PJ Harvey — To Bring You My Love: y el punk se ahogó bajo el agua

Hay discos que buscamos; otros, nos encuentran. En un momento dado, algo pasa y todo hace clic. Tiene que ver con la vida y con ese concepto tan chulo y a la vez hortera que es la conexión sentimental. Sucede, además, que esos discos suelen acabar por ser los discos de nuestra vida. Marcan temporadas, malas rachas, ciudades y personas. Es curioso esto último porque la relación que se establece suele ser indisoluble y maldita sea, esto jode. Jode mucho y muy fuerte porque a veces, un disco se nos une a una persona de la que no queremos saber demasiado. La cosa no es grave cuando esta relación disco — persona se establece entre yo qué sé, lo último de Aerosmith y alguien cuya importancia en la vida de uno ha sido la misma que la que tiene Rajoy en la UE, es decir, -100. Pero ¿y si esta se establece entre tu disco favorito de alguien como PJ Harvey y alguien con importancia nivel Merkel? Pues nada más y nada menos que te jodes y bailas (Novedades Carminha dixit). Esto es precisamente lo que me ha pasado a mí con To Bring You My Love.

Adiós Ellis y Vaughn. Hola Parish, Flood y Mick Harvey

Pero vayamos a por los datos técnicos primero. Corría el año 1995 y PJ Harvey ya era algo más que un nombre en la escena musical británica de los 90. Dry y Rid of Me no habían pasado precisamente desapercibidos. Sin embargo, para una mente inquieta como la de Polly Jean, la fórmula de guitarras post-punk, ritmos secos y letras cargadas de ironía no era suficiente. Una vez deshecho el trío formado con Robert Ellis y Steve Vaughn, lo cierto es que hacía falta algo más. Por ejemplo, un escenario lleno de máscaras y capas de sonido. Por ejemplo, por qué no, un buen monte de cemento para construir la apisonadora de sonido que sería To Bring You My Love. Y los que vendrían. Porque si hay algo importante en este tercer trabajo — cuarto, si contamos las 4 -Track Demos de Rid Of Me — es el inicio de la larga relación profesional entre PJ Harvey y John Parish, Mick Harvey y Flood. Especialmente éste último, cuando hablamos del característico sonido de To Bring You My Love, no en vano estamos hablado del productor de cosas como el The Downward Spiral de NIN, habitual de Nick Cave & The Bad Seeds y de Depeche Mode. Además, To Bring You My Love supondría la toma de contacto de PJ Harvey con su peculiar universo teatral.

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I was born in the desert

Precisamente es este cambio de actitud es el que se palpa desde el primer y abrasivo riff de ‘To bring you my love’. La PJ que escupía directamente a la cara de las relaciones sentimentales, ahora regurgita hacia sus propias heridas. El punk por el blues, la rabia por la pérdida, el espíritu grunge por la voz de Captain Beefhart (ese I was born in the desert prestado de su ‘Sure’Nuff ’n’ Yes I do’). Sin embargo, y pese a que el tema que abre el disco sirva en cierto modo de trailer, no asistimos a una transformación radical. Se trata de una mutación progresiva que parte desde la agresividad manifiesta del primer encuentro sexual con el amante (esa barbaridad que es ‘Meet Ze Monsta’) para seguir después desgranando los dobles sentidos que se desprenden de una relación basada abiertamente en los instintos más primitivos en ‘Working For The Man’ y, sobre todo, en ‘C’mon Billy’. Se trata de uno de los temas que mejor resumen a la PJ Harvey de los 90: guitarra contundente con un toque de americana a cargo de Parish y voz desafiante que araña los versos uno por uno.

La espiritualidad, el country gospel y ‘Down By The Water’.

Se habla mucho de la espiritualidad de Cave, Cohen o David Eugene Edwards, pero poco de la que PJ Harvey usó en To Bring You My Love, quizá el tema que más une todas estas influencias. Se trata de una idea estética más que PJ utiliza como leit motiv, la pérdida del amante se vuelve una plegaria que ella dramatiza a su gusto. Así, en ‘Long snake moan’ el rezo se torna en ideación homicida (Hear my dreaming / You’ll be drowning) con una base rítmica a cadencia de puñalada. La misma ideación, solo que esta vez en forma de parricidio es lo que encontramos en ‘Down by the water’ y su repetitiva referencia a la canción tradicional americana que popularizó Lead Belly, ‘Salty Dog’: little fish, big fish swimming in the water / come back here, man, gimme my daughter. ‘I think I’m a mother’ sirve como parón y resumen antes del último acto, la penúltima de las plegarias al amor perdido, en forma de acústica y cuerdas: ‘Send his love to me’ suena a puño en el estómago, a Santiago de Compostela y a frío de enero. Aunque en el caso de PJ, probablemente suene a su casa en Yeovil, el retiro en el que a partir de, precisamente este To Bring You My Love, gestaría sus discos.

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Ningún teatro acaba por cuadrar los círculos

9.5/10

Ni si quiera ese oportuno órgano, ni si quiera los gritos desesperados de la mujer a la que han dejado y ha terminado por ahogar a su hija, ni si quiera la ironía de los primeros encuentros. ‘The Dancer’, ese maravilloso epílogo que bebe en su estructura de canción folk americana da cuenta de todo eso desde el avance que supuso para la PJ Harvey de 1995 el uso de numerosos instrumentos más allá de la guitarra. Lo cierto es que hay tantos motivos para ensalzar a To Bring You My Love como el punto desde el que parte la PJ Harvey que se toma a sí misma en serio, que es difícil explicar por qué, además de todo eso, To Bring You My Love es uno de sus mejores discos. Supongo que tiene que ver con que eso tan hortera que conocemos como la conexión emocional. Supongo que tiene que ver con una producción impoluta, unas letras sobrecogedoras y ese balanceo entre el punk y blues. Supongo que en realidad, PJ Harvey había nacido para comerse un escenario con ‘Meet Ze Monsta’. Supongo que este disco habla de mi 2012. Supongo — sé, maldita sea — que hay teatros en los que es mejor no actuar.

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