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Pina — Hum: captando la supremacía de las máquinas


Siguiendo con el espectacular año electrónico que estamos viviendo, hemos disfrutado ya de varios trabajos en los que disfrutar de ambient cuidadoso, de amplias texturas que degustar poco a poco. Y dentro de uno de esos discos, hoy es justo y necesario hablar del barcelonés Pedro Pina, más conocido en el panorama electrónico como Pina. Con Hum (editado en Lapsus Records), su tercer disco bajo este proyecto, ha llegado a su obra más interesante, completa y repleta de matices en los que pararse a disfrutar.

Llega el equilibrio entre tanta experimentación

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Tras un pasado drum & bass como Sloan, el catalán ha ido evolucionando disco a disco, redefiniendo la arquitectura sonora de sus discos, eliminando algunas piedras de toque para suplantarlas por otras en su lugar. Después de un primer larga duración, B/N, industrial y con patrones glitch bastante pesados, llegó Onda Corta, un disco continuista en la pesadez de sonido, aunque no tan claustrofóbico como su predecesor. Después de sendos trabajos bastante homogéneos entre sí, este Hum representa un punto de inflexión.

A pesar de que ese punto de inflexión no es radicalmente opuesto a la propuesta de Pina, sí que representa conceptualmente su disco más ambicioso. Desaparecen esas secuencias de alto tonelaje y se deja el espacio libre para que fluya la piedra de toque que ha estado presente en sus dos anteriores discos: el ambient con reminiscencias industriales. Gracias a estos cambios, Hum supone el mejor lanzamiento bajo este proyecto, equilibrando esos recursos más oscuros con texturas más variadas, perfilando matices más ricos para la escucha y mayor juego con los ritmos.

Cuando normalmente hablamos de la electrónica experimental, en su faceta drone, o en ciertas capas de ambient, solemos tener la sensación de evocar viajes espaciales, parajes naturales… construyendo siempre nuestra propia realidad. Con Hum esta vez nos quedamos en el planeta, y más concretamente en la ciudad, gracias a esos paisajes urbanos nocturnos, tan bien esbozados con la sofisticación de esas capas de sonidos laminados que dan la sensación de frenetismo, de caos, de frío; de ciudad despojada del calor humano y gobernada por las máquinas. Pero que sean estas las ideas que despierta lo último de Pina no significa que no haya momentos para el baile en él. Aunque no esté enfocado a la pista de baile, sino a terrenos más sensoriales, en todo el disco hay beats bien marcados que es lo que suena en las fiestas anuales de Skynet.

Captando la parte deshumanizada de la ciudad

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Avanzar en la experimentación y no desembocar en terrenos ininteligibles siempre es un punto a favor, y en este sentido, el catalán logra conjugar de una forma muy calculada, ya en su primer corte, ‘Kokomo’, diferentes disciplinas como el ambient, destellos IDM y pequeñas explosiones glitch al final del corte. Es entonces cuando se evoca ese toque de sofisticación, de cómo la tecnología humana se ha ido de las manos en favor de los sonidos y secuencias cerebrales de tecnológicos artefactos. Desde el arranque del álbum hasta el final, Pina hace que nos quedemos pegados a los auriculares, ansiosos de descubrir qué pulsión techno será la que venga a continuación.

Durante las ocho canciones, las bases bien marcadas que golpean por un lado y otro, jugando con el sonido estéreo, son constantes; es uno de esos trabajos que degustar tranquilamente para disfrutar de los detalles que hay en el esqueleto de cada tema. Por ejemplo, en ‘Aalborg’ no sólo nos topamos con el característico ambient que flota por encima de los bombos que marcan la línea a seguir, en los fondos se aprecian los sonidos erráticos y las interferencias electrizantes del glitch. Todo forma parte de ese universo equilibrado que ha creado el del Prat de Llobregat con Hum.

Asimismo, no sólo podemos quedarnos en el corazón de la urbe donde todo es frenetismo y sometimiento a las máquinas, también podemos bajar al subsuelo, a escuchar cómo suena el bullicio tan humano del metro mediante ‘Taos’, donde no son pocas las capas de sonido inquietantes en constante ebullición, o mediante los potentes bajos de ‘Bondi’, que rezuma aires del Juan Atkins de Back To Basics. Y a pesar de que la columna vertebral de ambient y vestigios industriales sigue presente en todo Hum, es interesante ver la evolución del disco, que acaba con un aluvión de acid en ‘Zug’, que parece extraída de las máquinas de una cadena de montaje a pleno rendimiento, y en ‘Thalahssee’ que es el final cumbre con ese litros de acidorro que embadurnan una densa atmósfera de glitch y ambient. Ideal cierre con sonidos extremos.

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Así pues, con Hum tenemos un disco bien milimetrado, muy cerebral; su experimentación más ambiciosa y con mejor resultado. Llega a un equilibrio que le aleja lo suficiente de los patrones industriales como para acercarse al ambient, al glitch y a otros territorios (IDM o techno), sin que quede saturado; esa dosificación ha sido clave. Estas características convierten a Hum en uno de los más interesantes, completos y fascinantes álbumes de electrónica que escucharás este año en nuestro país.

7.6/10

Acostumbrados a tanto bullicio, caos y agobio de la civilización moderna, Pina ha captado, como si de una ecografía se tratase, aquello que no podemos ver; esa parte humana fría y esclava de las máquinas. Será interesante ver si sigue por estos derroteros de experimentación en su próximo trabajo. La gran ciudad es un buen lugar de inspiración para captar esos detalles que Hum describe.

Apéndice: Pina también ha querido sumarse a los homenajes a Anita Bottle por su discurso y ha construido su versión, disponible en el soundcloud del sello.

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