Pink Floyd — A Momentary Lapse of Reason (1987): decepción en la nueva era

Si tras la marcha de Syd Barrett la banda derivó su camino por otros senderos, la salida de Roger Waters de Pink Floyd tras la publicación de The Final Cut debería haber sido el final de la banda. O al menos eso se creía el bajista y colíder de la formación inglesa.

Pero no, mientras las dos facciones, Waters por su lado y David Gilmour y Nick Mason por otro, pleiteaban en los juzgados por el nombre del grupo, el guitarrista se metía en estudio para dar forma a su nuevo álbum en solitario, el tercer en su carrera, sin una idea muy clara de lo que quería conseguir.

Eso sucedía en el otoño de 1986 pero poco después, David Gilmour, que era de facto el líder de Pink Floyd, decidió convertir ese proyecto en el nuevo álbum de Pink Floyd. Para ello se reunió con Nick Mason y llamó al teclista Richard Wright como refuerzo pagándole un buen estipendio.

El pleito con Roger Waters duraría hasta poco después de la salida de A Momentary Lapse of Reason y lo ganaron sus ex compañeros, un álbum que ningún fan a muerte de Pink Floyd menciona en el top 5 de la banda, pero que, analizado con el paso de los años, sigue sin estar a la altura de su leyenda.

La crítica musical lo acribilló y Waters dijo de él que era “una bonita y pasable falsificación”. Lo cierto es que buena parte del contenido de AMLOR tiene el ambiente Pink Floyd, esos riffs, esos solos, esa densidad, pero hay demasiados sintetizadores, hasta cinco teclistas aparecen en los créditos, y ritmos programados. Y lo más importante, le faltan las letras del huido pero no todo podría ser perfecto a esas alturas.

A Momentary Lapse of Reason, podría haber sido perfectamente el tercer álbum en solitario de David Gilmour

Aunque también podría considerarse un álbum en solitario de David Gilmour, más aun si cabe que The Final Cut es un álbum en solitario de Roger Waters. Sin la alianza Waters-Gilmour el alma de Pink Floyd se había esfumado, al menos en esta grabación y muchos maldijeron el día en que decidieron publicarlo con este nombre.

Quien hubiera esperado clásicos como Animals o Wish You Were Here aquí no los iba a encontrar y si alguien los esperaba mal hecho. Baste mencionar ‘The Dogs of War’, un tema que empieza con unos sonidos como de película de terror y Gilmour enfatizando excesivamente la voz, como poseído, unos coros desafortunados y unos teclados que no parecen para nada pinkfloydianos. Es un WTF? en toda regla.

‘Learning to Fly’ que fue single es el único resquicio que nos queda para salvar la grabación que la banda hizo en parte en el Astoria, una barcaza que David Gilmour poseía a orillas del Támesis. Se trata de un corte bastante prog, con esa impronta tan familiarmente épica; de tanto escucharla habrá quien diga que es uno de los mejores temas del grupo aunque a mí me resulta aburrida.

Ahí no entran ‘On The Turning Away’, un hit de radiofórmula que no es más que un himno sobre la injusticia, en el que Gilmour se luce tanto vocalmente como instrumentalmente. Ahí tenemos alguno de los mejores solos de la carrera del guitarrista, y como decíamos antes el tema luciría muchísimo más en un disco en solitario que firmado como Pink Floyd.

Ni tampoco ese instrumental de salida, ‘Signs of Life’, que parece tener un riff que Gilmour había guardado de la época de Animals. Ni ‘One Slip’, de donde sale el título del álbum, segundo single escrito en colaboración con Phil Manzanera, el guitarrista de Roxy Music. Ni mucho menos ‘Yet Another Movie’ y ‘Round and Round’, que parecen retazos de una banda que lo fue todo y en ese momento no era casi nada.

4/10

Y no quería mojarme mucho con ‘Sorrow’, pero ya que estamos es una buena ocasión; muchos ponderan esos 9 minutos para mi tediosos y de puro lucimiento de David Gilmour. Menos mal que años después, casi siete, llegaría The Division Bell para despedirse como dios manda.

Especial Pink Floyd

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