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Plini — The End Of Everything

La del djent es una historia curiosa. A comienzos del nuevo siglo, cientos de bandas nacidas bajo el amparo de Meshuggah afilan sus riffs, desaflojan afinaciones y, en apenas cinco meses, varios foros de guitarristas flirtean con la aritmética idea de tempos sincopados, estructuras imposibles y paradiddles rompecrismas mediante reducidísimos kits de batería. Gente joven desacomplejada y con pocos medios, permeables al meme y devoradores de cultura procesada. Las guitarras pasan de siete a ocho cuerdas, a alguien se le ocurren arritmias con dobles tonos sobre estrofas de doce compases — nada nuevo bajo el sol, ¿qué es sino el ragtime? — y se origina un sustrato radicalmente más elitista, destilación en parte del nu metal noventero — desde Fear Factory hasta Korn — , con un hito de transcendencia en el horizonte: Lateralus.

La canción de Tool, con la sucesión de Fibonacci bajo cada verso, trae las matemáticas de Bachiller al compositor medio. Metal gafapasta para todos los públicos. Pasan los años y en 2009 debuta Periphery con su álbum homónimo. La banda, liderada por Misha Mansoor, uno de esos jóvenes magos que sacan petróleo a cacharros de apenas 200€, da forma a sus cientos de maquetas y abandera un movimiento mutado antes de nacer, una granada baraja de corrientes estilísticas: math, techcore, post-groove, mezclas entre metal, IDM y serialismo, la hegemonía de Fractal Axe-FX y, en fin, todo ese sustrato confluyendo en un puñado de grupos que se pueden contar con los dedos de la mano pero que son, sin ápice de duda, presente y futuro del metal.

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En esta guisa, el australiano Plini comenzó su andadura en el 2010 con la banda Halycon, compuesta por él mismo grabando y produciendo todo y la inestimable ayuda de ‘Allen’ a los teclados. Primero el EP ‘Pastures’ (2011, autoproducido) y después un par de piezas que quedaron en un cajón al amparo del autor. Desde entonces ha contribuido en proyectos de collègues como Sithu Ayte o Miroist y ha parido un puñado de singles recopilados a lo largo de su trilogía — primero Other Things (2013) y posteriormente Sweet Nothing (2014) y The End Of Everything (2014) — . Plini, junto al serbio David Maxim Micic o al polaco Jakub Zytecki, quien lanzará en unos días con su primer LP ‘Wishful Lotus Proof’, conforman una suerte de faro multicultural donde se reflejan decenas de creativos nuevos… y donde algunos viejos se sacuden las escamas de pura perplejidad.

Plini se acerca al djent de manera tangencial, por mera aproximación formulativa; en realidad su trabajo bebe de fuentes bastante más antiguas

La música de este The End Of Everything se mantiene dentro del canon particular: pianos cinematográficos de la mano del inglés Luke Martin, arpegios elocuentes y una afiliación eléctrica hacia el blues. Igual puede recordarnos a Portico Quartet que a Joe Satriani. Con una producción exquisita, ‘The End Of Everything’ irrumpe abrazada al sinfonismo mediante una paleta de colores desbordante de armonías abiertas. Los virtuosos Marco Minnemann y Simon Grove se encargan de la sección rítmica y, esta vez sí, el cómputo general suena con más empaque, más homogéneo respecto a anteriores grabaciones. Ambos han aportado las secciones desde sus propios estudios caseros y se nota el mimo depositado sobre cada nota.

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‘Wombat Astronaut (Beyond The Burrow)’ es un colorido artefacto de cuatro minutos que fluye bajo un groove eminentemente fusionero, próximo al jazz rock; y Paper Moon vuelve al viaje de riffs medidos milimétricamente y armonías quintadas. Si cabe, se aprecia una experimentación más agresiva por parte de Plini, un afán por forzar los límites hasta desembocar en las orillas de un hard rock progresivo típico de otros tiempos. Recurriendo a walls of sound, reverbs convolutivas u otras técnicas de procesamiento digital del sonido, las melodías de este “final del todo” son la muestra definitiva de un genio agitado, un músico completo preocupado por construir un discurso sólido y no escupir chorros de ideas mal hilvanadas. De alguna forma, este tríptico de EP’s locos encajan como piezas en un CD imaginario. Tal vez en un futuro.

Esculpir el tiempo

7.7/10

Grandes músicos como Steven Stevens, recordado principalmente por su contribución guitarrística en el álbum de Michael Jackson ‘Bad’ (1987, Epic), o Nuno Bettencourt, por una balada idiota de la que no ha logrado desprenderse, se entregaron al mainstream para sobrevivir mientras saciaban sus coqueteos intelectuales. Temo que Plini quede en un eterno segundo plano, suspendido en el agujero del nicho existencialista, al amparo de proyectos como aquel ‘Uncle Moe’s Space Ranch’, ‘Vital Information’ o ‘Dixie Dregs’. Su originalidad condena de alguna forma este proyecto — tampoco es que deba mendigar una nota a pie de página — , lo acota en perjuicio de su popularidad. Pero este músico pone el corazón sobre cada matiz, es un intérprete aséptico y un compositor delicado. Plini se lanza cada cuanto al abismo del descubrimiento, y es pertinaz que ese riesgo en algún momento de sus frutos. Mientras tanto, voy a seguir escuchándolo.

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