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Pharmakon — Abandon: la cara opuesta a la inocencia

Lo que en un primer contacto parece la portada de un disco que perfectamente podría pertenecer a un álbum de pop ensoñador, en el que delicadeza y melodía vocal son protagonistas, se acaba convirtiendo en la premonición de una experiencia casi catártica una vez nuestra mirada es capaz de asimilar que aquello que cubre las manos y entrepierna de la joven no son granos de cualquier cereal sino gusanos que, al parecer, nacen precisamente de la zona más íntima de la muchacha de melena rubia que, con aparente recato, parece ofrecernos lo que acaba de salir de sus entrañas.

Y es que en el caso del debut discográfico de Pharmakon de la mano de Sacred Bones, una de las discográficas más interesantes del momento, la portada no es más que el reflejo de una maldad que adquiere su fortaleza en el engaño al que nos someten las apariencias. Porque sí, como os contaba antes, lo normal sería, siguiendo lo sugerido por un primer contacto, encontrarnos con un sonido opuesto a lo que realmente el desprevenido oyente se encuentra una vez pulsa el play. Pero claro, Margaret Chardiet no ha venido a hacernos disfrutar sino a todo lo contrario. Y pobres de vosotros si habéis sido tan incautos como para no saber que, a partir de este punto, todo lo demás se encuadra dentro de lo inesperado.

Un puñetazo que desgarra tus vísceras

La propia Margaret describe a Abandon como una especie de exorcismo en el que generar incomodidad no es un fin sino un paso intermedio en un deambular cuyo objetivo es generar terror y, sobre todo, ofrecernos una de las moralejas más valiosas que obtendremos en nuestra vida y a la que cantaron Héroes del Silencio hace ya 20 años: la apariencia no es sincera.

Valiéndose de una propuesta en la que crudeza y realismo grotesco son los ejes articuladores, Margaret Chardiet grita hasta desgañitarse no con la intención de que ese demonio del que pretende exorcizarse abandone su cuerpo, sino dándonos a entender que ha sido capaz de domarlo y que se encuentra cómoda con él adentro, aprovechándose de su presencia para que lo opuesto a la inocencia, su inocencia, sea lo que tome el mando y nos abra los ojos y despierte nuestra mente.

Ya todo será diferente

Si mi compañero Víctor os contaba ayer que había tenido una ECM de la mano de Locrian, Abandon es un paso más allá y nos ofrece una ECI (experiencia cercana al infierno) sirviéndose para ello del Death Industrial y el Power Electronics como lenguajes de transmisión de un mensaje que encarna un sufrimiento, el aparente, el disimulado que esconde un engaño, de Margaret Chardiet, y uno real, muy real, el nuestro.

A pesar de esto Margaret Chardiet consigue que queramos regresar una y otra vez a un disco cuyo contenido provoca una reacción opuesta a lo que provoca su portada, superando una repulsión en una primera toma de contacto para después someternos de forma voluntaria, y hasta masoquista, a una tortura sonora que en su asimilación despliega más aciertos de los que aparentemente muestra y recurriendo a artificios que algunos ya conocemos, como las atmósferas a las que tanto recurre Scott Walker en su obra más reciente o las ejecutadas por Chelsea Wolfe (de la que parece tendremos nuevo disco en breve), la majestuosidad lóbrega de Diamanda Galas en los escasos momentos de descanso o el ruidismo casi drone que tan brillantemente desplegó Michael Gira el año pasado en el alabado The Seer.

Y sin embargo, la joven neoyorkina, sólo cuenta con 22 primaveras, logra que Abandon tenga un sonido bastante personal, desde el punto de vista de un no iniciado en la electrónica experimental, en el que hay espacio para sensaciones ‘enfrentadas’ como elegancia y desconcierto o caos y orden, haciéndonos recorrer en los 4 temas (5 si contamos el monumental bonus track) por los dos reversos de la moneda en los que se basa la propia esencia de la naturaleza humana.

8/10

Obviamente no es un disco para cualquier tipo de oído y lo normal es que la mayoría huya despavorida en cuanto Margaret comience a desgañitarse. Sin embargo, todos aquellos que se queden y acaben entendiendo en qué consiste este juego, es probable que acaben disfrutando del mismo a pesar de tratarse de un carrusel de sensaciones basadas en la personificación musical del sufrimiento y el caos. Eso sí, plasmado con una crudeza y realismo que epatan.

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