Poco más de un año ha tardado Margaret Chardiet en convertir al personaje en caricatura, en convertir a una de las propuestas más transgresoras e interesantes de la electrónica instrumental en un proyecto vacuo y vacío, en un dictado de las apariencias en el que al escarbar no se encuentran más que escombros.

Llamada la atención de medio mundo con un catálogo de falsas apariencias y medias verdades que a pesar de todo no traspasaba la barrera de lo escabroso, en su segundo lanzamiento la neoyorkina ha ido demasiado lejos en la apuesta del más y más grande, dando un pisotón al acelerador que ha acabado con Pharmakon despeñándose justo donde el año pasado transitaba con maestría y agilidad, describiendo trayectorias limpias ahí donde hoy desdibuja con trazo gordo.

Bestial Burden (Sacred Bones, 2014) mantiene las mismas directrices que el aclamado debut, pero mientras que en Abandon (Sacred Bones, 2013) las constantes estaban increíblemente bien administradas, en el segundo álbum del proyecto la ecuación acaba en conjunto vacío, en alardes que no llevan a nada y patochadas que revuelven mi hoy maltrecho estómago.

Bestial Burden no incomoda, directamente provoca nauseas

Metáfora del despropósito que es este álbum son las dos caras que refleja no encuadrando ninguna de ellas con el aparente hilo conductor que parece proponer Margaret Chardiet, convirtiendo lo que sobre el papel parecía un compendio interesante en un batiburrillo que ya no incomoda ni asusta, sino que directamente provoca nauseas.

‘Primitive Struggle’ es mucho más que la gota que colma el vaso (la diferencia entre portadas también es sonrojante), es la constatación de un sainete en el que todo aparenta una trascendencia que finalmente acaba en nada, en un desatino auditivo que roza el esperpento en el que parece instalado el inefable Lars Von Trier, otro vendedor de humo que lleva varios años retozando en la pornografía buscando el talento perdido.

Evidentemente Margaret Chardiet aún tiene muchos cenagales en los que chapotear antes de convertirse en el autor de Antichrist, pero si la senda escogida de cara al futuro sigue siendo la de la muestra escatológica de sus miserias en vez de la simulación contenida mostrada en un continente transgresor, muy poco futuro le auguro a un proyecto como Pharmakon, el castillo de napies no creo que se tenga mucho tiempo en pie.

En un tiempo como el actual en el que fantoches se inventan realidades y hablan de dominaciones que en realidad son patochadas, que un álbum tan insustancial como el presente esté recopilando tal número de alabanzas, aparte de ser sintomático, acaba convirtiendo al payaso en visionario, acaba dando la razón a aquel que elogiaba el traje del rey desnudo mientras el resto no puede sino mirarse desconcertado.

3.4/10

Bestial Burden no llega al mundo en cueros sino con las entrañas por fuera, como aviso para incautos, como envoltorio casposo para una caja que no encierra más que aire. Como continuación para una maravilla como Abandon se queda realmente corto, afeando de forma casi miserable los aciertos de éste, poniendo en cuestión si fueron fruto de la casualidad o de un talento hoy de vacaciones. Quizás sea pronto para hablar de estrépitos y fracasos viendo que esto es solo un segundo álbum, pero claro está que no sirve para sobrecoger, a este Bestial Burden solo se me ocurre utilizarlo para hacer un buen caldo.

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