Nigh Long’, ‘Cuts You Up’ y Strange Kind of Love, ésta a doble guitarra. Los tres terminaron con ‘All We Ever Wanted Was Everything’ y a Murphy se le veía molestísimo.

Peter Murphy tardó en volver con su banda, y allí estaba el bajista con cara de pocker y el público, al menos los de mi alrededor, pensando qué habrá pasado; “haced las paces”, decía una chica detras de mí. El bis fue raquítico comparado con lo que había previsto. Antes ya había eliminado ‘The Prince And Old Lady Shade’ y ‘Uneven and Brittle’, dos de los hits de Ninth.

‘The Passions of Lovers’, otra vez Bauhaus, y ‘Ziggy Stardust’ de Bowie, cerraron la actuación casi atropelladamente, sin la magia que sentimos en su primera parte. Menos mal, que Peter Murphy tuvo a bien volver a salir y tocar ‘Indigo Eyes’. Pero eso no fue lo que debería de haber sido aunque se quedara en el escenario firmando un montón de entradas como recompensa por habernos hurtado unos veinticinco minutos de show. En Barcelona, el martes parece que la magia volvió al escenario del Vampiro y allí sí que hizo ‘I Spit Roses’.

Sitio oficial | Peter Murphy

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Fotografía | Noemí de la Fuente en Flickr

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