Pink Floyd — The Final Cut (1983): y el muro se vino abajo

A estas alturas de su carrera Pink Floyd ya habían muerto de éxito y de egos, y The Wall fue lo que el propio título del disco significa, una pared, un muro del que después la banda no se recuperaría y, es más, comenzaría una agonía lenta que acabaría poco después de la marcha de Roger Waters.

En 1983 recibimos The Final Cut y Pink Floyd nos regaló otro disco conceptual, una supuesta ópera rock que jamás llegarían a interpretar en vivo y que muchos etiquetaron de disco inferior, aunque con la perspectiva de los años a mí me parece el último coletazo de un Roger Waters que mentalmente ya había emprendido su camino en solitario hacia tiempo.

Como The Wall este álbum es un alegato antibelicista que Roger Waters escribió inspirado en la Guerra de las Malvinas y en contra de Margaret Thatcher, que metió a su país en un conflicto que se podría haber evitado y que traicionaba los fundamentos que Inglaterra había argüido para entrar en la II Guerra Mundial.

El protagonista de la historia es un veterano de la segunda gran guerra, acaso un referente de su padre fallecido en aquella contienda, es un profesor amargado que maltrata psicológicamente a sus alumnos. Es decir, un docente similar al de The Wall que ahora entrar en la espiral del alcoholismo para hacer frente a su miserable vida.

The Final Cut, el último coletazo de un Roger Waters que mentalmente ya había abandonado la nave

En The Final Cut, en el que participa la National Philarmonic Orchestra, Pink Floyd además de ya no contar en sus filas con Rick Wright, que hay que recordar fue un músico a sueldo en la gira de The Wall y el único que ganó dinero pues ésta fue ruinosa, lse lo pensó mucho a la hora de registrarlo: hasta ocho estudios de grabación y un sinfín de músicos de estudio que suman pero no hacen más bello el sonido.

McCarthy, Margaret Thatcher, Ronald Reagan, Nixon, Leopoldo Galtieri o Brehznev son algunos de los personajes que desfilan por las canciones de un disco que propiamente es conceptual hasta ‘Get Your Filthy Hands Off My Desert’, a partir del cual, la guerra sigue siendo el tema principal.

Si el disco es ya de por sí bastante oscuro y depresivo, el pasado queda lejísimos: no hay esas atmósferas pinkfloydianas ni los teclados fastuosos de Wright, y si me apuran, los solos de David Gilmour parecen casi obligados, aunque es David Gilmour, no nos olvidemos. No es extraño que a The Final Cut haya quien lo haya etiquetado como un álbum en solitario de Roger Waters.

5/10

A nivel compositivo y teniendo en cuenta lo que había detrás, sobre todo The Wall, The Final Cut es mediocre. Destacaría de todos sus temas ‘The Fletcher Memorial Home’ con los músicos de la orquesta a pleno rendimiento y un solo interesante de Gilmour; ‘You Possible Pasts’, quizás la mejor melodía del álbum y ‘Not Now John’, que no deja de ser un recuerdo de ‘Young Lust’ y del gran sonido Pink Floyd. Lo que vendría después serían apenas migajas.

Especial Pink Floyd