Pink Floyd — The Dark Side of the Moon (1973): bienvenidos a una nueva galaxia (2ª parte)

Pink Floyd - The Dark Side of The Moon (1973)

Como ya comenté en la primera parte del artículo dedicado a The Dark Side of the Moon, no estamos ante un álbum cualquiera. El octavo disco de Pink Floyd marcó un antes y un después en la historia del grupo británico, en el rock y en la música moderna en general.

Tras analizar en detalle el contexto que rodeó a la creación de este disco y las consecuencias de su lanzamiento, en esta segunda parte de la crítica me voy a centrar en la parte puramente musical del elepé, repasando en detalle sus canciones y el significado que hay tras ellas. Y es que ya sabéis que estamos ante un álbum conceptual que gira en torno al ser humano en toda su extensión, una idea tan ambiciosa que sólo unos genios podían abarcar sin que se les fuera de las manos.

Oficialmente diez canciones forman el conjunto, aunque en función de la versión este número puede variar, y las letras de todas ellas vienen firmadas por Roger Waters, quien se acredita también de forma exclusiva o compartida en la composición de hasta siete temas. Es también de reseñar la labor del mítico Alan Parsons en la labor de producción, quien aportó su excelente dominio de la técnica para multiplicar en varios enteros la calidad de unos temas que ya eran magistrales de por sí.

Speak to Me / Breathe: la vida

“I’ve always been mad, I know I’ve been mad, like the most of us are. It’s very hard to explain why you’re mad, even if you’re not mad.”

En la versión primigenia del álbum estos dos temas iban separados, pero con el paso al CD se unieron en una sola pista que actúa al mismo tiempo de introducción al disco y de primera canción del mismo. La primera pieza viene firmada por Nick Mason, y aunque se trata de una composición instrumental, incluye algunas voces grabadas que hablan de la locura, concepto que como ya sabemos será capital a lo largo del álbum.

La música parte de la nada, con diferentes efectos sonoros que se van sumando de forma caótica, y nos conducen casi de manera atropellada hasta la suavidad de ‘Breathe’, uno de los temas más accesibles del conjunto y cuya autoría se reparten Gilmour, Waters y Wright, aunque es el primero de ellos quien parece marcar de forma más intensa su impronta con una fabulosa línea de guitarra de toque blues. También es Gilmour quien encabeza las voces, con las que canta a la capacidad (quizás algo ilusoria) de elegir nuestro propio camino en la vida.

On the Run: el miedo

Después de la calma y sosiego que transmite el arranque del disco, es turno ahora de poner a prueba por primera vez la resistencia psíquica del oyente con uno de los temas más experimentales, que firman Waters y Gilmour. Una locura instrumental de más de tres minutos de duración dominada por el sintetizador EMS y multitud de efectos que hacen referencia clara al sonido de un avión, pues con ella se representa el miedo a volar de Richard Wright.

En las primeras versiones del disco que la banda tocó en directo durante 1972, el tema era en realidad una ligera improvisación de guitarra, pero para la versión definitiva se incluyeron los chirriantes efectos que intentan (y consiguen) transmitir una sensación de agobio y aceleración a un tempo muy rápido.

Time: la ansiedad

“Every year is getting shorter, never seem to find the time.”

Aunque si buscamos una prueba para la resistencia mental del oyente, ése es el estridente arranque de ‘Time’, donde un escandaloso coro de relojes se mete directamente en nuestra cabeza y nos golpea las neuronas como un martillo. Por suerte para nosotros esa agresividad producto de un experimento de Parsons se acaba pronto, dando paso a una canción absolutamente perfecta en todos los frentes, y que viene firmada por los cuatro integrandes de Pink Floyd.

El tema nos habla del inexorable paso del tiempo, de esa horrible sensación de aceleración que todos experimentamos tarde o temprano, por culpa de la cual los años se nos van haciendo más y más cortos conforme nos vamos haciendo mayores. ¿Alguna vez te has parado a pensar en lo rápido que pasan los días, las semanas, los meses? ¿En cómo la vida se te escapa entre los dedos sin que hagas nada por evitarlo? ‘Time’ es una invitación formal a vivir de verdad, a disfrutar de la vida y no limitarnos a dejarla pasar.

Es sin duda alguna una de las canciones más reconocibles de la banda, popular entre el gran público por razones más que justificadas. Como cierre del tema encontramos un reprise de ‘Breathe’, que nos devuelve a dicha canción durante unos pocos versos antes de pasar al siguiente corte.

The Great Gig in the Sky: la muerte

Como cierre de la primera cara del álbum encontramos este tema sin letra, pero liderado por el descomunal chorro de voz de Clare Torry, que haría aquí su aportación más importante a la historia de la música. La cantante británica puso también su grano de arena en la composición del tema, tal y como se reconoció tras una demanda legal que interpuso al grupo y a EMI por los derechos de la misma; a raíz de ello, figura como coautora junto a Richard Wright en todas las ediciones que han salido de fábrica desde 2005.

