Pink Floyd — Animals (1977): no tengas miedo a volar alto

¿Cuántos de los aquí presentes habéis soñado alguna vez con ser grandes estrellas de rock, viviendo de concierto en concierto, rodeados de todo tipo de lujos y con el dinero entrando a espuertas en vuestra cuenta corriente? Tranquilos, yo también he fantaseado con ello, pero pensándolo fríamente, creo que no debe ser una situación tan idílica y fácil de dominar como parece. La prueba de ello la tenemos en la gran cantidad de artistas que han conseguido llegar a ese punto y se han visto superados por las circunstancias, incapaces de gobernar su propio éxito. ¿Un buen ejemplo de ello? Pink Floyd.

En el momento de preparar Animals, la banda se encontraba en la misma cumbre de su carrera, tanto comercial como creativa, punto en el que seguirían hasta la llegada de The Wall. Durante los años 70 fueron capaces de alcanzar un estado en el que cada nuevo disco suyo era una obra maestra imperecedera, y que encima de todo se vendían como churros cuando salían a la venta (algo que hoy en día nos parece imposible, cuando arte y éxito comercial cada vez parecen alejarse más). Y sin embargo no les iba nada bien, pues caminaban cada vez más hacia su inevitable final.

¿Qué tiene entonces el éxito masivo, que tan goloso parece cuando lo ves desde fuera, y que luego es capaz de derribar hasta las torres más altas? Si tenéis que culpar a algo de ello, que sea al ego humano, ese elemento que lante dentro de todos nosotros y que puede llegar a convertirse en un monstruo. El monstruo que comenzó a devorar a Pink Floyd, siendo al mismo tiempo la principal razón de su gloria, fue el ego de Roger Waters. Richard Wright, que acabaría siendo el primer damnificado por la situación, lo explicaba así:

“Con Animals tuvimos que sudar tinta. No fue una grabación divertida, y es que por aquel entonces Roger comenzó realmente a pensar que era el único escritor de la banda. Se creyó que era el único responsable de que el grupo siguiera adelante.”

¿Hasta dónde te llevará la ambición?

Pasado Wish You Were Here, la banda finalizó un contrato con EMI que les concedía horas ilimitadas de estudio a cambio de una reducida parte de los beneficios de las ventas, así que ni cortos ni perezosos decidieron montarse su propio local de grabación. Para ello, adquirieron unos salones parroquiales en Islington, Londres, que fueron habilitados durante 1975 para la ocasión y que se estrenaron en 1976 con la grabación de Animals.

La banda venía de editar dos álbumes que fueron verdaderos colosos, pero la situación no sirvió para acobardar a Waters, que una vez más cogió las riendas creativas de la banda para permitirles seguir estando en lo más alto. Mucho hemos hablado del tiránico dominio que el bajista y ahora también vocalista central de la banda ejercía sobre sus compañeros, pero lo cierto es que sin su ambición y determinación probablemente ahora no estaríamos disfrutando de piezas tan insustituibles como la que nos ocupa.

Waters firma y se encarga de la voz principal en cuatro de las cinco pistas del álbum, que en realidad serían tres canciones ya que ‘Pigs on the Wing’ (YouTube) aparece dividida (la versión que he puesto en el artículo lleva unidas ambas por un corto solo de guitarra de Snowy White, y fue incluida en el cartucho de ocho pistas). Sólo Gilmour osa hacerle compañía en los creditos como coautor de ‘Dogs’, que por otro lado es la canción más larga del disco con sus 17 minutos, situación que provocó una pequeña disputa por el reparto de derechos entre el guitarrista y el bajista.

Éste es además el primer disco en el que Wright, quien por aquel entonces atravesaba algunos problemas matrimoniales, no figura como autor de ninguna canción, aunque eso no le resta valor a la gran aportación que hace desde los teclados. Gilmour también quedó un poco fuera en la parcela creativa debido al nacimiento de su primer hijo. El recelo del guitarrista respecto a la situación que pasaron se reflejaba en estas recientes palabras:

“La manía de Roger es dominar, pero estoy feliz de mantenerme en pie por mí mismo y defenderé mis méritos en diferentes composiciones, que es lo que hice en Animals. No me sentí ni remotamente fuera de ese álbum. El noventa por cierto de ‘Dogs’ es mío, y esa canción ocupa una cara completa, lo que es la mitad de Animals.”

Pink Floyd ante la situación política de la época

Roger Waters volvió a sacar a flote sus inquietudes políticas y sociales para la concepción de este álbum, enmarcado en una época de fuerte crisis para el Reino Unido, con un gran desempleo, numerosas huelgas y tensiones raciales. Como punto de partida se inspiró en la sátira de George Orwell titulada Rebelión en la granja, de donde rescata el papel de los cerdos (líderes moralistas y autoritarios, pero estúpidos a fin de cuentas), los perros (fieros y capaces de hacer cualquier cosa por conseguir sus objetivos) y las ovejas (seres conformistas y carentes de ambiciones, que se dejan dominar por cerdos y perros). La historia de Waters sigue caminos diferentes a la de Orwell, pero a fin de cuentas representa la misma crítica al capitalismo y al sistema establecido.

