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Pfarmers — Gunnera

Desde el inicio de los tiempos, el hombre ha intentado captar muchos sentimientos a través de innumerables expresiones artísticas. Uno de ellos, de los más fascinantes, es el terror. Esa cara de la abnegada madre de familia embutida en un traje de chaqueta y falda de tubo, preferentemente de color beige, que miraba aterrorizada cómo un monstruo ficticio se acercaba desde el horizonte, en una película situada en los albores de los efectos especiales. Ese gesto de ojos y boca muy abiertos, ese grito de auxilio lanzado al aire, sin que nadie piense hacer nada más allá que correr. Que la señora será muy honrada y muy maja, pero aquí el culo de cada uno que lo salve quien pueda. El terror, amigos, esa sensación tan desagradable como adictiva. Ese placer en el dolor, que nos lleva una y otra vez a gozarlo cosa fina mientras lo estamos pasando fatal.

Pfarmers: que no cunda el pánico con la “superbanda”

Ese mismo terror, llevado a nuestros días, se produce cuando escuchamos una palabra que da mucho, mucho miedo: “superbanda”. Ejemplos ha habido cientos durante los últimos años. Motivos para que gente de diversos grupos se mezclen y formen un proyecto paralelo, sobran. Ya los hemos explicado en otras ocasiones, no es cuestión de repetirnos. En este caso, no parece que Danny Seim (Menomena), Bryan Devendorf (The National) y Dave Nelson tuviesen necesidad de buscarse las habichuelas por caminos alternativos. Parece, más bien, que Pfarmers, que es como se han venido a bautizar este peculiar trío, nace de un deseo real de alejarse momentáneamente de sus rutinas previas. Aún así, el escalofrío interno al escuchar la palabra prohibida vuelve a recorrer nuestro interior. Pero claro, ni con esas huyes. Te quedas mirando fascinado el play, hasta que te decides a clickar.

Cesen las alarmas. Pfarmers, ha conseguido entregar en su debut, Gunnera (Jurassic Pop, 2015) un trabajo solvente, lleno de referencias al rock y la psicodelia de los ’90, y que difumina el sentimiento de pánico cuando nos exponíamos a un nuevo referente de “superbanda”. Y eso a pesar de los siete minutazos de arreglos de viento, sonido ambiental y búsqueda de una atmósfera que no acaba de entusiasmar en ‘Benthos’, el corte inicial. A posteriori la cosa mejora, y nos acercamos más al pop electrónico de toda la vida, con unas percusiones enormemente cuidadas. Esto, lo de las percusiones, estando Devendorf a cargo (para mí, lo mejor de The National es él) no nos pilla por sorpresa, y aprendemos a amar sin esfuerzo ese giro tomado en ‘You Shall Know the Spirit’.

Las similitudes reales yo las situaría muy lejos de The National o Menomena. Concretamente, escuchar ‘El Dorado’ y acordarse irremediablemente de Super Furry Animals es uno

Si hubiese que jugar a la ridiculez de si el niño se parece más a mamá o a papá, diríamos que Pfarmers tiene más de The National que de Menomena, aunque las similitudes reales yo las situaría muy lejos de ambos. Concretamente, escuchar ‘El Dorado’ y acordarse irremediablemente de Super Furry Animals es uno. Esa psicodelia doméstica, ese timbre de voz a lo Gruff Rhys, con delirante evolución. Un camino bastante transitado en Gunnera, que, es más, acaba incluso haciéndose cargante por momentos, con cierta tendencia monocorde y carente de sorpresa. ‘How to Build a Tube’ y ‘Promised Land’, sus dos últimos temas, acaban pareciéndome prescindibles.

5.9/10

Si a ello le sumas que el primero se trabaja de una intro más o menos curiosa, pero no especialmente destacable, nos encontramos con un núcleo central de Gunnera muy aprovechable, pero con un resultado global menos notable. Queda repetir la solvencia, insistir en que la escucha del debut de Pfarmers no os hará perder el tiempo, pero que tampoco os cambiará la vida ni despertará en vosotros ese irrefrenable deseo de reescucha. Es decir, disfrutaréis momentáneamente de varias de sus canciones, objetivo nada menor, pero pocos consideraréis que necesitáis un segundo disco. Si Pfarmers pretenden convertirse en un proyecto consolidado a medio y largo plazo, bien. Si no volvemos a saber gran cosa de ellos dentro de un tiempo, mentiríamos si dijésemos que los echaríamos de menos.

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