Con esta canción se pretendía representar la agonía y la muerte, y las indicaciones que se le dieron a Torry para grabar esta toma fueron que intentara imitar a un instrumento, después de haber hecho otros intentos con palabras que no cuajaron. El resultado final es sencillamente espectacular, con la voz y el grupo fundiéndose, alejándose y volviéndose a unir constantemente en un delicioso baile sonoro.

Money: la avaricia

“Grab that cash with both hands and make a stash.”

Pasamos el ecuador del álbum con la que es, junto a la segunda parte de ‘Another Brick in the Wall’ y ‘Wish You Were Here’, la canción más conocida y aireada de Pink Floyd. Los efectos de sonido vuelven a hacer acto de presencia, pero no de forma estruendosa y descontrolada, sino como un beat grabado con monedas, papel y cajas registradoras que se usa varias veces a lo largo del tema.

Éste se acredita en exclusiva a Waters, aunque el resto de la banda también tuvo algo de peso en la composición mediante sesiones de improvisación. Lo más destacado del mismo es sin duda su línea de bajo, la cual me atrevería a decir que es la mejor que he oído nunca aún a pesar de su relativa sencillez, pero sería injusto no destacar también como se merece ese arranque de saxo grabado por Dick Parry, y el gran solo de Gilmour.

La avaricia de la sociedad contemporánea, el afán constante por ganar dinero y los desastres humanos derivados del consumismo son los temas capitales de esta composición, algo que no deja de ser irónico si tenemos en cuenta que se trata de uno de los singles más exitosos editados por la banda. Es además una de sus canciones de la que más versiones encontramos por multitud de grupos.

Us and Them: la soledad

“And after all we’re only ordinary men.”

Nosotros y ellos, yo y tú, negro y azul, arriba y abajo, con y sin… la letra de esta canción es una dicotomía constante, simple pero efectiva, en la que se pone de manifiesto la dificultad de mantener relaciones para ciertas personas y el aislamiento que eso produce. A pesar de ser la canción más larga del disco, con casi ocho minutos de duración, fue elegida junto a ‘Time’ como segundo single del mismo.

Presenta un estupendo acercamiento de la banda al jazz, gracias a sus dos solos de saxo y al protagonismo del teclado de Wright, compositor junto a Waters del tema. Destaca también por su atípico contraste entre la voz principal y los coros, que llegan a sonar con más fuerza; a pesar de ello se trata de uno de los momentos más relajados y suaves del álbum.

Any Colour You Like: la libertad

Nuevo tema instrumental, y de fuerte calado experimental, con constantes juegos de efectos a cargo del sintetizador y estrambóticas alteraciones de la guitarras. Meten mano en su creación todos los miembros de la banda menos Waters, por lo que es junto a ‘The Great Gig in the Sky’ el único tema del álbum en el que no colabora el bajista, algo que no volvería a suceder hasta que dejara Pink Floyd.

Aunque no tenga letra, David Gilmour ha explicado alguna vez que la canción nos habla sobre la falsa sensación de libertad en la que muchas veces nos encontramos, cuando se nos presentan multitud de opciones a pesar de que sólo tenemos una elección real después de todo. Ciertas partes están extraídas de ‘Breathe’, y por eso a veces se considera como un segundo reprise de dicho tema.

Brain Damage: la locura

“I’ll see you on the dark side of the moon.”

La locura, tema recurrente aunque en ocasiones velado a lo largo del disco, se hace aquí totalmente protagonista y encontramos las referencias más evidentes al malogrado Syd Barrett. Nunca antes la banda había tributado de forma tan evidente a su antiguo líder, y en cierto sentido se trata de un adelanto de lo que harían años más tarde con The Wall.

Composición exclusiva de Waters, también él se encargó de cantarla animado por Gilmour, algo que pasaría a ser bastante habitual a partir de aquí. El título del disco se extrajo de la letra de esta canción, la cual de hecho se titulaba ‘The Dark Side of the Moon’ en las fases tempranas de su concepción, allá por 1971.

Eclipse: la humanidad

“But the sun is eclipsed by the moon.”

Aunque separado de ‘Brain Damage’, el corte final del álbum se percibe claramente como una extensión de dicho tema, y en cierto sentido también como una extensión de todo el disco. Todos los sufrimientos, alegrías, derrotas y esperanzas que han surcado las distintas canciones del álbum quedan englobados en este emocinante cierre donde las voces se imponen a los instrumentos. Al final, el círculo se cierra igual que empezó, con un latido de corazón.

Con ello se pone el broche perfecto a un álbum del que poco más puedo decir que no haya dicho ya. ¿Conseguirá otro disco superar a The Dark Side of the Moon algún día? Sinceramente no lo creo, y desde luego tengo claro que la marca dejada en la historia de la música moderna por este trabajo es sencillamente inigualable. Le daré un diez porque ponerle más sería ridículo, pero os aseguro que lo merecería.

10/10

Pink Floyd: Discografía

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