En consecuencia, el tono general del álbum es más bien oscuro y quizás un tanto deprimente. Las canciones, salpicadas muy de vez en cuando con efectos sonoros que nos recuerdan a los animales protagonistas, se adentran en progresiones intrincadas, solos algo perturbadores y efectos opresivos. Con intención de quitarle un poco de hierro al asunto y no hacerlo todo tan terrible, ‘Pigs on the Wing’ abre y cierra el álbum con mucha más sencillez, cantando de forma casi ingenua al amor, generando así un contraste que resulta estremecedor.

Animals no supone una evolución del sonido de Pink Floyd, sino más bien un asentamiento definitivo de su rock progresivo, una consolidación de lo que ya habían hecho magistral por medio de The Dark Side of the Moon, y que terminarían de rematar después en The Wall. Queda situado por tanto en el epicentro de la época dorada de la banda, con detalles que lo hacen único pero al mismo tiempo una pieza más de esta excepcional sucesión de discos.

Como a muchos de vosotros, a mí también me cuesta decidir entre los cuatro grandes discos de la banda, y aunque por razones muy personales siempre tendré al Dark Side… un peldaño por encima del resto, creo que cada uno de estos trabajos son precisamente tan especiales gracias a los otros tres que les acompañaron temporalmente. Animals es un disco grande por sí solo, pero es también parte de algo mayor, de un momento irrepetible en la historia de la música que seguirá brillando durante muchas generaciones.

“Have you heard the news? The dogs are dead! You better stay home and do as you’re told. Get out of the road if you want to grow old”

Animals, una portada que merece un libro

Me gustaría detenerme a hablar un poco también de la portada de Animals, pues se trata de una de mis favoritas, y representa al mismo tiempo uno de los elementos visuales más reconocidos de la banda británica. También ésta fue obra de Waters, quien no quedó convencido con las ideas aportadas por Hipgnosis, diseñadores que habían trabajado desde hacía ya muchos años con Pink Floyd.

El edificio que aparece en la carátula es la Battersea Power Station, que podréis ver si voláis hasta Londres aterrizando en el aeropuerto de Gatwick, pues el tren que luego lleva hasta la ciudad pasa muy cerca; recordad coger asiento en el lado derecho del vagón si estáis interesados en verla. El icónico cerdo que la sobrevuela fue encargado a la compañía alemana Ballon Fabrik, quienes junto al artista Jeffrey Shaw crearon este simpático globo de nueve metros conocido como Algie.

Aunque habían contratado a un tirador para interceptar al pobre cerdo si se escapaba, el mal tiempo que sacudía aquel 2 de diciembre al sur de Londres hizo que el globo de helio se perdiera en los cielos, aterrizando horas después en una granja de Kent, donde su dueño protestó furioso porque había asustado a las vacas. Tras recuperar a Algie esa misma noche, decidieron repetir la sesión, pero finalmente optaron por utilizar las fotos del edificio tomadas el primer día, y superponer al cerdo sobre ellas.

Más allá del componente artístico de la portada (merece la pena adquirir el vinilo para disfrutarla), el cerdo inflable se convirtió en una de las principales señas de identidad de Pink Floyd, y fue utilizado habitualmente a partir de esa gira como un elemento de la actuación, con réplicas más baratas que sobrevolaban al público para terminar explotando. Esa gira por cierto acabó como el rosario de la aurora entre ellos, pero ese tema ya lo trataremos más adelante.

“You’re nearly a good laugh, almost a joker. With your head down in the pig bin saying “Keep on digging”.

La tormenta se aproxima

Los buenos tiempos para el grupo ya empezaban a quedar atrás en este punto, y la armonía se iba rompiendo lentamente, al ritmo que el éxito global de la banda crecía exponencialmente. Animals no fue su lanzamiento más potente, alcanzando “sólo” el segundo puesto en las listas británicas y el tercero en las estadounidenses, y cosechando a largo plazo cuatro discos de platino. La problemática gira mundial llamda In The Flesh sí que tuvo una gran acogida, llenando en Estados Unidos estadios de hasta 95.000 personas.

10/10

Pero no fueron capaces de digerir su propio éxito y lo acabaron pagando caro no mucho después. Más allá de sus rencillas pasadas, aquí dejaron para la historia una nueva joya hecha de puro talento e inspiración, apostando por el mismo esquema de Wish You Were Here: cuatro canciones repartidas entre cinco pistas, siendo la última continuación de la primera, y sumando entre todas algo más de cuarenta minutos de música. No se trata de un disco bonito ni amable, pero tampoco pretende serlo. Animals es la representación de los peores vicios de la sociedad, los cuales tres décadas después siguen estando muy presentes entre nosotros. Pero ante todo, Animals es un álbum esencial.

Pink Floyd: Discografía

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